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viernes, 30 de diciembre de 2016

En Puerto Plata: La increíble convivencia de dos comunidades

    Fray Nicolás de Ovando.

Dos mundos paralelos en Puerto  Plata
La Villa de Puerto de Plata fue fundada, establecida oficialmente, en mil quinientos dos (1502) por Nicolás de Ovando. Desde entonces se desarrollaron en ella todos los acontecimientos que en todos los aspectos en ella tuvieron lugar.

Desde ese mil quinientos dos (1502) hasta mil quinientos cincuenta y cinco (1555) los habitantes de la Villa de Puerto de Plata estuvieron ajenos  totalmente al conocimiento de que muy próximo a ellos existía otro mundo, que  vivía otra comunidad  totalmente diferente a la de ellos, no les pasaba por la cabeza que pudiese existir tan próximo a ellos otro mundo humano y social diferente al de ellos; y mucho menos a la altura de dicho año de mil quinientos cincuenta y cinco (1555), pues consideraban que en la Isla ya no existían sociedades enteras o pueblos de ejemplares humanos de los que componían ese otro mundo, creían que esas sociedades o pueblos habían sido destruidos o grandemente mermados por ellos (los conquistadores y colonizadores españoles) y que desde hacía bastante tiempo atrás estaban en franca desaparición, salvo en las tierras del continente.

Ambas comunidades, la Villa de Puerto de Plata y la otra diferente a ella, vivieron de forma diferente y sin saber la una respecto de la otra y viceversa: ¡No obstante estar tan cerca y, al mismo tiempo, tan lejos!

La otra era una comunidad de indígenas, un pueblo indígena, un pueblo aborigen, que estaba asentado a muy poca distancia desde tiempo inmemorial. Jamás se imaginaron, tampoco, aquellos indígenas que a  tan poca distancia de ellos existía una sociedad muy diferente a la de ellos. Tampoco conocían éstos la suerte que habían corrido grupos indígenas similares a ellos.

Se trataba de una sociedad de cazadores-recolectores, que por su ubicación denotaba estar familiarizada también con la pesca; tenía alguna que otra actividad agrícola que no remontaban el conocido poco nivel alcanzado por las otras sociedades indígenas que hubieron en otras partes de la Isla al momento de la llegada de los españoles; es decir, se trataba de una sociedad que caminaba los primeros pasos entre la pre-agricultura y la agricultura. Su pequeña actividad agrícola la realizaba en la zona de tierra donde estaba asentada  y que era contigua a donde comienzan los arenales próximos al lugar.

Si acaso fuese cierta la teoría de que la mayor parte de la población de esta Isla ocurrió a través de las corrientes migratorias Sur-Norte y si ese pueblo indígena al que nos referimos pertenecía a una de esas oleadas Sur-Norte es muy, pero muy probable que dicho pueblo fuera descendiente de la primera o de una de las primeras oleadas referidas, debido a que llegaron a la parte del extremo Norte de esta Isla al cual nos estamos refiriendo.

En dicha sociedad indígena se manejaba la cerámica para alfarería. Quien suscribe pudo recoger allí bastantes  fragmentos de esa cerámica tanto a flor de tierra, como a flor de arena. Dichos fragmentos presentaban muestras de líneas ornamentales y de caritas y figuras igualmente ornamentales. Dichos restos abundaban allí de esa forma fragmentada debido a que en la Era de Trujillo un tractor "grédar" perforó aquellos terrenos destruyendo toda aquellos trabajos de cerámica indígena sin proponérselo quienes estaban al frente de la dirección de los trabajos de dicho tractor "grédar" ni tampoco el conductor de dicho aparato.

No hay cuevas cercanas conocidas a ese lugar, lo cual apunta en la dirección de que se protegían de la lluvia edificando el clásico bohío conocido por otros nativos de otras partes de la Isla a la llegada de los españoles.

Aquel asentamiento humano estaba ubicado frente al mar. Su fuente de agua para beber lo era lo que hoy es el pequeño riachuelo o arroyo subsistente que se divisa de inmediato cuando entramos a la Playa de Long  Beach por la apertura correspondiente del Malecón de Puerto Plata, pues dicho riachuelo o arroyo desemboca en dicha playa de Long Beach: el nombre de dicho riachuelo o arroyo es "Las Muchachas".

¿Qué había permitido que a tan poca distancia pudiesen coexistir dos mundos paralelos sin que el uno supiese del otro y viceversa? Apenas unos tres (3) kilómetros, más o menos, de distancia separaban a ambas sociedades disímiles, pero esos tres (3) kilómetros,  más o menos,  estaban llenos de una tupida maraña de árboles y vegetación que conformaban todo un verdadero bosque tupido de difícil penetración debido a que en su conformación la naturaleza había invertido muchísimos siglos. Si bien hoy la distancia es apreciable como corta, no obstante, y por la razón recién apuntada, un viaje de un punto al otro en mil quinientos cincuenta y cinco (1555) hubiese sido un viaje en exceso largo, por tratarse de un viaje obstaculizado por una profunda y enmarañada maleza que impedía avanzar, esto sin hablar de los molestos mosquitos siempre dispuestos al ataque; en aquel entonces entre dichas dos comunidades diferentes mediaba o había un bosque en el sentido literal del término, un bosque que se tragó los árboles individualmente considerados, un bosque que era una verdadera selva con sus charcas y sus pantanos.

Por su ubicación los indígenas o nativos que allí habitaban podían desde la costa clavar su mirada para ver las naves españolas que desde el Este transitaban por el Océano Atlántico rumbo a Puerto de Plata, lo mismo que las que salían de Puerto de Plata rumbo hacia el Este; también las no españolas que llegaron a navegar visibles desde la costa al lado de la cual estaban éllos asentados. Probablemente aquellos nativos allí asentados creyeron lo mismo que creyeron todos los nativos de otros lugares de América cada vez que por vez primera veían esos barcos: que eran dioses los que se transportaban a bordo de ellos. Desde mil quinientos dos (1502) a mil quinientos cincuenta y cinco (1555) es indudable que vieron venir e irse muchos (sino acaso hasta la totalidad) de dichos barcos para ellos gigantescos y que transitaban desde el Este hacia Puerto de Plata o desde Puerto de Plata hacia el Este, lo mismo que los de otras nacionalidades que pasaban por el frente rumbo hacia el Este.

Ni siquiera la cercanía, que hoy apreciamos nosotros, permitió que fuera un habitante de la Villa de Puerto de Plata el que descubriera aquel enclave indígena a tan sólo unos tres (3) kilómetros, más o menos, de distancia. Aquel mundo indígena viene a ser descubierto en mil quinientos cincuenta y cinco (1555) y no fue descubierto por alguien de la "cercana-lejana" Villa de Puerto de Plata, sino por un cazador de negros fugados hacia los montes de nombre Villalpando que  parece que procedía de La Vega, inferencia esta que se desprende de lo que a continuación citamos.

En una Real Cédula que reposa en el Archivo General de Indias de Sevilla se hace referencia a aquel encuentro:

"Real Cédula a la audiencia de la isla Española; que a S.M. se ha hecho relación que en esa isla hay tres o cuatro pueblos de indios naturales de ella que se han hallado acaso, que estaban escondidos, el uno cerca de Puerto Plata, el otro en aquella costa más adelante en una provincia que solía decir de los Çiguayos, otro en la provincia de Samaná y otro en el cabo de la isla que ese mira con Cuba que se solía llamar la Punta de Gualiaria y se dice hoy del cabo y puerto de San Nicolás; que el primero le descubrió un español que se llama Villalpando andando a buscar negros por los montes, y que llevó los indios de él por fuerza a la ciudad de La Vega y los vecinos los repartieron entre sí. Ha sido suplicado que los pueblos o indias  pocos o muchos que al presente se sabe que hay en esa isla y los que se descubriesen se dejasen estar como fuesen hallados y se proveyese que nadie se entremetiese en ellos antes fuesen favorecidos y se diese orden que todos los que tuviesen los españoles de esa isla especialmente los que el dicho Villalpando desbarató de aquel pueblo, así hombres como mujeres, los que los tuviesen los dejasen ir a donde quisiesen poblar. Se manda conforme a la súplica y que encarguen a los religiosos de Santo Domingo y San Francisco de esa isla que instruyan y enseñen a los dichos indios en las cosas de la fe y procuren  su buen tratamiento, y a las justicias de la isla harán que ayuden y favorezcan a los dichos indios de manera que en todo sean amparados y conservados." (1556-7-31 Valladolid [Archivo General de Indias de Sevilla]).

En Noticias de Puerto Plata, Emilio Rodríguez Demorizi se hace eco de aquel descubrimiento:

"PUEBLO DE INDIOS", 1556

Todavía en 1556 había en la Isla pueblos de indios, ignorados, según consta en asiento del Consejo de Indias del 31 de julio de 1556: "El año pasado, se descubrieron en La Española quatro pueblos de indios de que no se sabía. El uno cerca de Puerto Plata; …, y se mandó que no fuesen repartidos ni mudados de allí, sino que allí fuesen doctrinados". (E.R.D., Los dominicos y las encomiendas. …p.23."(Rodríguez Demorizi, Emilio: Noticias de Puerto Plata, Sociedad Dominicana de Geografía, Vol. VIII, Editora Educativa Dominicana, C. por A., Santo Domingo, R.D., 1975, página No. 108)".

El cazador de negros cimarrones parece ser que procedía de La Vega, pues hacia allá se dirigió con varios indígenas capturados por él y no hacia Puerto de Plata ni hacia ningún otro lugar. Dicho cazador de negros cimarrones devino de tal cazador de negros cimarrones en cazador de indígenas.

En Puerto de Plata se enteran de la noticia en cuestión a través de contactos posteriores entre habitantes de Concepción de La Vega Real y de Puerto de Plata. Produciendo dicha noticia una gran sorpresa entre los habitantes de la Villa de Puerto de Plata: los "¡¿Cómo?!" y los "¡Oye eso!" se escucharon a granel entre los atónitos pobladores de Puerto de Plata. La noticia les fue confirmada por comunicaciones gubernamentales y religiosas poco posteriores a dicho descubrimiento.

Mientras para ese año de mil quinientos cincuenta y cinco (1555) los habitantes de la Villa de Puerto de  Plata creían que las sociedades enteras o pueblos de indígenas nativos eran prácticamente ya parte de la Historia, lo cierto es que ese núcleo humano indígena vivió paralelamente a ellos. Increíblemente cada uno a espalda del otro. Dos culturas diferentes existieron paralelamente en el tiempo separado por una escasísima distancia hasta que la de más escaso desarrollo fue descubierta por un espécimen de la tecnológicamente más avanzada, espécimen que no procedía, reiteramos, de la Villa de Puerto de Plata.

Lo que hoy para citadinos acostumbrados parece tan corta distancia, atravesar esa entonces frontera boscosa referida  lo hizo alguien que vino de muchísimo más lejos, de más de un centenar de kilómetros, alguien que estaba más separado de ese mundo indígena que los mismos puertoplateños. Si eso eran esos tres (3) kilómetros, más o menos, entre lo que hoy es Long Beach y la entonces Villa de Puerto de Plata, sólo resta imaginarse lo que sería en aquel entonces transitar desde La Vega hasta dicha hoy playa de Long Beach en Puerto de Plata.

Aquél individuo se sumergió en tan insospechado mundo. Se zambulló en ese maremágnum de montañas y de bosques para llegar a orillas del Océano Atlántico buscando cazar negros huidos a los montes. Acicateado por la vileza de una alienación tremenda: la avaricia extravagante, el deseo de enriquecimiento lo llevó a convertirse en un ser vil, en ser cazador de seres humanos para someterlos a la situación más degradante: a la esclavitud (la ideología predominante de la época justificaba tal cosa).

