Esa boca que jala que succiona y que traga.
Esos labios que enrojecen con la presión del deseo.
Esas manos que desesperan y esperan.
Ese vientre que revuelve y que revienta.
Esas gotas de sudor que resbalan sin quererlo.
Esa dicha de que seas mía y de nadie más.
Ese encuentro y desencuentro inesperado.
Esa astucia de buscar donde no hay más.
Esas perlas que reservas a tu antojo.
Esos sueños locos de agregar a otros al altar.
Esa envidia que se nota en las miradas.
Esa gente que nos vino a separar.
Esos labios que encandilan y arrebatan.
Que gimen, lloran y suplican.
Esa muestra de lasvicia incontrolabre.
Esa manía de dar sin esperar.
Que te hacen única entre los mortales.
Vagabunda en los juegos del amor.
Marihal / Desde La República Dominicana

Así tuve un amor, una chica de Lima que me daba pasto fresco de la comarca donde vivíamos, un día cualquiera vino un señor de la Capital, le ofreció oro y oropel y me abandonó, hoy al leer esto me he remontado a los recuerdos de una boca cuyos labios me robaban el momento, me robaban la vida. Que Dios te bendiga divina mujer.
ResponderEliminar¡Qué hermoso!
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