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miércoles, 27 de abril de 2011

Condenado por asesinato de Orlando Martínez muere

Joaquín Antonio Pou Castro, en el tribunal, el día de su sentencia

Orlando Martínez, su cadáver y la tarja conmemorativa en el lugar de su asesinato.

Muere general retirado Pou Castro
Santo Domingo.-Falleció cerca de este medio día  en el hospital central de las Fuerzas Armadas Joaquín Antonio Pou Castro, el recluso oficial del Ejército Nacional condenado por el asesinato del periodista Orlando Martínez, ocurrido en 1975. La Suprema Corte de Justicia elevó su condena a 30 años de prisión. Pou Castro había hecho varios intentos ante la Justicia para conseguir cumplir su sentencia en su residencia, pero los tribunales se lo negaron.

Se recuerda que en el 2007, la Suprema Corte de Justicia (SCJ) aumentó de 20 a 30 años de prisión la condena impuesta al general, tras el recurso de casación que interpuso la familia del periodista asesinado.

Hasta el momento de su muerte Pou Castro cumplía condena en la cárcel de San Pedro de Macorís, desde donde fue trasladado al Hospital General de las Fuerzas Armadas, en Santo Domingo, lugar donde expiró.
http://elnacional.com.do/nacional/2011/4/27/81663/Muere-general-retirado-Pou-Castro

ESTE FUE EL ARTÍCULO QUE LE COSTÓ LA VIDA A ORLANDO MARTÍNEZ

¿POR QUÉ NO DR. BALAGUER?
Señor Presidente de la República, ya que usted impide que un artista del prestigio y la calidad moral de Silvano Lora viva en su Patria, ya que dejar en el extranjero a dominicanos le produce placer o ganancias politiqueras, me voy a permitir hacerles algunas recomendaciones. Espero que sobre todo medite la última.

Como Usted ha dicho que en este gobierno, y parece ser cierto, la corrupción solo se detiene en la puerta de su oficina, ¿Por qué no saca de la República Dominicana a todos esos corruptos? Como aquí existe una galopante inflación de delincuentes sin uniformar y, según usted, también uniformados, ¿por qué no les ordena a los calieses del régimen que los apresen y los metan en un avión? ¿Por qué no les dice a los genízaros que prestan servicio en el aeropuerto que apresen no a los que traen cigarrillos de marihuana, sino a los pejes gordos del tráfico de drogas? ¿Por qué no manda al exilio a los que reciben comisiones para negociar contratos que entregan nuestras riquezas a las compañías multinacionales? ¿Por qué no instala en un barco a los latifundistas, a los que están negados a que este país salga del subdesarrollo y de la situación de miseria colectiva que lo acompaña? ¿Por qué no entra en ese mismo barco a quienes en la ciudad son el soporte ideológico de esos terratenientes? Y también a quienes son el sostén armado, los que dan palos, apresan y torturan campesinos que luchan por sus derechos.

Como Usted es enllave de los norteamericanos, ¿porqué no le solicita un portaaviones para enviar al lugar que fuese a los numerosos calieses que viven del trabajo del pueblo? En caso de que su amistad con los Estados Unidos sea más estrecha de lo que sospechamos, ¿Por qué no le pide al Pentágono un cohete último modelo con el objetivo científico de crear una colonia de calieses en la luna? ¿Por qué no desaparece de la vista de los dominicanos honrados, que son la mayoría, a todos los vagos que en este gobierno cobran sin trabajar? ¿Por qué, tómelo en cuenta, no deposita en un cómodo asiento de primera a los funcionarios irresponsables que se las dan de Fouché contemporáneos y a la hora de la responsabilidad no dan la cara? Y mi recomendación final: Si es inevitable que esta situación continúe, si es imposible evitar actos indignantes y miserables como el que presencié el domingo en el aeropuerto, ¿por qué, doctor Balaguer, no se decide Usted a subirse en el avión o el barco y desaparece definitivamente de este país junto a todos los anteriormente mencionados?
Orlando Martínez Howley
Nota: 21 días despúes de ser publicado este artículo en la columna Microscopio, su autor, Orlando Martínez, fue asesinado

 Testimonio de Narciso Isa Conde sobre el asesinato de Orlando Martínez                                                       

Orlando Martínez Howley, brillante periodista y militante revolucionario ejemplar fue asesinado el 17 de marzo de 1975, aproximadamente a las 7:00pm.

Se trató de un crimen político con características de asesinato de Estado, planeado y ejecutado (en un periodo de ejercicio de terror político), desde las altas esferas policiales-militares del régimen balaguerista de los doce años 1966-1978.