Pero la frontera boscosa no era un obstáculo solamente para los habitantes de la Villa de Puerto de Plata, sino que también lo era para aquella población indígena, los habitantes de la cual no hicieron esfuerzo alguno en tratar de saber qué había hacia su Oeste, hacia el lado donde el Sol se retiraba para dejar que la obscuridad cubriera su mundo. Esto evidentemente significaba que las fuentes de sustentación que tenían eran más que suficientes, esto es, que eran abundantes y que, por ello, no tenían necesidad de desplazarse con el objeto de explorar. Ni siquiera la curiosidad los movió… Al menos desde mil quinientos dos (1502) hasta mil quinientos cincuenta y cinco (1555), es decir, durante cincuenta y tres (53) años, lo cual implica dos generaciones y más de la mitad de una generación.

Tras tener conocimiento de aquel descubrimiento las autoridades puertoplateñas y algunos puertoplateños picados por la curiosidad y por las instrucciones que llegaron como consecuencia del accionar al respecto de la corona española, se movieron hacia aquel lugar para ver con sus propios ojos que todavía subsistía un mundo indígena completo paralelo al de ellos los puertoplateños. ¡Dos mundos paralelos: tan cerca y tan lejos!

Si el descubrimiento hecho por éste hombre vil no se hubiese producido en mil quinientos cincuenta y cinco (1555) es muy posible que igualmente entre dicho mil quinientos cincuenta y cinco (1555) y mil seiscientos cinco (1605) (año de la devastación de Puerto Plata: quemados y salinizados sus inmediatos campos fértiles aledaños cultivados) tampoco se hubiese descubierto dicha población aborigen; tendríamos, entonces, que dicho poblado indígena hubiese persistido (con el connatural cambio generacional) durante todo el tiempo en que la Banda Norte de la Isla sufrió los efectos de las devastaciones, es decir, desde mil seiscientos cinco (1605) hasta el año mil setecientos treinta y cinco (1735) en que se dio la orden de repoblar a Puerto de  Plata con colonos canarios por instrucciones del rey Felipe V de España. ¡Y sabrá Dios qué tiempo le hubiese demorado a los nuevos pobladores de Puerto de Plata tomar conocimiento de la existencia de ese pueblo aborigen!

Igualmente partiendo de dicha base hipotética del no descubrimiento de ese pueblo indígena en mil quinientos cincuenta y cinco (1555), es muy, pero muy posible que ni siquiera los habitantes de El Cupey, que desacataron las órdenes de Osorio (1605) y se escondieron y se quedaron allí (en El Cupey), hubiesen podido llegar a tener contacto con ese pueblo aborigen ubicado a orillas de la hoy Playa de Long Beach, dado que aquéllos colonos españoles no querían tener contacto con el mar para no dejarse ver, ni de cerca ni de lejos, por navíos ni españoles ni de otras nacionalidades: dichos colonos españoles querían estar totalmente lejos del campo de visión de quienes a bordo de alguna embarcación europea acaso pudieran cruzar en la distancia de la vasta planicie marítima puertoplateña.


Lic. Gregory Castellanos Ruano

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Tres manifestaciones cimeras en la historia de la humanidad

                             Buenaventura Báez.

El general Antonio López de Santa Anna en Puerto de Plata
“Lejos de nosotros, Majestad, la funesta manía de pensar”, le dijeron al Rey absolutista  Fernando VII de España las autoridades de la Universidad de Cervera en el primer tercio del siglo XIX.

Comentarios en Puerto de Plata:

Es indudable que la visita, en las postrimerías de mil ochocientos sesenta y ocho (1868), y la estancia, desde entonces hasta comienzos de febrero de mil ochocientos setenta (1870), del general Antonio López de Santa Anna en Puerto de Plata recordó  el espectáculo de los funerales del entierro del caballo del general Miguel Lovera al saberse entre los puertoplateños sobre el doble entierro multitudinario de una pierna (la derecha) de López de Santa Anna en México; y que, en consecuencia, en el sector ilustrado y en el sector medianamente ilustrado de Puerto de Plata, también arrastró el recuerdo de Calígula y de Incitatus.

Se desconoce la profundidad y los detalles a que pudieron haber llegado los puertoplateños al tratar y especular sobre los temas que implicaban el conocimiento de la presencia de López de Santa Anna y aquellos episodios históricos que giraron alrededor de su pierna amputada, pero la esencia de dichos episodios históricos mexicanos fue conocida por buena parte de los habitantes de Puerto de Plata.

Desde entonces la comidilla que quedó sobre el tapete entre las personas de cierta cultura de la población era la comparación entre el entierro multitudinario de la pierna del general Antonio López de Santa Anna en México y el entierro igualmente multitudinario del caballo del general Miguel Lovera, lo mismo que la comparación de dichos dos actos con los actos de Calígula con su caballo Incitatus.

El espectáculo del desfile y de la ceremonia del entierro del caballo de Lovera apenas había ocurrido unos  dos (2) año atrás, es decir, unos dos años antes (1866) de llegar el general Antonio López de Santa Anna a Puerto de Plata (1868): dicho evento en torno al caballo del general Miguel Lovera estaba muy vivo en el recuerdo de la población puertoplateña.

Con toda probabilidad comentarios como los siguientes estuvieron sobre el tapete:

-``Aquí estuvo Lovera y ahora está éste, sabrá Dios todo el pedigrí de éste.``

- ``Si a la pierna de éste le hicieron un funeral de Estado, ¿qué no habrá pretendido o pretende él para cuando él se muera completo?``.

-``Éste, al menos, patrocinó el funeral de algo humano, a diferencia de aquél que propició el funeral de una bestia. Pero, de todas maneras, es algo extraño patrocinar el funeral de una parte de un humano que sigue viviendo.``

Las referidas comparaciones todavía al día de hoy, a esta altura del tiempo, me generan asombro como estoy seguro de que les genera asombro a todos aquéllos que se enteran de los hechos generadores de dichas comparaciones, y en el siglo XIX con la presencia de López de Santa Anna las especulaciones en la tierra tropical de Puerto de Plata  tienen que haberse disparado mucho… Y estoy seguro de que igualmente en la actualidad, lo mismo que en el futuro, ese asombro se lo habrá de provocar a muchos en todas estas tierras tropicales del continente americano…

Los hechos en México sobre la pierna del general Antonio López de Santa Anna:

En mil ochocientos cuarenta y dos (1842) es desenterrada en el cementerio de Veracruz la pierna del General López de Santa Anna, por orden de éste, y trasladada a Ciudad México para hacer otro acto espectacular de entierro de dicha pierna todavía más multitudinario y todavía más pomposo que el de Veracruz. El general López de Santa Anna insertó la nueva actividad a ser realizada con su pierna derecha dentro de una serie de actividades que tenían que ver con efemérides patrias mexicanas. La re-inhumación de su pierna estaría dentro de dichas actividades.

Es decir, no es del seno de una población lambiscona y exaltada por el sacrificio de la pierna del general López de Santa Anna peleando contra los franceses  (= la pierna de un combatiente lisiado por dicha pérdida, de un héroe de guerra) que surge la idea de realizarle un entierro multitudinario a dicha pierna: el entierro de la pierna del general López de Santa Anna es ideado y organizado por él mismo: tanto el entierro de Veracruz como el entierro posterior de dicha pierna en el cementerio de Santa Paula en la capital mexicana.

Del mismo modo que Calígula personalmente dispuso, cuanto dispuso en Roma para imponer las actividades de su caballo Incitatus y del mismo modo que el general Manuel Lovera personalmente dispuso, cuanto dispuso en Puerto de Plata para realizar las honras fúnebres de su caballo.

En su obra ``Apuntes para la historia del gobierno del general Antonio López de Santa Anna`` el historiador mexicano Carlos María de Bustamante narra el episodio del entierro multitudinario de la pierna del general Antonio López de Santa Anna en la capital mexicana:

``Don Antonio Esnaurrizar, Jefe de la Comisaría de México, mandó a erigir una columna en el cementerio de Santa Paula, para depositar la pierna de Santa Anna. Erigió dicha columna sobre una alta gradería. Sobre un chapitel dorado se colocó una urna o sarcófago, y sobre éste un pequeño cañón de artillería descansando sobre él la águila mexicana. En la base de la columna aparecen cuatro lápidas para otras tantas inscripciones: rodea la columna un enrejado, y en los estremos (sic) o esquinas se ven colocadas insignias consulares que precedían en Roma a estos magistrados, es decir, las faces y hachas que simbolizaban su poder... La mañana del 27 de septiembre se hizo un brillante entierro... del miembro de un hombre vivo aún, al que concurrió por la novedad y rareza de la función, la gente más ilustre de México, y un inmenso pueblo, atraído por la novedad de este singular espectáculo. Marchó una gran parte de la procesión bajo la vela del Corpus, que no alcanzó hasta el puente del campo santo, y el sol fatigó infinito a la concurrencia que ya se daba al diablo con el calor insufrible. La guarnición formó valla: los sargentos cargaron la urna colocada en unas andadas, y detrás de ella marchó mucha infantería. La urna fue colocada por mano del ministro de Guerra acompañado del de Hacienda. Ínterin se practicaba esta operación bastante arriesgada por los andamios, y espuesta (sic) no sólo a que se quebrase los pies, sino a que se matasen los ministros, el Lic. Sierra y Rosso, apoderado y favorecido de Santa Anna, pronunció cerca de la columna y en la galería inmediata que forma los sepulcros, una oración en honor a su héroe y remembrando sus hazañas...Concluido el acto, Esnaurrizar tomó la llave de la urna y la entregó a Santa Anna haciéndole una arenga, a la que respondió éste lacónica y tibiamente. Por la tarde fue en un magnífico coche acompañado de gran comitiva de tropas y oficiales para ver el monumento, a donde ha de ir el resto del cuerpo el día de la resurrección universal a recoger su pie para presentarse íntegro en el tribunal de Dios.`` (Edición del Instituto Cultural Helénico-FCE, de México, 1986, página No. 84)

Como en el multitudinario entierro del caballo del general Manuel Lovera realizado unos veinticuatro (24) años después en Puerto de Plata (1866), en el entierro de la pierna del General Antonio López de Santa Anna también estuvieron presentes las personalidades de la ciudad donde se realizó el entierro con una procesión religiosa y con desfile militar bajo música, concurriendo a la misma generales y obispos mexicanos, lo mismo que embajadores.

Preguntas en torno a Calígula, López de Santa Anna y Manuel Lovera:

Las comparaciones, las preguntas y las teorías sobre aquellas tres ``coincidencias`` históricas de Calígula, del general Antonio López de Santa Anna y del seibano general Miguel Lovera es más que probable que surgieran a borbotones en el seno de la porción ilustrada y de la medianamente ilustrada de la población puertoplateña; y, en efecto, uno mismo se pregunta:

¿Qué tenemos en común los romanos, los mexicanos y los dominicanos que coincidimos en semejantes o análogas estupideces?

¿Qué llevó a que se diera el espectáculo del entierro de la pierna del general Antonio López de Santa Anna?

La pregunta en cuestión y la consiguiente respuesta lleva, como es natural, a las siguientes preguntas:

¿Qué llevó a que se diera el espectáculo del entierro del caballo de Lovera en Puerto de Plata?

¿Qué llevó a que se dieran los espectáculos de Calígula con su caballo Incitatus en Roma?

Las preguntas, al tratar los tres casos, necesariamente brotan paralelas una debajo de la otra:

¿Dónde tenían sus cabezas los mexicanos al participar en la celebración de un funeral multitudinario para enterrar la pierna del general Antonio López de Santa Anna?

¿Dónde tenían sus cabezas los puertoplateños al participar en la celebración de un funeral multitudinario para enterrar el caballo del general Miguel Lovera?

¿Dónde tenían sus cabezas los romanos al participar en los actos en que Calígula ponía a Incitatus a la par y hasta por encima de sus conciudadanos?

