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martes, 24 de noviembre de 2009

El sistema de vigilancia epidemiológico de República Dominicana ha fracasado



Epidemias van y epidemias vienen y ningún jefe se inmuta; no importa que sea el jefe máximo, el jefe de una región, de un área, de una zona.
martes, 17 de noviembre de 2009, 08:42 a.m.
El Sistema Sanitario de un determinado país está estructurado en función de la naturaliza del modelo de Sistema socio económico, político, social y cultural en que descansa una Formación social dada. Ello explica que, dependiendo cómo se va desarrollando, implementando y estructurando dicho Sistema socio económico, así irá funcionando y cumpliendo o no sus múltiples objetivos y metas.

La calidad de un Sistema Sanitario se puede medir de variadas maneras, debido a que, el mismo está integrado por un entramado de estructuras y componentes complejos, los cuales por sí mismos, va midiendo la eficacia, eficiencia y pertinencia del Sistema Sanitario como totalidad. 



Tal es el caso del Sistema de Vigilancia Epidemiológico que existe en el país; el cual trataremos de demostrar su fracaso y la necesidad de impulsar la transformación hacia otro modelo de sociedad que ponga en el epicentro de ésta: La prevención de la enfermedad como un todo, en primer lugar, la curación y la rehabilitación como complemento de la supervivencia social en segundo lugar. Esto no debe verse como una arenga, no. Debe ser el compromiso de un gran abanico de personas, sectores, clase y grupos comprometidos con un Modelo de Sociedad, donde el bienestar del ser social sea lo determinante.

El Sistema de Vigilancia Epidemiológica del país es de las áreas de Salud Pública que menos importancia le han prestado las diversas autoridades sanitarias que han pasado por la Secretaría de Salud Pública a través del tiempo. Sólo se ha tomado en ¨relativa cuenta¨ en los momentos de las llamadas epidemias que de manera cíclica se repiten en el país con determinadas enfermedades, como: el Dengue, Leptospirosis, Malaria, Hepatitis, Rabia humana, Enfermedad meningococémica, Enfermedades flácidas, Enfermedades hídricas, tuberculosis, para mencionar algunas que por su frecuencia se convierten en cuestionadoras no solo de la gestión de un determinado Secretario de Estado, sino, del tipo de modelo de sociedad que esté dominando en un país determinado. y esto es, porque tales enfermedades se han convertido en detonantes políticos que, en ocasiones han destituido a Secretarios y funcionarios de menor jerarquía.


Empezando, en el país la Secretaría de Salud Pública no sabe con cuántos Salubristas y Epidemiólogos cuenta el país. Ni siquiera las universidades que forman estos profesionales de la medicina tienen organizado su sistema de graduación para saber a cuántos han graduado en esta especialidad, desde que empezaron a impartirla. Por lo menos fui a tres universidades y a la Dirección Nacional de Epidemiología a buscar dichos datos y no pude obtener las informaciones correspondientes. Varios argumentos tontos para no darlos, los cuales prefiero no mencionarlos.


La estructuración nacional del Sistema de Vigilancia Epidemiológica, si es que se puede llamar así a lo que existe actualmente, Sistema de Vigilancia Epidemiológico, es desfasado, desorganizado, anacrónico e infuncional. Salvo su rarísima excepción en determinado sector por su importancia estratégica.


Los Magíster en Salud Pública, que dicho sea de paso, funcionan en las mayorías de las veces como epidemiólogos, son asignados en un horario y tanda de un determinado hospital, para de ahí ir a otro lugar con características parecidas. Generalmente están en centros de salud establecidos o en sector estratégico, donde está en juego la seguridad nacional.


Las diversas comunidades del país, en función de determinada cantidad de habitantes por Kilómetros cuadrados están huérfanas de dichos profesionales. Las fronteras son descuidadas, así como los aeropuertos y aduanas; estos tipos de profesionales apenas se cuentan con los dedos de las manos y faltan. En las Clínicas privadas son escasas las que cumplen con las leyes que autorizan disponer de este tipo de profesional para su mejor funcionamiento y cumplir con la ley de notificación obligatoria de las enfermedades infecciosas y transmisibles. Las escuelas y las universidades, ni se diga. Irónicamente, a pesar de que son estas las que forman a dichos profesionales, no aplican su implementación con relación a sus funciones.


Generalmente, en los hospitales donde existe el servicio o Dpto. de epidemiología, siempre están en un rincón detrás del hospital, en un localcito que más bien, lo que parecen son depósitos de papeles viejos. Igual suerte corren los servicios de Estadísticas. Son los lugares dentro de los hospitales que menos importancia se les prestan. Salvo sus raras excepciones, como siempre.


Me atrevo a decir que, los jefes que han pasado por la Dirección General de Epidemiología, en más de un 95 por ciento, y no exagero, se han convertido en sentido general, en puros burócratas. Arregladores de oficinas; negadores en esencia de la función de un Salubrista o Epidemiólogos. Incluso, lo pretenden justificar con el ¨aforisma de que, esto no lo arregla nadie¨. Más bien, se han adaptado al estatus quórum.


El Sistema de Vigilancia Epidemiológico del país es incapaz de detectar una epidemia o un brote; (estos dos términos técnicamente significan lo mismo, la diferencia es el manejo político que se le da). Aunque para discutir sobre esto sí son diligentes. Son las personas en las comunidades, los diversos medios de comunicación los que identifican las epidemias, sustituyendo a lo que podría ser parte de la función de un verdadero Sistema de Vigilancia Epidemiológica.


Epidemias van y epidemias vienen y ningún jefe se inmuta; no importa que sea el jefe máximo, el jefe de una región, de un área, de una zona. Lo mínimo que deberían hacer es renunciar en función de la responsabilidad nacional, ante la incapacidad demostrada. Tres hechos evidencian la incapacidad, infuncionalibilidad y fracaso del Sistema de Vigilancia Epidemiológica.


1.- Mientras al Secretario de Salud Pública y al Subsecretario de Atención a la Persona lo ponen a decir en el caso del dengue que a la fecha van unos 5 mil casos reportados; las Administradoras de Riegos de Salud le dicen al país que, solo ellos han atendido 5, 221 pacientes con dengue.


2.- Mientras al Secretario de Salud Pública y al Subsecretario de Atención a la Persona lo ponen a decir que a nivel nacional van algo más de 300 casos de dengue hemorrágicos, la subdirectora del hospital Robert Reíd Cabral informa que, solo en ese centro de salud van más de 500 casos reportados.


3.- No hay forma de que las Clínicas privadas respondan a las leyes de salud en cuanto a las notificaciones de carácter obligatorio de las diversas enfermedades infecciosas y que la dirección de epidemiología logre poner en ejecución dicha ley. Mas bien, este país parece que funciona con lo que podría llamarse, la ley de la serendipia.
Lo cierto es que el Sistema de Vigilancia Epidemiológica del país ha fracasado y no hay forma de que sea rescatado en el marco de este modelo de sociedad Neoliberal.
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