El grupo del poder que lo asesinó fue denunciado a tiempo y un persistente esfuerzo de acusación logró mantener abierto el proceso de sanción judicial, pero solo en el año 1997 pudo ponerse en marcha el expediente y apresarse a una parte de sus asesinos.

La impunidad total prevaleció durante 22 años. La acción judicial en los años posteriores ha sido lenta, parcial y tortuosa; limitada a los autores directos, materiales, del crimen.
Los autores intelectuales siguen fuera del expediente, a pesar del constante reclamo popular para que se les encause.

Ahora el proceso está en otra Corte de Apelación, la de San Pedro e Macorís, después que la Suprema Corte de Justicia anulara la sentencia amañada de la Corte de Apelación de Santo Domingo, a través de la cual se  intentó reducirle la condena de 30 años de prisión dictada en primera instancia.

El próximo 11 de abril otra vez se debatirá el fondo de la acusación y me toca de nuevo comparecer como testigo. He aquí la síntesis de lo que he venido exponiendo a todo lo largo de este prolongado, pero trascendente proceso.

Un Asesinato de Estado

Todos ustedes saben de mis vínculos de camaradería, hermandad y amistad con Orlando Martínez Howley. Las grandes afinidades morales, político-teóricas y humanas que nos unieron para siempre, desde nuestra militancia común en el movimiento estudiantil de izquierda “Fragua” y en el seno del Partido Comunista Dominicano, son muy conocidas.

Orlando fue un estudiante, un militante revolucionario, un ser humano y un comunicador social, verdaderamente ejemplar. De un gran talento e inmensa bondad.

Su militancia revolucionaria, sus valiosos escritos y su ejercicio periodístico, los dedicó a enfrentar -con un despliegue de valor admirable- la represión, las torturas, las injusticias sociales, el saqueo de las corporaciones extranjeras, la perversidad política, el entreguismo al poder imperialista de los EEUU, el terrorismo de Estado aquí y mas allá de nuestras fronteras; defendiendo siempre a los (as) explotados (as), desposeídos (as), excluidos (as), reprimidos (as) y discriminados.

Sus enemigos eran, en consecuencia fácilmente inidentificables, y quienes dentro de ellos se propusieron matarlo, tampoco resultaron difíciles de detectar: estaban ubicados en la cúpula del poder militar, policial y político, en estrecha relación con los sectores, poderosos, con las corporaciones transnacionales y con los enclaves de inteligencia y asesoría militar de los EEUU (Estación Dominicana de la CIA, Cuerpo de Asesores Militares-MAAG, Embajada de los EEUU en el país).

Se trataba de los mismos que dirigieron la maquinaria de terror en los días de la post-guerra de abril y durante los doce años del régimen de Balaguer.

Orlando lo sindicó como los “generales de horca y cuchillo”, refiriéndose sobre todo al grupo que encabezaba el entonces general Enrique Pérez y Pérez junto a los generales Salvador Lluberes Montás, Ramón Emilio Jiménez hijo y otros jerarcas militares; todos vinculados a la CIA, al MAAG y a los grupos terroristas de la mafia cubano-americana de Miami; todos cavernariamente anticomunistas.

A ese grupo pertenecieron también el Coronel Ernesto Cruz Brea, encargado de inteligencia, el mayor Pou Castro, jefe de operaciones de grupos de acción y el coronel Isidoro Martínez (conocido cómo “La Caja”) ya fallecido.

Utilizaban para sus fechorías a otros miembros activos de la Policía Nacional, el Ejército, la Marina, la Fuerza Aérea y sus órganos de seguridad, como también a miembros civiles de las tristemente célebre Banda Reeleccionista y Anticomunista (organismo para-militar).

A Cruz Brea, en su columna Microscopio, el propio Orlando Martínez se refirió como el oficial encargado de coleccionar sus escritos y de darle seguimiento para estimular el crimen. Incluso señaló que si algo le pasara, si era asesinado, solicitaba que ese coronel fuera investigado; siempre estableciendo los vínculos de este señor con el grupo de Pérez y Pérez.

Y justamente la primera amenaza escrita recibida por Orlando, fue a raíz de su valiente denuncia sobre las circunstancias rodeaban al asesinato del periodista Gregorio García Castro y el proceso de investigación del mismo.

Ese crimen precisamente se produjo en 1973 siendo Cruz Brea Jefe de la Policía Nacional y lo ejecutaron agentes del Servicio Secreto a su servicio.