¿Qué les pasaba por las cabezas a los mexicanos al participar en la celebración de un funeral multitudinario para enterrar la pierna del general Antonio López de Santa Anna?

¿Qué les pasaba por las cabezas a los puertoplateños al participar en la celebración de un funeral multitudinario para enterrar el caballo del General Miguel Lovera?

¿Qué les pasaba por las cabezas a los romanos al participar en los actos en que Calígula ponía a Incitatus a la par y hasta por encima de sus conciudadanos?

Teorías explicativas:

Desde hace bastante tiempo, exactamente desde la Edad Antigua y todavía hasta la Edad Contemporánea, han existido y existen diferentes autores de diferentes épocas que se enfocaban y se enfocan sobre la incidencia en los actos humanos del factor geográfico, del factor sanguíneo, del factor bebida alcohólica y del factor de la alimentación; en el siglo XIX ellos eran factores tomados en cuenta para analizar los actos humanos; por ello me permito referirlos aquí con la certidumbre plena de que salieron a relucir en Puerto de Plata para sus pobladores de entonces tratar de explicarse, de encontrarles lógica alguna a los tres actos aludidos.

Factor geográfico:

Es probable que ayer como hoy de algunos puertoplateños surgiera como pretensión explicativa la Termología, para el caso de Calígula, de las tierras del Mar Mediterráneo (que baña a la península itálica), que es la parte que llega a ser más calurosa de Europa. Lo mismo que la Termología también de dos ambientes tropicales que vieron dichos otros dos respectivos casos.

Sangre:

También es probable que saliera, ayer como hoy, a relucir que los tres pueblos aludidos tienen sangre latina.

Bebida y alimentación:

Como con las personas, a las sociedades también las definen más sus vicios que sus virtudes. Por ello es igualmente probable que también ayer como hoy saliera a relucir el carácter asiduo de ingerir bebidas alcohólicas de los tres pueblos.

¿Se distribuyó vino entre los romanos en ocasión de Calígula hacer sus actos con Incitatus? ¿Atemperó (cual especie de anestésico) el vino entre los romanos la aceptación de los espectáculos de Calígula y su caballo Incitatus? ¿O, por el contrario, los romanos quisieron permanecer lúcidos para presenciar todo cuanto presenciaron y no cometer una imprudencia? ¿El vino influiría en el desvarío romano y/o en ``los desvaríos romanos``  independientemente del poder absoluto imperial?

¿Se distribuyó tequila entre los mexicanos al enterrarse la pierna derecha de López de Santa Anna?   ¿Atemperó, igualmente, la tequila entre los mexicanos la aceptación del espectáculo de la celebración de un funeral multitudinario a la pierna del general Antonio López de Santa Anna? ¿O, por el contrario, los mexicanos quisieron permanecer lúcidos para presenciar todo cuanto presenciaron?

¿Se distribuyó ron entre los puertoplateños al ser realizado el funeral del caballo de Lovera? ¿Atemperó, también igualmente, el ron entre los puertoplateños la aceptación del espectáculo de la celebración de un funeral multitudinario al caballo del general Miguel Lovera? ¿O, por el contrario, los puertoplateños y todos los extranjeros residentes en Puerto de Plata (incluyendo a los cónsules de otros países acreditados en Puerto de Plata que participaron en dicho ceremonial) quisieron permanecer lúcidos para presenciar todo cuanto presenciaron?  Para entonces en todo el territorio de la República Dominicana existían personas dedicadas a producir ron con sus respectivos alambiques particulares y a venderlo.

Como es natural, todas estas preguntas sólo buscaban y buscan explicaciones a la aceptación de conductas extravagantes. Muy recientemente fue demostrado científicamente que  el plomo en cantidad excesiva afectaba al vino que consumía Nerón y se cree por parte de los científicos que establecieron eso,  y sobre dicha base, que la locura de la crueldad o vesanía de Nerón se debió a que su cerebro fue intoxicado por el plomo que se acumuló en el mismo. Tanto Calígula como Nerón eran grandes bebedores de vino. ¿La locura de la crueldad o vesanía de Calígula tendría, por ello, el mismo origen que la de Nerón?  Calígula fue un joven sano en su juventud, lo mismo puede decirse de Nerón, tanto así que jamás podían pensar los romanos que ambos llegarían a ser los monstruos que llegaron a ser cada uno de los dos por separado. …Pero el pueblo romano también consumía vino… Y ese vino que consumía el pueblo romano no era conservado en envases de calidad superior a los envases del vino que bebía quien detentaba la calidad de Emperador… ¿La ingesta del vino por parte de Calígula lo llevaría a un punto tal que rompió el equilibrio de su organismo y de su psiquis?

¿La tequila y el picante en cantidad extrema influirían en el desvarío mexicano y/o en ``los desvaríos mexicanos``?   …Tequila y picante en cantidad extrema: la verdad es que debe de ser una combinación tremenda… ¿Era el general Antonio López de Santa Anna un alto consumidor de tequila (y de picante)? ¿La ingesta de tequila (y de picante) por parte del general López de Santa Anna lo llevaría a un punto tal que rompió el equilibrio de su organismo y de su psiquis?

¿El ron dominicano influiría en el desvarío del seibano general Miguel Lovera en Puerto Plata y/o en ``los desvaríos puertoplateños`` de la contemplación puertoplateña? ¿Era Lovera un alto consumidor de ron criollo? ¿La ingesta de ron por parte del general Miguel Lovera lo llevaría a un punto tal que rompió el equilibrio de su organismo y de su psiquis?
Con toda probabilidad preguntas más o menos como esas estuvieron sobre el tapete en la Puerto de Plata de la segunda parte del siglo XIX.


El filtro travesaño mental:

¿Qué es lo que impide que hoy día, que en estos tiempos actuales, los espectáculos de Calígula con su caballo Incitatus no se repitan? ¿Qué es lo que impide que hoy día, que en estos tiempos actuales, un espectáculo como el del entierro de la pierna del general Antonio López de Santa Anna no se repita? ¿Qué es lo que impide que hoy día, que en estos tiempos actuales, un espectáculo como el del entierro del caballo de Lovera no se repita?

¿Porqué hoy en día se califican de extravagantes y porqué en esos respectivos precisos momentos históricos de sus respectivas ocurrencias no se calificaron de extravagantes los actos de Calígula, del eneral López de Santa Anna y del eneral Manuel Lovera?

¿Porqué nadie se atrevió a impugnar la extravagancia de Calígula? ¿Porqué nadie se atrevió a impugnar la extravagancia del entierro de la pierna del general Antonio López de Santa Anna? ¿Porqué nadie se atrevió a impugnar la extravagancia del entierro del caballo del general Miguel Lovera?

¿Qué hace que al enfocar desde este lado del tiempo el entierro de la pierna del general Antonio López de Santa Anna y el entierro del caballo del general Miguel Lovera conceptualicemos rotundamente ambos actos como actos extravagantes lo mismo que los actos de Calígula con Incitatus?

¿Porqué los romanos ``no consideraron extravagantes`` (¿?) los actos de Calígula en relación a Incitatus en los precisos momentos de los mismos ser realizados? ¿Porqué los mexicanos ``no consideraron extravagante`` (¿?) el funeral multitudinario de la pierna del general Antonio López de Santa Anna en el preciso momento del mismo ser realizado? ¿Porqué los puertoplateños ``no consideraron extravagante`` (¿?) el funeral multitudinario del caballo del general Lovera en el preciso momento del mismo ser realizado?

¿Porqué los puertoplateños poco tiempo después del espectáculo del funeral multitudinario del caballo del general Lovera conceptualizaban de igualmente extravagante la realización del funeral de la pierna del general Antonio López de Santa Anna al enterarse de la estancia de éste y de dichos funerales de su pierna? ¿Qué había pasado? ¿Qué se despejó de sus mentes?

¿Porqué en México también, tras el paso del tiempo, unos dos (2) años después, conceptuaron y hoy  todos conceptúan como rotundamente extravagante la realización del funeral de la pierna del general Antonio López de Santa Anna?

¿Qué cosa o cosas, cuál calificativo o cuáles calificativos, hubieran usado los mexicanos respecto del caso de Lovera si éllos hubiesen sabido que unos veinticuatro (24) años después se materializaría en Puerto de Plata, República Dominicana, un entierro multitudinario similar a los de la pierna derecha de López de Santa Anna, con la salvedad de que lo enterrado en Puerto de Plata…¡Fue un caballo!...?

El Poder:

La respuesta a interrogantes como todas las precedentes y como todas las que siguen la tratamos ampliamente en los temas precedentes de nuestra autoría: ``El epílogo de Incitatus en la lógica caliguliana no ocurrió en Roma``, ``Algunas reflexiones por Incitatus, Calígula y Lovera`` y ``Nuevamente Lovera``. Y todo se puede resumir en: el miedo al Poder,  muy específicamente el miedo al Poder absoluto; el autoritarismo como factor generador de miedo. El hombre es él y sus circunstancias.Y cada hombre forma parte de la sociedad y la sociedad compuesta finalmente por todos los hombres tiene frente a sí las mismas circunstancias. Esas circunstancias eran comunes a muchas personas en los tres casos.
 ¿En los tres casos no habían cabezas que pensaran?

En el caso de Calígula el que hubiese osado impugnar sus extravagancias con su caballo Incitatus hubiese perdido su vida.

En el caso del general Antonio López de Santa Anna nadie dudaba que era capaz de lo mismo que Calígula.

En el caso del general Miguel Lovera el que hubiese osado impugnar su extravagancia de enterrar a su caballo con toda probabilidad hubiese perdido su vida: por intentar matar a dos ladrones fue que por error el general Lovera mató a su tan querido caballo.

En ocasión de analizar el caso de Lovera en Puerto de Plata hicimos alusión a lo que es capaz de producir el Poder. Hablamos de la Fe, el Amor y el Poder como las tres fuerzas fundamentales que mueven a la Humanidad.

En el caso del visitante extranjero, el mexicano general Antonio López de Santa Anna, es obvio que el enfoque sobre el Poder también incidió: en ese sentido hay que apuntar que para el momento en que se produjo la pérdida de su pierna el general López de Santa Anna ya había sido Presidente de los Estados Unidos de México cuatro (4) veces, es decir, López de Santa Anna había estado entrando y saliendo del Poder y no se veía la imposibilidad de que volviera nuevamente más veces: y no se equivocaba el olfato previsor de los mexicanos: la previsión del temor de los mexicanos fue tan certera que López de Santa Anna retornó al Poder siete (7) veces más después de su cuarta presidencia para totalizar once (11) presidencias. Era mejor ``estar en buenas`` con él porque podía volver al Poder como ya lo había hecho en otras ocasiones: López de Santa Anna olía a Poder.

Breve paréntesis sobre  rasgos  compartidos entre López de Santa Anna y Buenaventura Báez:  

Es decir, éste hombre al momento de su estadía en Puerto de Plata ya había sido once (11) veces Presidente de México.   En ese momento ya Buenaventura Báez iba por cuatro (4)  presidencias materializadas: Báez finalmente llegaría a materializar cinco (5) presidencias.

Báez fue designado Mariscal de campo español por la reina Isabel II de España como premio a su traición a la Independencia de la República Dominicana de no conspirar contra La Cesión a España. López de Santa Anna fue designado Mariscal de campo del Imperio Mexicano de Maximiliano de Habsburgo y su esposa Carlota, como premio a su traición a México de no conspirar para ponerle fin a aquella imposición lograda gracias a Francia.

Siguiendo con López de Santa Anna y con el factor del Poder:

López de Santa Anna tenía la peculiaridad del conocimiento de que en pueblos como los nuestros el olvido juega producto del paso del tiempo y por ello renunciaba del Poder, se retiraba a su hacienda llamada ``Manga de Clavo`` y al cabo de cierto tiempo ya el pueblo lo estaba reclamando para que retornase al Poder: tenía un conocimiento certero de las veleidades de su pueblo. Es ese conocimiento de la población de que éste hombre entrado y salido varias veces a la presidencia podía retornar a la misma y más en ese momento en que sobre él revoloteaba el aura del patriotismo puesto que fue peleando contra los franceses que perdió dicha pierna en ocasión de un barco francés disparar sus cañones en Veracruz, México, tratando de cobrarle a México una deuda con franceses que Francia había respaldado para su cobro.

La inmensa mayoría de los historiadores mexicanos consideran que López de Santa Anna siempre fue un dictador, un autoritario, un imponente desde el Poder; otros consideran que su verdadera dictadura fue la que corresponde al período de los años mil ochocientos cincuenta y tres (1853)-mil ochocientos cincuenta y cinco (1855) donde se asumió expresamente (= sin subterfugios, descarnadamente) como tal dictador.

Cuando el mandón de turno cae (por pérdida del Poder, muerte, etcétera), inmediatamente sale a flote el real pensar de muchos callados: a) tras el asesinato (en realidad ajusticiamiento) de Calígula por Querea y por Sabino las gentes se atrevieron a mal comentar las extravagancias caligulianas; b) al caer el general Antonio López de Santa Anna en mil ochocientos cuarenta y cuatro (1844) su pierna fue sacada de su sarcófago y arrastrada sacrílegamente por las calles de Ciudad México; y c) tras la caída de Báez y la muerte (en la frontera con Haití), poco después, de su truculento seguidor Comandante del Distrito Marítimo de Puerto de Plata, el general Miguel Lovera, se habló libremente sobre la extravagancia del entierro del caballo de Lovera.

Es lo obvio, lo normal: con Poder absoluto en el ejercitador de este ``no hay extravagancia`` (¿?) porque el pensamiento, los pareceres y la crítica  de la población son contenidos por el miedo; inmediatamente termina el Poder absoluto brotan los comentarios hasta entonces contenidos en la interioridad de cada disidente mental. Por ello y por todo cuanto hemos tocado, y para los fines del análisis, resulta importante o clave ver en quien reside el ``locus imperii``: si en un loco, en un violento, en un enfermo, en un dependiente directo de terceros con agendas propias y torcidas, en un autoritario, o de alguna otra categoría similar, etcétera, que lo lleve a cometer abusos de Poder y excesos de diversas naturalezas, o, por el contrario, en una persona sana, sensata, de buenos principios y conducta adecuada.

`El Arco de la Extravagancia`:

`El Arco de la Extravagancia` (que ha venido formándose desde  que en los orígenes mismos de la Humanidad se empezó a contravenir las costumbres establecidas), pues, tuvo tres fuertes trazos o inflexiones en los actos de Calígula con su caballo Incitatus (Calígula gobernó al Imperio romano del 37 al 41 de la Era Cristiana), al pasar por México con los entierros de la pierna derecha de López de Santa Anna, y al sentar sus reales en Puerto de Plata en mil ochocientos sesenta y seis (1866) con el funeral del caballo de Lovera. Así, pues, tenemos una línea de tiempo bastante dilatada de unos mil ochocientos treinta (1830) años en que la extravagancia, aparte de otras expresiones de la misma, tuvo estas tres manifestaciones cimeras en la Historia de la Humanidad.


Lic. Gregory Castellanos Ruano

jueves, 17 de noviembre de 2016

1825 años entre Calígula de Roma y Lovera de Puerto Plata


Nuevamente Lovera
Hay algunos detalles de la personalidad de Calígula que llaman la atención, como el de que le gustaba asustar. Calígula tuvo un émulo en Puerto Plata… Evidentemente ese ``gusto`` por asustar explica porqué razón toda la población de Puerto Plata (que conocía los sustos que daba dicho émulo) se prestó (asustadamente) a participar solemnemente y con el estribillo repetitivo de ``pobre caballo, tan buen caballo`` en el desfile mortuorio del caballo de Lovera.

Esa licencia, propia de un espíritu exaltado y agitado, que se autoconcedió Lovera de convocar a y realizar semejante cosa lleva a que uno se formule la pregunta: ¿conoció Lovera, aunque fuese superficialmente, la historia de Calígula y su caballo Incitatus convertido en Senador? Es posible o es muy posible que sí  (como también es posible que no, aunque esto ultimo lo cuasi-descarto).

Obviamente el conocimiento de ese episodio de la Historia romana no es privativo de la era en que éramos niños y en que asistíamos al octavo curso de la Intermedia ni tampoco es privatístico de nosotros: para la época de Lovera el episodio era conocido, pues su dispersión y difusión corrió paralelo con las más variadas metamorfosis o expresiones del desarrollo de la expansión del conocimiento y la cultura y civilización de Occidente.

¿Qué tiempo, cuántos años separa a la Roma de Calígula de la Puerto Plata bajo la comandancia militar distrital de Lovera? Calígula nació en el año 12 después de Cristo y murió en el año 41; de manera que del 41 al 1866 nos separan mil ochocientos veinticinco (1825) años: suficientes (por lo menos desde el punto de vista cuantitativo), para que las extravagancias de Calígula se esparcieran con  tiempo sobrado sobre la faz del mundo interconectado con los medios de la época.

Si Lovera conoció el episodio protagonizado por Calígula y cuasi-emulado por él en Puerto Plata eso significaría que estamos en presencia de un personaje histórico consciente de su tremendo poder sobre esa sociedad pobre en la que hasta su élite, por temor y por congraciarse, se plegó a un acto contrario a la ortodoxia cristiana.

Estamos hablando: a) de algo que, sobra decirlo, en nuestros tiempos sería piedra de escándalo; b) de alguien que en este pedazo de rincón marítimo del país que es Puerto Plata quiso jugar a ser un hombre-cuasi Dios.

Es cierto que nuestra sociedad dominicana es una sociedad de vivos, de marrulleros y de cínicos, pero lo referido protagonizado por Lovera va más lejos de todo eso y tiene, insisto, claramente su cimiente explicativa en el poder.

El refinado literato de la Madre Patria, España, Gonzalo Torrente Ballester destaca muy atinadamente que ``el poder, es distinto para el que lo ejerce, para el que lo sufre y para el que lo contempla. El poder, desde este punto de vista, es un juego de ilusión y picardía entre el que manda y los que obedecen, un pacto tácito en virtud del cual los que obedecen se dejan dominar para aprovecharse y el que manda cree asegurar su territorio, mediante la centralización.`` (Gonzalo Torrente Ballester. Los Gozos y las Sombras: el señor llega. Alianza Editorial S.A., Madrid, 1982)

El poder contemplado por Lovera lo apreciaba por las formas en que sus conciudadanos reaccionaban frente a él: las víctimas suyas y las no víctimas; dichos conciudadanos suyos (las víctimas suyas y las no víctimas) reaccionaban con miedo frente al poder (ya muy conocido) de Lovera. Las no víctimas contemplaban los efectos del poder de Lovera en las víctimas de éste. Y nosotros lo vemos a la luz del  tiempo transcurrido.

El origen del poder de Lovera no era divino, pero era poder, un poder casi bruto, fácticamente total, máxime en esa época. El espectáculo del caballo que motorizó Lovera parecería una expresión de alguien con un gran sentido de la posesión de las cosas: en el caso de Calígula existía ese sentido de la posesión de las cosas:  y existía tal sentido de posesión de las cosas porque su autoridad era ``divina`` e incuestionable.

Los déspostas son posesivos, tienen ese sentido de la posesión de las cosas: son dominantes, controladores y quieren que se haga lo que éllos quieren.

Lovera no tenía un poder con basamenta teórica indicativa de que era dimanante de la divinidad, pero el alcance de su poder era tanto que era señor de horca y cuchillo, señor de vida y hacienda, lo cual, al final de cuentas, no hacía diferencia entre el poder ejercido por Calígula y el poder ejercido por Lovera: los resultados se parecían o eran grandemente similares.

Es científico que en todas las épocas y en todas las sociedades la detentación de un poder despótico aterroriza. Naturalmente el locus imperii no residía en Lovera, éste tan sólo era el representante de aquel en cuya cabeza recaía tal cosa. Lovera representaba a quien tenía el locus imperii en la República Dominicana. Pero la distancia que separaba a Puerto Plata de la capital del Estado era enorme visto que no existían caminos (como los conocemos hoy) para la época y que para cruzar de un pueblo a otro se requería hacerlo atravesando muchas lomas a lomo de caballo o de mulo o de burro. Mayor, pues, era la tentación de ejercer el poder despóticamente porque había la ingente dificultad física, geográfica y topográfica de informar hacia arriba. Cuando la noticia llegaba a Santo Domingo ello era ya una lejana o muy lejana reverberación con el tiempo largo y extendido de por medio.

Puerto Plata, al ser punto marítimo, siempre ha recibido a muchos viajeros, por lo que no descarto que algún viajero marítimo de tránsito en ese momento reseñase el curioso cuadro en cuestión. No son pocas las cartas conocidas de viajeros en Puerto Plata. El tiempo dirá la última palabra.

Me imagino a un Psiquiatra hablando con voz cargada de autoridad y con aires fácticamente burocráticos, esto es, calcados de la conducta de los burócratas: ``Eso es un complejo de culpa lo que hay ahí, ése señor (Lovera) lo que tenía era un complejo de culpa que le produjo una gran depresión, un síndrome depresivo, no busquen más que eso es lo que hay ahí.``  …Me imagino la cara de presunción y desprecio con la que el Psiquiatra en cuestión (sea detrás de su escritorio, sea en una improvisada interpelación personal a él al respecto), cómo anuncia, sin ningún atisbo de sorpresa, tal dictamen.

 "Hegel dice que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal se producen dos veces, pero se olvidó de agregar que una vez como tragedia y otra como farsa". Así inicia Carlos Marx, con esa expresión, ``El 18 de brumario de Luis Bonaparte``. Prácticamente todos aquéllos dedicados al análisis político han hecho acopio de ella para analizar algún acontecimiento histórico.

Y Federico Nietzsche, por su parte, dijo: “Los sucesos y los personajes se repiten a sí mismos una y otra vez, con distintos nombres y en diferentes lugares.”

¿Se produjo este colofón caliguliano en Puerto Plata como tragedia o como farsa? No creo que haya sido como farsa.

Cayo Julio César Augusto Germánico era el verdadero nombre de aquél mejor conocido por su sobrenombre o apodo de Calígula. La caliga, una sandalia militar romana, que de niño usaba Calígula para bailar con gran destreza y entretener a los militares romanos es lo que genera dicho apodo con el que es mejor conocido en la Historia.

¿Quién se hubiera imaginado que aquél niño alegre y vivaz danzador experto, que con su baile le hacía gracias y entusiasmaba a los legionarios romanos, llegaría a ser el tirano terrible que llegó a ser, tanto que figura en La Galería de Energúmenos de la Humanidad y su perfil psicológico es incluso objeto de estudio por la Psicopatología? ¿Y quién se hubiera imaginado que en Puerto Plata, mil ochocientos veinticinco (1825) años después, se escenificaría un acto de cuño propia y estrictamente caliguliano?


Lic. Gregory Castellanos Ruano

domingo, 6 de noviembre de 2016

Al rescate del accionar de Lovera en Puerto Plata

     Guardia Republicana, Puerto Plata.

Algunas reflexiones por Incitatus, Calígula y Lovera
Visto a la distancia del paso del tiempo el epílogo de Incitatus ocurrido en Puerto Plata mueve a reflexiones y a preguntas a los observadores desde distintos ángulos

La Historia recoge la adoración del caballo por los troyanos (raíz precisamente del ardid de Ulises).