Gregorio García Castro tenía vínculos de amistad con el general Neit Nivar Seijas, quien encabezaba un grupo muy corrupto, pero enfrentado el grupo de Pérez y Pérez.

A raíz de ese hecho, Orlando denunció con todos sus detalles el encontronazo entre Nivar Seijas y Cruz Brea en el Palacio Nacional y dio pistas sobre sus verdugos, lo que determinó la referida amenaza de muerte en su contra; la cual como es lógico movió diversos reacciones de solidaridad y protección, y detuvo temporal a los sicarios de Pérez y Pérez y Cruz Brea.

La intención de todas maneras se mantuvo viva y fue más tarde, a raíz de aquel artículo titulado “¿Por qué no doctor Balaguer?”, publicado en El Nacional de Ahora el 25 de febrero de 1975, cuando se reactivó persistentemente el operativo para matarlo.

En ese artículo, lleno de indignación por el atropello de que había sido víctima el gran pintor revolucionario Silvano Lora en ocasión de su deportación en el Aeropuerto las Américas, Orlando exhortó a Balaguer a subirse en un avión y largarse del país, junto todos sus funcionarios corruptos, calieses y asesinos.

El mismo fue usado de inmediato como punto de partida para el nuevo operativo criminal. El coronel Cruz Brea, además de distribuirlo entre los “generales de horca y cuchillo”, se lo llevó personalmente a Balaguer planteándole que ya eso “no se podía permitir”. Y Balaguer no lo detuvo, lo que se tradujo en luz verde para el atentado. (Esta información nos la suministró el señor Ortega Oller, cuñado del general Ramón Emilio Jiménez hijo.)

La reunión del Estado mayor con esos fines no tardó en producirse: el 8 de marzo de 1975 se encontraron en la Secretaria de las Fuerzas Armadas los generales Jiménez, Pérez y Pérez, Lluberes Montás y Logroño Contín (fallecido), el primero Secretario de Estado de las Fuerzas Armadas y los otros jefes de Estado Mayor del Ejército, la Fuerza Aérea y la Marina de Guerra respectivamente.

El encargado de dar las instrucciones a Pou Castro para que montara el equipo criminal, junto al coronel Isidoro Martínez de la FAD, fue el general Lluberes Montás. Así lo ha confesado Pou Castro en los interrogatorios publicados.

En vista de la necesidad de reforzar el operativo y específicamente de incorporar a ese staff a Mariano Cabrera Durán, experto tirador, se le solicitó al general Jiménez hijo que instruyera al jefe del J2 de las FFAA, coronel Abreu Rodríguez, para esa selección, dado que este sicario estaba asignado a ese organismo. Esa instrucción también fue dada personalmente por el general Ramón Emilio Jiménez hijo y eso consta en uno de los interrogatorios a Pou Castro.

Esos hechos y esas confesiones dejan bien claro que se trató de un asesinato de Estado, consultado con el presidente de la República, decidido en Estado Mayor de las FFAA y ejecutado por dos grupos: uno de contención dirigido por el coronel Isidoro Martínez y otro encargado de la acción directa, de la ejecución del crimen, comandado por el entonces Mayor, hoy general retirado, Joaquín Pou Castro (alias Ñoñón).

El día escogido fue el 17 de marzo de 1975 y los detalles del seguimiento y de la operación constan en el expediente acusatorio. En la labor de rastreo participó el coronel Sánchez Guzmán, asignado a la escolta del canciller Víctor Gómez Bergés. Sánchez Guzmán murió posteriormente en un extraño y sospechoso accidente automovilístico.

Sobre todo esto debo decir lo siguiente:

Orlando Martínez me informó previamente que el entonces canciller Víctor Gómez Bergés, vecino de él y compañero de partido de una de sus primas (la que posibilitó la relación con Gómez Bergés), le había presentado y ponderado positivamente un oficial que prestaba servicio en la Cancillería. No tengo claro si se trató de Sánchez Guzmán o de Pou Castro, quien también estaba asignado a  la Cancillería, Orlando y quien esto escribe desconocíamos entonces la trayectoria criminal de esos dos oficiales.

Días ante del asesinato, Orlando me comunicó confidencialmente que Víctor Gómez Bergés lo había llamado para informarle que ya estaba montando un operativo militar para asesinarlo y que la única forma en que podía salvarse era si abandonaba el país, a lo que él se resistía con toda razón, dado que en su caso implicaba aceptar la autocensura, dejar su trabajo y separarse de su familia, especialmente de su madre que no estaba bien de salud.
Narciso Isa Conde