Los hunos eran una tribu que por ser tan apegada a sus caballos (por ser el manejo de estos su principal arma de guerra), se decía que parecía que hasta dormían sobre ellos.

Los partos fueron jinetes tan expertos en el manejo de los caballos en las batallas que ganaron una fama que perdura hasta el día de hoy (el exterminio de la legión comandada por Craso consolidó esa reputación en la Historia, de tal suerte que hasta su táctica del ``dardo de los partos`` suele ser citada para referirse a algo sorpresivo, amenazante y determinante); lo mismo se puede decir de los mogoles.

Pero en materia de caballos nada en la Historia llama tanto la atención como Incitatus con casa y muebles propios; Calígula obligando a sus amigos a comer con el caballo e induciéndolos a que lo invitaran a sus respectivas casas deja boquiabierto por más que uno pase y repase el episodio histórico en cuestión.
Al ser Roma un imperio dominante y tan extenso en el tiempo y en el espacio en Occidente, todo cuanto emanó de ese imperio, fuese el asunto grandioso o fuese el asunto ridículo o fuese el asunto lo que fuera, todo cuanto emanó de ese imperio quedó como algo grande.

Roma fue el Centro del Mundo, como lo han sido diferentes países europeos a lo largo de la Historia tanto en la política como en el pensamiento. Los Estados Unidos de América (EE.UU.) han sido y son, en América, Centro del Mundo. La República Dominicana (ni ningún otro país de Latinoamérica) nunca ha sido Centro del Mundo.

Calígula representa a un loco con el control del Imperio romano.

Lovera representa a un loco con el control de una porción de una republiqueta bananera del trópico Americano.
Por lo precedentemente dicho: Calígula es un loco grande de la Historia; y Miguel Lovera es un loco pequeño de la Historia.

¿Qué causa que se siga a un excéntrico o a un atolondrado en algo semejante?

¿El miedo?

¿Una real amistad y el respeto a un bello sentimiento hacia un animal que se ganó el cariño de su dueño?

¿Así como los amigos de Calígula fueron puestos por éste a hablar con Incitatus sentándolo en las mesas de éllos, es posible que los amigos de Lovera supieran de la inclinación tan profunda de éste por su caballo y al verlo inconsolable por la pérdida de este ultimo decidieron, para consolarle, mostrarle solidaridad acompañándolo a semejante ceremonia?

Muchas personas se encariñan con su mascota y lloran cuando esta muere.

Naturalmente cercanos a Lovera aprovecharon la ocasión para afinar y refinar su vuelo alrededor del ``pastel`` del Poder que encarnaba Lovera.

¿Porqué el Cuerpo Consular y gentes del pueblo se prestaron a participar en un acto de esa naturaleza?

¿Porqué tenían que participar en eso?

¿Qué ocurriría si no participaban?

¿Era sólamente el miedo de los que no eran del círculo íntimo de Lovera?

La fascinación que causa el poder, la fascinación de lo que puede hacer el Poder, viene dando parte de la respuesta más o menos por ahí.

El célebre constitucionalista alemán Karl Lowenstein en su obra Teoría de la Constitución, página No.23, dice lo siguiente: ``LA ENIGMÁTICA TRÍADA. Los tres incentivos fundamentales que dominan la vida del hombre en la sociedad y rigen la totalidad de las relaciones humanas, son: el amor, la fe y el poder;…``

Un General en Puerto Plata…En esa época…Era una representación extraordinaria del Poder.

En un país inestable donde las luchas por el poder eran sangrientas y donde se les tenía miedo, temor a gobernantes y a los desafiantes de aquellos: caciques políticos todos: el caciquismo político era la tónica de entonces (siglo XIX) y predominó entre nosotros hasta muy avanzado el pasado siglo XX.

Por otro lado, el panteón romano era, como el griego, inmenso.

La mitología romana era rica en dioses, semidioses, hombres-animales o animales-hombres, animales fabulosos,  monstruos, etc.: todo eso metido en el disco duro de la computadora mental dislocada de Calígula junto a la noción de que el Emperador o César romano era un dios hecho hombre y viceversa y que por eso podía hacer cualquier cosa pudo causar todo eso.

En el caso de Lovera, debido al entorno cristiano dominicano, no había nada de eso.

El caso de Lovera se da bajo una cosmovisión cristiana.

Por lo que sólo el trastorno mental transitorio causado por la pérdida irreparable de un animal al que le tenía profundo cariño y, además, la noción de ser un Cacique político militar  todo poderoso con licencia para cualquier cosa y por encima del cual sólo podia estar el Presidente de la República, Buenaventura Báez, de quien era fiel y fanático, son los factores esencialísimos que pudieron haber impulsado a Lovera a materializar semejante episodio histórico.

El cielo de Puerto Plata se asombró ante lo que veía que se desarrollaba bajo él y se inclinó para ver de más cerca.

El Poder produciendo algo estrambótico.

Una toma o vista aérea de la procesión fúnebre del caballo de Lovera (imposible, naturalmente, en 1866, por razones tecnológicas obvias) hubiera sido lo ideal para nosotros visualizar bien aquello que tuvo lugar en tierras puertoplateñas.

Un entierro como si al Gobernador y Comandante de Armas se le hubiera muerto un pariente.

Lovera, inconsolable, al frente del cortejo fúnebre con su mejor traje de gala; igualmente con su mejor traje de gala sus asistentes y subordinados militares.

Habría que ver qué reportaron los cónsules a sus respectivos países sobre el evento protagonizado por el Gobernador y Comandante de Armas del Distrito de Puerto Plata.

Sería interesante que algún día apareciesen en los archivos históricos de esos países esos reportes y desde esos países se den a conocer los mismos o que algún historiador dominicano acusioso dé persecución a la búsqueda y hallazgo de dichos documentos.

Creo que si esos archivos consulares de la época de Lovera son consultados (si es que existen todavía y es muy posible que sí existan por lo organizados que eran y son los países que representaban dichos cónsules) probablemente en ellos se encuentre algo al respecto.

Cuando Idi Amin Dada (otro de métodos crueles y admirador de Adolfo Hitler, no obstante ser él de color negro), tomó el poder en Uganda, hizo postrarse ante él a los embajadores y a los cónsules de las potencias de la Tierra acreditadas en su país, la noticia y las escenas al respecto corrieron como reguero de pólvora a lo largo y a lo ancho de todo el planeta. Naturalmente, los medios de comunicación modernos permitieron tal cosa; y si hubiera sido después de la Internet la publicidad y el asombro hubieran sido más grandes aún.

 La humillación de Idi Amin a los representantes extranjeros ante el Estado ugandés resonó estrepitosamente  en la conciencia internacional precisamente por esas dos razones: entre los humillados estaban representantes de Los Poderes de la Tierra (entiéndase de grandes potencias mundiales de la época); y la llegada de dicha noticia a los medios de comunicación de masas.

En la época de Lovera no había esa facilidad comunicacional; aunque la República Dominicana no ha sido nunca Centro del Mundo, si Lovera hubiese vivido en estos tiempos modernos y por ello, al realizar su acto estrambótico, hubiese tenido, aunque fuese medianamente, la cobertura de prensa que reciben actualmente las autoridades de Puerto Plata, su acto estrambótico hubiese sido de conocimiento universal volviendo las miradas del resto del mundo a posarse sobre esta media isla del mismo modo que ocurrió cuando Hitler preguntó que dónde quedaba la República Dominicana para saber qué enemigo éramos nosotros frente a Alemania tras declararle el déspota Trujillo la guerra a los germanos.

Por último, queda la curiosidad de saber: ¿Qué ``charanga`` fue la que se interpretó durante el cortejo fúnebre del caballo de Lovera, es decir, cómo se llama dicha marcha fúnebre interpretada en el entierro del caballo de Miguel Lovera?


Lic. Gregory Castellanos Ruano

lunes, 24 de octubre de 2016

Miguel Lovera lo hizo en Puerto Plata

Estatua de Calígula montado sobre Incitatus.

El epílogo de Incitatus en la lógica caliguliana no ocurrió en Roma 
El epílogo de Incitatus en la lógica caliguliana no ocurrió en Roma ni en ningún otro punto de la península itálica ni en ninguna otra parte del Imperio romano.

Sucedió bajo el Sol tropical de tierras de un mundo geográfico ignorado por los romanos.

Sucedió muchos siglos después.

Sucedió en la República Dominicana, sucedió específicamente en Puerto Plata.

No se dio específicamente con el propio Incitatus, pero sí con un émulo suyo.

Del mismo modo que quien propició o protagonizó dicho epílogo no se distanciaba mucho, en cuanto a sus métodos, del crudelísimo loco que fue Calígula.

Sólo esto último explica que un episodio semejante pudiese materializarse en el mundo de la realidad y no en el mundo de la fantasía.

Fue, pues, un acontecimiento de la vida real.

No se inventa absolutamente nada al hacer referencia al mismo.

Hay personas apasionadas con los equinos, eso es innegable: cada cabeza es un mundo…Y eso hay que respetarlo.

Pero cuando la pasión por un caballo se lleva al extremo que el desquiciado Emperador romano tenía para con su caballo español Incitatus (que significa Impetuoso), ese extremo es señal de que algo no anda bien en la cabeza de aquél que propicia semejante cosa; naturalmente, el poder que concentraba un César o Emperador romano en sus manos era algo tan inmenso y tan peligroso que tratar de hacerle ver la realidad a un loco depositario de tanto poder era algo tan arriesgado que podía costarle la vida a quien pudiese intentar convencerlo de que todo cuanto hacía a favor de Incitatus era contranatura.

Incitatus era el famoso caballo al que Calígula convirtió en Cónsul de Bitinia y después en Senador de Roma y luego le dio por esposa no a una yegua, sino a una mujer de carne y hueso, a una mujer real que respondía al nombre de Penélope y que pertenecía a una familia noble de Roma.

Cuando se dieron esos nombramientos los colegas senadores del caballo no se atrevieron, por lo precedentemente dicho, a chistar, sino que, por el contrario, ``aplaudieron`` en sus respectivas oportunidades dichos nombramientos y llegaron que presenciar directamente (y tolerar) al noble bruto en el seno del Senado romano como otro cualquier par suyo.

Cuando los aterrorizados guardias pretorianos (que por los tantos asesinatos y desmanes de Calígula) decidieron enviar a Calígula al Más Allá (para que no se quedara ni aquí ni en el Más Acá) y procedieron en consecuencia y se dio el espectáculo de verse ellos ante el desafío del demente emperador diciéndoles que procedieran, que nada le ocurriría porque él era un dios hecho hombre (su envío al Más Allá probó que la creencia de Calígula al respecto era equivocada), cuando eso sucedió no se supo a partir de ahí cuál fue el destino de Incitatus, la Historia no da cuenta de ello. No se sabe si alguno de los guardias pretorianos (su Jefe o cualquier otro) se apropiaron del caballo o si por odio a Calígula también se le dio muerte a dicho animal.

Pero en un ejercicio de hipótesis mental: ¿Qué hubiera pasado si Incitatus hubiese muerto estando vivo Calígula?

La forma en que Calígula trató a Incitatus fue exquisita, no creo que caballo alguno ni antes ni después de él haya llevado la vida de rey que con Calígula se dio Incitatus.

Calígula le construyó una caballeriza nada más y nada menos que de mármol y el pesebre en que en dicha caballeriza dormía Incitatus era nada más y nada menos que de marfil; luego le obsequió una villa romana con casi veinte personas para atenderlo y con jardines para ``deleite`` del agraciado caballo que tan agraciado y privilegiado era que hasta el color púrpura, que era del dominio exclusivo de los parientes del Emperador romano, era el de sus mantas de dormir.

Al igual que los miembros de la realeza romana también usaba collares carísimos por estar adornados con gemas de gran valor.

De semejante trato creo que es colegible la respuesta a aquella pregunta.

Estoy seguro de que Incitatus hubiera sido objeto de unas honras fúnebres solemnes, históricas, con proverbial magnificencia imperial, pues Calígula demostró hasta la saciedad que no era un mezquino (sino que era un manirroto) para con dicho animal.

En Puerto Plata estuvo alguien que, como Calígula, profesaba más amor hacia su caballo que hacia sus semejantes seres humanos: en el año 1866, el General seibano (hatomayorense específicamente: Hato Mayor en ese entonces pertenecía a El Seibo) Miguel Lovera, por designación del Presidente Buenaventura Báez, era el Gobernador y Comandante de Armas del entonces Distrito de Puerto Plata, al ver dicho General muerto a su caballo por su propia torpeza con el manejo de su revólver al intentar matar a dos delincuentes al montar en rabia tras enterarse de lo cometido por aquéllos, dio connotaciones de tanto dolor que por orden expresa de dicho César y Espadón seibano de turno en Puerto Plata el caballo en cuestión fue objeto de un ceremonial fúnebre idéntico al que se le dedica a una persona cuando fenece.

A esto hay que agregar que como ocurre siempre: alrededor de quien detenta (cualquier clase de) poder surgen los serviles por conveniencia y los serviles por miedo y por conveniencia simultáneamente y son ésos los que cuales moscas revolotean alrededor del ``pastel``. Los asistentes  personales y los ``amigos`` de Lovera lo vieron tan profunda e intensamente deprimidos que se ocuparon febrilmente de los más mínimos detalles del entierro del equino para que su jefe se sintiera bien.

Todos en el pueblo debían estar vestidos de negro como muestra de palpitante dolor. Durante el cortejo fúnebre del noble bruto todos aquéllos por donde se transportaba al caballo a bordo de una carreta tirada por un poderoso buey y adornada con gran esmero y propiedad para la ocasión, hacia la fosa (abierta frente al mar) que recibiría sus despojos mortales y se le daría sepultura en un acto solemne celebrado al efecto, tenían que descubrirse la cabeza y hacer muestras de reverencia y de expresión de dolor y repetir la expresión ``pobre caballo, tan buen caballo`` y tenían que sumarse a dicho cortejo fúnebre repitiendo la recién citada expresión. En su Diccionario Biográfico Histórico Dominicano, Rufino Martínez recoge parte de lo ocurrido y lo expresa diciendo que Lovera ``tuvo el extravagante capricho de enterrarlo formalmente, para lo que invitó al Cuerpo Consular y al pueblo. Al acompañamiento no se le permitió otro comentario que la doliente expresión: ``!Pobre caballo! ¡Tan buen caballo!, en tanto que una charanga desgarraba una marcha fúnebre.``

¡El Cuerpo Consular! ¡El pueblo! ¡Una marcha fúnebre!…Unas pompas fúnebres de alto nivel, unas exequias propias de un Jefe de Estado de la Roma imperial…Todo para un caballo…Parecería una estampa ugandesa Idi Aminista Dadá. ¿Qué hubiera pensado y qué le hubiera inspirado al checo Franz Kafka si éste hubiese tenido conocimiento de que eso ocurrió?

El episodio surrealista ocurrió en la vida real, ocurrió en Puerto Plata. Increíblemente ocurrió en la vida real e increíblemente ocurrió en Puerto Plata.

Ese hubiera sido el epílogo de Incitatus en la lógica caliguliana frente al caballo que el Emperador romano decía que le hablaba.


Lic. Gregory Castellanos Ruano

viernes, 14 de octubre de 2016

Yo soy el General Antonio López…!


El hombre que mató a Santa Ana
En ese invierno de finales de mil ochocientos sesenta y ocho (1868) cierto día el viento ululó de una forma extraña en Puerto de Plata tratando de expresar algo, pero fuera de lo excepcional de ese ulular particular el mismo jamás sería  entendible por sí solo por los habitantes de Puerto de Plata, a los cuales, como es natural, les llamó  la atención lo inusual de dicho ulular; sí  lo entendió la montaña que con extremada precaución hizo un discreto gesto de sorpresa y de atención levantando el cejo de su ojo izquierdo para centrar bien su  mirada  sobre el puerto alcanzado a individualizar al personaje del que hablaba el viento.

El viento lo que estaba anunciando era la llegada de un personaje extranjero a bordo de una embarcación. El personaje en cuestión cojeaba, era evidente que una de sus piernas, la que arrastraba, era de madera, ``de palo``.    El extraño ulular lo precedió, lo anunció, sin saber los habitantes de Puerto de Plata qué cosa era lo que anunciaba el viento con ese extraño ulular.

El capitán de la nave marítima estaba enterado de quién era el personaje en cuestión y por eso instruyó a su asistente inmediato para que bajara a tierra a conseguirle  facilidad en la nueva tierra totalmente desconocida por el viajero que nos concierne. Y así lo hizo dicho asistente. Enterados los operadores del puerto de que uno de los viajeros que bajaría a tierra iba a necesitar arrendar una casa, rápidamente llamaron a un cochero que usualmente estaba enterado de quienes en la ciudad estaban arrendando casas. El asistente del capitán del barco habló brevemente con el conductor del coche sobre la persona del viajero, pero en ese mismo momento alguien le estaba entregando al conductor unos dineros producto de una deuda, por lo que la precisión de lo dicho por el referido asistente del indicado capitán no fue fijada en la mente del conductor, el cual sí captó bien que debía conducirlo a donde alguien que estuviese arrendando una casa cómoda en la población cosa que hizo a pie juntillas.

El visitante fue transportado  por un coche tirado por un caballo hacia una de las casas de la ciudad logrando el visitante arrendar la casa en cuestión donde quedó inmediatamente hospedado.  Era un hombre de unos setenta y cuatro (74) años de edad. Su porte, sus ademanes y la forma en que se expresaba dejaban entrever que se trataba de una persona que había ejercido mando sobre muchos humanos, pero el conductor no pudo escuchar bien los datos que sobre él le proporcionó el asistente del capitán de la nave.

Hasta ese momento solo la loma sabía específicamente de quién se trataba desde su llegada al puerto, pues sólo la montaña tenía la facultad de entender el lenguaje del viento que tan sólo se limitaba a transportar los sonidos que emitimos los humanos y que aunque algunos no lo creen caminan, aunque de manera  lenta, y por ello se desplazan sobre la faz de la tierra y del mar.

Muy pocos días después el conductor del coche tirado a caballo transportó a su esposa a una diligencia personal de ella y pasaron frente a la casa alquilada por el recién llegado, el cual estaba sentado en la galería; al verse, ambos se saludaron. La esposa del conductor le preguntó a éste:

-¿Quién es ése?

-Ese señor llegó en un barco hace pocos días y uno de los del barco fue donde yo estaba con el coche y habló conmigo para que lo llevara a donde alguien que estuviera alquilando alguna casa. Me habló algo de este señor, pero en ese momento en que él estaba hablando llegó un amigo que me debía un dinero y los dos estaban hablando al mismo tiempo; lo único que recuerdo que me dijo el del barco fue algo así como que el señor tuvo que ver con un entierro, mencionó a Santa Ana y que éste señor tuvo que salir huyendo de su país, más o menos eso es lo único que recuerdo.

Le respondió el auriga a su mujer.

-¿Un entierro…? ¿Santa Ana? ¿Que salió huyendo…?

Expresó la mujer llena de interrogantes, produciéndose en ella una mezcla de la idea de enterrar con la idea de matar para a continuación pasar a decir:

-¡No me diga que ése hombre mató a Santa Ana y que por eso es que está aquí! ¡Ay, coño!

A partir de los comentarios hechos sobre el particular por la señora del conductor de coche entre los relacionados de la pareja que los dos conformaban las conclusiones a que ella había llegado empezaron a expandirse por el entramado de la sociedad de Puerto de Plata: comenzó, así, a circular la versión de que aquél hombre ``tuvo que ver con la muerte de Santa Ana``.

Los comentarios pasaron del círculo de amistades de dicha pareja  a los círculos de amistades de los que, a su vez, componían aquel primer círculo y de manera sucesiva de círculos de relaciones a otros círculos de relaciones. Ello originó que el rumor se fuera acrecentando y se expandiera por toda la población y que comenzara la especulación sobre de quién específicamente se podía tratar.

El rumor devino en rumores. Los rumores en la pequeña población rápidamente volvían y se disparaban y comenzaron las adiciones, los abultamientos y las distorsiones. La versión central de los rumores rodó tanto que sufrió el efecto de una bola de nieve hasta convertirse, en efecto, en una bola de nieve. Hasta los niños repetían como un papagayo lo que oían decir a sus mayores de que en el pueblo estaba ``el hombre que mató a Santa Ana``.   Como todos los rumores malignos aquel rumor se aposentó de esas maneras en todo el pueblo.

Así, cuando aquél hombre era visto pasear por el pueblo a bordo de la parte trasera de un coche tirado a caballo conducido por un auriga local muchas de aquéllas personas que lo miraban decían: ``¡Ahí va el hombre que mató a Santa Ana!``

El rumor llegó hasta el sector intermedio de la población que no era ignorante, y que tampoco estaba compuesto por niños, pero que fácilmente repetía como un papagayo lo que escuchaba decir a otros. Y, por ello, en ese mismo sector se oía decir la misma expresión que se había originado en el sector ignorante de la población: que aquel hombre ``mató a Santa Ana``.

La expresión de referencia se hizo tan firme que igualmente llegó a los miembros de la clase alta lo mismo que a los miembros del sector ilustrado de la población, quienes  lo oían frecuentemente, pero creían que se trataba de otra superstición más producto de la ignorancia de los otros sectores, hasta tal grado que ni se preocupaban por preguntar siquiera:  ``¿Qué hombre es ése?`` o ``¿Dónde está ése hombre?``  Estimaban que eran puras sandeces producto de la incultura y de la imaginación popular. El rumor también había llegado al oído de las diferentes autoridades locales, pero estas también lo despreciaban diciendo lo mismo que decían los miembros de la clase elevada y del sector ilustrado, que era la expresión de alguna otra superstición inventada por las gentes ignorantes del pueblo; los miembros de la clase elevada y los del sector ilustrado se decían:

-``¡¿Qué mosquito les habrá picado a éstas gentes que salen con tantos inventos raros?!``

La intensidad del rumor, más sus adiciones gracias a la tergiversación y a la distorsión, operaron con las mismas fuerza e intensidad con que opera la saña del calumniador o de los calumniadores cuando tienen el propósito de destruir una honra ajena sobre la base de esparcir falsedades sobre el titular de dicha honra o con el mismo poderío con que operan las fuerzas profundas de las corrientes oceánicas. Todo giraba alrededor de que aquel fue ``el hombre que mató a Santa Ana``.

Aquel rumor se llegó a hacer tan poderoso que luego se tornó hasta cansino por haberse asentado como se asientan los sedimentos cuando actúan en los fluidos de la naturaleza, y  por ello le pasaba de largo a las autoridades locales.

Como ese sustrato quedó incrustado en las mentes de las gentes del populacho, muchos, cada vez que pasaban frente a la casa en que estaba viviendo el extranjero, veían a éste con desprecio (ceño fruncido, labios torcidos, todo expresando malestar). El extranjero comenzó a notar aquella actitud de desprecio hacia él, pues casi todos los que por allí pasaban así expresaban su desprecio hacia alguien que ``había tenido que ver con la muerte y el entierro de Santa Ana``. El extranjero sólo notaba las miradas fuertes y las miradas de asombro hacia él, pero el asunto no pasaba de ahí y por no pasar de ahí él creía que ello obedecía a un peculiar carácter de dichas personas locales.

-``El hombre que mató a Santa Ana se pasea en coche por las calles de Puerto de Plata.``

-``El hombre que mató a Santa Ana vive en Puerto de Plata.``

-``Ahí va el hombre que mató a Santa Ana.``

Eran expresiones usuales en el seno del populacho en Puerto de Plata.

Al final, entre la parte más ignara de la población puertoplateña todo aquello quedó así en las bocas de los que constituían la mayor parte de la población: era, para dichas personas, algo indiscutible que aquél hombre que estaba en Puerto de Plata ``había tenido que ver con el entierro de una santa`` y que ésa santa ``era Santa Ana``.

Aquellos molestos puertoplateños que cruzaban frente a dicha casa se decían para sí y comentaban entre éllos: ``¡Ese hombre está maldito, pues tuvo que ver con la muerte y el entierro de una santa!``; ``¡Ese hombre es un desgraciado, hijo de…, pues tuvo que ver con la muerte y el entierro de una santa!``.

Llegó un momento en que en una oportunidad por diferentes motivos numerosos puertoplateños coincidieron cruzando frente a la casa en que vivía el extranjero, el cual precisamente estaba sentado en una mecedora en la galería. Como una chispa brotada espontánea e inesperadamente comenzaron todos aquéllos labios a decir:

-¡Ese es el hombre! ¡Es un asesino! ¡Es un asesino!

Se lo dijeron entre éllos y todos paralizaron su andar y se quedaron frente a la casa observando a aquél de quien cada uno de ellos hablaba a otras personas que se acercaban en tránsito por el sitio y que también detuvieron su andadura al escuchar la repetición:

-¡Asesino! ¡Asesino! ¡Asesino!

Empezó a vociferarle la turba. El hombre así señalado, que estaba leyendo un libro, reparó primero en el murmullo e inmediatamente en que había una turba frente a la casa donde estaba y que lo señalaban a él con el índice acusador, voceándole ``asesino`` reiteradamente y en un tono que denotaba molestia y furia desbordadas. Creyendo justificadamente que aquella turba lo iba a agredir, el hombre rápidamente entró a la casa y cerró la puerta estrepitosamente. Su criada al oír el ruido de la puerta y el barullo, aumentado y fortalecido en extremo, de la turba que allí se había formado, le preguntó a su patrono que qué pasaba y el hombre le respondió:

-¡Ahí hay una turba que está molesta y parece que me quiere agredir! ¡Eso debe ser algún enemigo mío que orquestó todo esto...!

La señora vio la turba por la ventana y se sorprendió, pero como entre ella vio a personas a las que conocía abrió la puerta, salió a la galería y desde ella llamó y les hizo señas a los que conocía y les preguntó a éstos, que se colocaron inmediatamente delante de la turba, que qué cosa ocurría,  que qué cosa pasaba, que porqué ellos estaban así de molestos y furiosos y gritándole ``asesino`` a su patrono. Y prácticamente a unanimidad los miembros de aquella turba formada de repente de la casi nada respondieron:

-¡Ese es el hombre que mató a Santa Ana! ¡Es un asesino y debe pagar su crimen de matar a una santa! ¡Que salga que lo vamos a linchar!

La criada le respondió a la turba:

-Pero, ¿cómo va a ser? Nadie me dijo nada de eso, déjenme hablar con él para saber.

La criada, toda asustada, entró a la casa y buscó a su patrono que, asustado, estaba en el patio buscando la manera de ver cómo eludía a aquella multitud tratando de subir al techo, no obstante su avanzada edad y su clara dificultad para andar.

La criada le repitió lo que decía la turba y él, de turbado y lleno de miedo, expresó, como suspirando:

-¡Ah! ¿Es eso lo que dicen?

Su rostro había dado un cambio súbito de tal suerte que parecía haberse recuperado del susto y le dijo a la criada:

-Vamos donde ellos para yo explicarle.

-¿Usted está seguro? Porque mire, ésas gentes yo las veo muy alborotadas y muy molestas y lo que quieren es matarlo a usted, eso es lo que ellos dicen que quieren hacer contra usted.

El patrono le dijo a la criada.

-Sí, sí, no se preocupe, únicamente que vamos a hacer lo siguiente: vaya usted primero donde ellos y dígale que sólo me permitan hablarles brevemente que yo les voy a explicar todo para que se den cuenta de que es que ellos tienen unos errores respecto de mi persona.

La empleada, asustada, fue a la galería, les hizo señas a los que ella conocía, los cuales permanecían ubicados de primeros frente a la galería y les transmitió lo que dijo su empleador; aquéllos, a su vez,  les dijeron a los demás vociferándoles:

-``El hombre viene a hablar con todos nosotros y dice que estamos cometiendo un error y que nos va a explicar.``

La turba, acicateada por la curiosidad de saber cómo se defendería el hombre, accedió al pedido. La criada se lo informó a su patrono y éste salió a la galería cojeando, arrastrando una de sus piernas, y le pidió a la doméstica que le ayudara a subirse a la mesita de la galería para él poder dirigirse a aquella rabiosa multitud allí reunida y que cada minuto que pasaba crecía de más en más.

En el preciso momento en que el extranjero era ayudado por su criada a subirse a la mesita se abrieron paso cuatro (4) caballos y sus jinetes, cuatro militares, que se rápidamente se desmontaron, yendo el cabecilla con su sable en su mano derecha y los demás portando armas largas que rápidamente cargaron y se colocaron a la entrada de la galería de la casa, es decir, entre la multitud y dicha entrada,  y con sus armas apuntaron hacia dicha multitud; el cabecilla era el Comandante de Armas de la plaza y fue directamente hacia el extranjero diciéndole:

-¡Don Antonio, Don Antonio! ¿Qué es lo que pasa que todas éstas gentes se ha convertido en turba? ¿Qué usted les ha hecho?

El representante local del Poder había recibido instrucciones de su detentador, el General Buenaventura Báez, de que al personaje de referencia se le diera un trato respetuoso.

A dicha pregunta aquél llamado Antonio respondió:

-Nada, nada, mi estimado Comandante, ahora por favor ayúdeme usted junto con la señora a subirme a esta mesita y escuche lo que yo les voy a decir a ellos y así usted se enterará del gran mal entendido que hay con mi persona…

-Está bien, vine huyendo a todo galope porque un militar que cruzaba montado a caballo cerca de aquí vio esta turba y escuchó su estado de agitación y fue rápido a comunicarme esta situación, entonces proceda usted, adelante…

El personaje se dirigió al público diciendo:

-Señoras y señores,

distinguidas damas y distinguidos caballeros,

puertoplateños todos.

Agradezco sobremanera el que ustedes me permitan dirigirme a ustedes para aclarar lo que netamente es un mal entendido. Yo soy el General Antonio López…

-¡Mentira, mentira, el General Antonio López murió hace casi veinte (20) años en este pueblo, usted está hablando mentira!

Vociferó extremadamente airado uno de los de la turba rasgando violentamente el aire de aquel tenso ambiente.

El exponente le respondió:

-¡Por favor, por favor, no me interrumpan que yo le voy a aclarar todo, permítanme continuar!...

Nuevamente la multitud guardó silencio deseosa de devorar lo que aquél hombre le quería decir. Y continuó el señor diciendo:

-…Yo soy el General Antonio López… Por la forma en que hablo, es decir, por mi acento ustedes pueden darse cuenta de que soy extranjero, soy mexicano. He sido Presidente de México once (11) veces. Estoy aquí en Puerto de Plata porque vengo arrastrando un largo exilio por razones políticas. Como habrán podido apreciar, al verme caminar y al verme subir a esta mesa, yo soy cojo porque me falta una pierna, esa pierna la perdí porque una bala disparada por un cañón de un barco de guerra francés me la arrancó mientras los mexicanos peleábamos contra los franceses en Veracruz, México, en el año mil ochocientos treinta y nueve (1839). Mi pueblo, el pueblo mexicano, procedió a efectuar un entierro multitudinario, un entierro al que prácticamente asistió todo el mundo en México, un entierro de esa pierna mía que perdí, como si lo enterrado hubiera sido yo mismo completo. Es por eso que uso esta pata de palo que me lleva a caminar cojeando. Tres años después, en mil ochocientos cuarenta y dos (1842) mi pierna enterrada fue desenterrada y se le volvieron a celebrar honras fúnebres en ocasión de su nuevo entierro multitudinario esta vez en el cementerio capitalino de Santa Paula.  No tuve el honor de conocer a ése General Antonio López, un tocayo mío, que alguien voceó que murió aquí  hace casi veinte (20) años; espero que haya sido alguien bueno para ustedes. Yo soy Antonio López de Santa Anna, escuchen bien: de Santa Anna…

El exponente hizo un fuerte énfasis las dos veces que  pronunció su segundo apellido (de Santa Anna) y siguió diciendo:

-Porque parece que por ahí viene la confusión con lo de Santa Ana que ustedes mencionan;  les repito: mi segundo apellido es Santa Anna y el Anna se escribe con doble N; además, distinguidas amigas y distinguidos amigos puertoplateños, la santa a que ustedes hacen referencia, Santa Ana, ella murió hace casi dos mil (2000) años atrás; Santa Ana era la madre de la Virgen María y por ello Santa Ana era la abuela de Nuestro Señor Jesucristo. Les pido disculpas por las molestias que esta confusión les ha provocado a todos ustedes, pero, de toda forma, es decir, para mayor convencimiento de ustedes le voy a pasar mi documento de identidad nacional al Comandante de Armas aquí presente para que lo lea y después que lo lea lo haga pasar de mano en mano entre todos ustedes y al final ustedes mismos podrán preguntarle al Comandante de Armas si es verdad o es mentira lo que yo les estoy diciendo. Muchas gracias por ustedes haberme prestado esta atención.

El Comandante de Armas procedió a leer dicho documento en voz alta y después de dicha lectura dijo:

-Yo doy fe de que éste señor se llama Antonio López de Santa Anna y fui noticiado por El Superior Gobierno para que su estancia aquí en Puerto de Plata sea lo más placentera posible, ahora procedo a pasarles el documento a ustedes para que cada uno de ustedes que sepa leer lo vaya leyendo y se lo lean a los que no saben leer.

En la medida en que el documento de identidad del General Antonio López de Santa Anna era leído y pasaba de manos en manos la turba iba disminuyendo de tamaño, a la par que se notaba en muchas caras una gran vergüenza al quedar evidenciados como ``vengadores`` de una persona que había muerto hacía casi dos mil años atrás. Así, la turba se difuminó tan rápido como se formó. La vergüenza la había aniquilado disolviéndola.

El Comandante de Armas de la localidad ayudó al General Antonio López de Santa Anna a bajar de la mesita y le dijo:

-Ese General Antonio López que le mencionaron a usted vivió aquí en Puerto de Plata, es cierto que murió hace casi veinte (20) años, su nombre completo era Antonio López Villanueva y fue una persona muy estimada en este pueblo. Pero mire cómo son las cosas, aquí, así como la pierna que le arrancó ese cañonazo a usted fue enterrada con un entierro como si fuera una persona completa, así mismo un Comandante de Armas anterior a mí y llamado Manuel Lovera le hizo un entierro a su caballo, el cual él mismo mató por accidente al tratar de dispararle a dos ladrones y en ese entierro de ese caballo participó todo este pueblo. …¡Señores, y ahora esto¡ :… ¡Miren lo que es capaz de generar una confusión!

Terminó diciéndole el militar local al General Antonio López de Santa Anna, a la criada y a los otros militares que llegaron junto con él.

La noticia del incidente acaecido por la confusión se extendió por todo el pueblo aclarando así aquello de ``la presencia en Puerto de Plata del hombre que mató y enterró a Santa Ana``. Esa era la comidilla en Puerto de Plata…

Cuando el General Antonio López de Santa Anna consideró pertinente mudarse de Puerto de Plata dirigió el siguiente telegrama:

``Puerto de Plata Febrero 5 de 1870. Muy estimado Señor mío, después de quince meses de habitación en este hermoso país, me he determinado a marcharme para la Habana, en el Vapor Español que llegará de hoy a mañana en este puerto, para de ahí dirigirme a mi patria donde estoy llamado por mis amigos y conciudadanos. Pero antes de partir quiero tener el placer de manifestarles todo el agradecimiento de que soy poseído por la hospitalidad que he recibido tan generosamente. Si la muerte cansada en perseguirme permitiera cambiar mi posición política, no podría menos que reconocer una nueva bondad de la providencia; pero en cualquiera circunstancia que me encuentre tendré la mayor complacencia en recibir las órdenes de su agrado, considerándome entre sus adictos más sinceros; con cuyos sentimientos tengo el gusto de suscribirme de Usted. Su más afectísimo seguro servidor que le desea felicidades y B.S.M. A. L. de Sta. Anna.  Excmo. Señor General Presidente de la República D. Buenaventura Báez, Gran Ciudadano``.


Lic. Gregory Castellanos Ruano

Nota aclaratoria del autor para evitar malentendidos innecesarios: este escrito pertenece al género literario del cuento histórico, es decir, es un cuento basado en hechos de la Historia. Es parte de la Historia la presencia del General Antonio López de Santa Anna en Puerto de Plata en las postrimerías de 1868, su estancia en ella hasta Febrero de 1870, lo mismo que los sucesos sobre su pierna acaecidos en México, sus once presidencias en ese país; también la existencia de Antonio López Villanueva, el entierro del caballo de Lovera, el telegrama dirigido al Presidente Buenaventura Báez y la genealogía en torno a Santa Ana. Por el contrario, lo que es ficción literaria es la trama de la no audición correcta del conductor del coche, la confusión de la señora de dicho conductor, que dicha confusión se expandiera y la turbamulta aludida. Dicho suceso pudo haber ocurrido, pero no tenemos constancia histórica de ello y es por eso que aclaramos que de parte nuestra lo que hicimos fue un ejercicio de ficción literaria dentro de un determinado ambiente histórico.

lunes, 3 de octubre de 2016

El "Estratega" Presidente y lo que quiso decir Jorge Mario Vargas Llosa

                                  Jorge Mario Pedro Vargas Llosa.

"La República Dominicana está situada en una isla, parte de la cual está ocupada por la República de Haití. Tal vecindad ha sido fuente de muchas desventajas. Desde luego, la mayor de ellas es quizás la tendencia, frecuente en países extraños, a imaginar que las dos naciones son similares". 

Pedro Henríquez Ureña

Sin variar ni un ápice su rumbo de `Traición a la República Dominicana todo el tiempo`, El "Estratega" Presidente Danilo 'Dañino' Medina Sánchez propició la entrega del Premio Nacional Pedro Henríquez Ureña a Jorge Mario Vargas Llosa autor del artículo periodístico publicado por el periódico El País, de España, titulado "Los parias del Caribe" pintando a haitianos ilegales y a descendientes de haitianos ilegales (y por ende igualmente ilegales) como supuestos ``parias`` y a nosotros los dominicanos como autores y gestores de un Estado racista y xenófobo, sin reparar dicho autor ex peruano y actualmente español en que la República Dominicana nació al concierto de las naciones independientes producto de una sangrienta lucha bélica, de una gesta independentista para poder sacudirnos del yugo del sojuzgamiento haitiano que se convirtió en una manta asfixiante de la Nación dominicana durante veintidós (22) truculentos años tras los haitianos aplastar inmisericordemente la Independencia del Estado de Haití Español proclamada por José Núñez de Cáceres a finales de mil ochocientos veintiuno (1821); y, por otro lado, autor del libro ``La Fiesta del Chivo`` en el cual denigra la honestidad de todas las mujeres dominicanas.

Pero como bien reza el refrán acuñado por alguien cuyo nombre no recuerdo al momento de escribir el presente artículo: ``La Historia a la callada se venga.``   En el caso de la presente especie esa venganza consistió y consiste en la siguiente expresión emanada de la mente y de los labios del propio Jorge  Mario Vargas Llosa tras recibir el referido inmerecido ``premio`` que le entregaron la noche del diecinueve (19) de Septiembre del dos mil dieciséis (2016):   ``Ese jurado se ha vuelto loco, me dije al enterarme de que me estaban reconociendo luego de lo ocurrido.``

¿Qué quiso decir Vargas Llosa con esa expresión? ¿Cuál o cuáles son los significados de esa expresión de él?   Calificó de loco a cada uno de los miembros de dicho ``jurado``. ¿Porqué calificó a ésos sujetos de ``locos``? ¿A qué se debió que él los calificara de ``locos``?   ¿Qué lo llevó a calificar de ``locos`` a elementos que buscaban empalagosamente ``realzarlo`` (¿?)?

Sencilla y claramente porque Vargas Llosa se quedó estupefacto de constatar que en la República Dominicana podía aparecer un grupo de personas compuesto de un material humano deleznable y repugnante en tanto cuanto viendo todo el excremento que él tiró contra la República Dominicana ésos individuos tenían la cachaza, el tupé de prestarse a laurearlo; que los elementos, sujetos o individuos que constituyeron dicho grupo o ``jurado`` (¿?) no tienen ningún valor ni dignidad alguna. Con eso Vargas Llosa reconoce implícitamente, pero demasiado claramente, que él no merecía ese premio, pero esta rata traidora que nos desgobierna, lo mismo que las ratas componentes del referido deleznable jurado calificado de loco,  ``piensan`` (¿?) que sí.

Estos últimos compraron un ticket o boleto para tener derecho a figurar en directo y en vivo en `La Historia Universal de la Infamia` como `Verdaderos Infames` al seleccionar para recibir un premio a alguien que lanzó ataques denigradores contra la República Dominicana y uno de los cuales constituye un ataque denigrador claramente tendente a `demoler a la República Dominicana`.   De ahí el porqué del calificativo de ``locos`` usado por Vargas Llosa respecto de éllos.

El calificativo en cuestión no es más que un eufemismo usado por Vargas Llosa por éste estar consciente de que el acto de ese grupo seleccionarlo fue un acto `infame` y muy específicamente `un acto de Traición a la República Dominicana` porque sólo alguien de naturaleza traidora a su propio país podría realizar eso.  Un eufemismo para aderezar el real término o los reales términos que corresponden en la especie.   Vargas Llosa siguió descubriendo así que en la República Dominicana, aparte de las ratas de cloaca Juan Bolívar Díaz y Huchi Lora, la cantera de traidores a la misma es una cantera grande.   El ``jurado`` (¿?) en cuestión, pues, recibió, con esa expresión de Vargas Llosa una bofetada en la propia cara ya que es demasiado claro que lo que él le quiso decir a cada uno de sus componentes es que valen menos que el excremento.

¿Quiénes fueron los sujetos componentes de dicho ``flamante`` (¿?) ``jurado`` (¿?) ``premiador`` (¿?)?   La respuesta es: Miguel de Mena, Arturo Victoriano, Liliana Winberg, Néstor Rodríguez y Luis O. Brea Franco, este último comisario del galardón literario y asesor general del ministro de Cultura. Además, como jurado de honor figuró la señora Sonia Henríquez Toledano Vda. De Hlito.   En efecto, dichos individuos, según reseña publicada por el periódico Diario Libre en fecha cuatro (4) de Febrero del dos mil dieciséis (2016), le dirigieron una comunicación escrita al entonces Ministro ``de Cultura`` José Antonio Rodríguez en la que entre otras cosas le dicen la siguiente abigarrada bizarría:   “Gracias por la libertad que nos ha dado de poder elegir con toda independencia, y por pensar siempre en el bienestar espiritual del país, por tratar de presentar un país plural, democrático, donde sabemos escuchar, y sabemos querer y sabemos compartir ideas”.  …``   (Ver ``El jurado del Premio Pedro Henríquez Ureña asegura actuó con libertad al seleccionar a Vargas Llosa``, en Diario Libre Digital, CULTURA, 04 FEB 2016)

Dicha respuesta de Vargas Llosa es importante porque dicho propio laureado por éllos los ha enmarcado en `La Historia Universal de la Infamia`, en la `Historia de la República Dominicana` y en la `Historia del Premio Nacional Pedro Henríquez Ureña` como toda una verdadera plata excremental para vergüenza no sólo de cada uno de éllos, sino también para vergüenza presente y futura de las respectivas familias y sus descendientes de cada uno de éllos.

Dicho referido grupillo conforma `La Banda de los Seis`.   Esta pandilla desvergonzada recibió de parte del propio Vargas Llosa todo un baño de excremento al que olerán para todo el resto de la vida de cada uno de éllos, lo mismo que para todo el resto de la vida de cada uno de los parientes de éllos.   Pretendieron exaltar a una persona con ciertamente un innegable gran talento literario, pero que asestó un puñetazo a la Soberanía de la República Dominicana y a la dignidad de las féminas dominicanas, y lo que recibieron de parte de él fue el calificativo de ``locos`` porque obviamente dicho por éllos laureado consideró que éllos meramente son desechos humanos.   A partir de esa fecha, diecinueve (19) de Septiembre del dos mil dieciséis (2016), ésas seis (6) personas que conforman  `La Banda de los Seis` van a tener que aprender a vivir con esa carga histórica aplastante que es esa lamentable opinión que respecto de éllos tiene su inmerecido e injustificado ``laureado`` (¿?).

Otra clara dimensión semántica que retrata dicha expresión de Vargas Llosa es que la misma quiere decir que él le está diciendo a ésos sujetos componentes de `La Banda de los Seis` que éllos pura y simplemente `no sirven`.   Esos individuos lo que hicieron fue sumergirse en la Infamia para navegar en ella para todo el resto de la vida.

Esa es la consecuencia esencial que sufre todo traidor a su propio país: el también sufrir el desprecio de aquél que ha mancillado al país traicionado y al pie del cual mancillador dichos traidores se han inclinado genuflexamente.   Es decir, ésos seis sujetos no valen `ni un centavo y ni un pepino guayado y ni siquiera una guayaba podrida` no sólo para sus connacionales dominicanos conscientes, sino tampoco para el propio Jorge Mario  Vargas Llosa.

De manera que, en síntesis, Vargas Llosa al recibir su `inmerecido` ``premio``, a su vez, les reciprocó a dichos componentes de dicho ``jurado`` `Traidor a la República Dominicana` constitutivo de `La Banda de los Seis`  con otro premio que en directo y en vivo en aquel escenario les otorgó a éllos el Nobel ex peruano y hoy español, y al cual premio que por reciprocidad  les otorgó él a éllos ya nos hemos referido precedentemente, por lo que reiterar lo ya dicho pecaría de clara súper abundancia.

PD.: Vaya nuestra eterna solidaridad para con la señora Raquel Valerio, esposa del brillante y admirado historiador dominicano Manuel Núñez, ante la violencia ejercida contra élla (en la entrega del referido inmerecido ``premio`` a Jorge Mario  Vargas Llosa) por sirvientes de este `Gobierno de la Traición a la República Dominicana que encabeza Danilo `Dañino` Medina Sánchez`  que, al parecer, a diferencia de otros servidores estatales, no se han dado cuenta de que Danilo `Dañino` Medina Sánchez es un gobernante ilegítimo por múltiples razones (Traición a la República Dominicana, violaciones a la Constitución, fraude electoral, etcétera), y que, por vía de consecuencia, ninguna de sus órdenes, ni las truculentas (como esa cometida contra la señora Raquel Valerio) ni las no truculentas, deben ni tienen que ser obedecidas por ninguno teóricamente bajo su mando como supuesto ``Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional`` (¿?), pues él está usurpando la Presidencia de la República Dominicana gracias a su clarísimo `secuestro de las instituciones del Estado`.


Lic. Gregory Castellanos Ruano
Santo Domingo.