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domingo, 24 de marzo de 2013

El corrupto “ético” está de moda



El corrupto “ético”
El corrupto “ético” existe: se trata de gente que suele jugar a horrorizarse, cuando ven los múltiples casos de corrupción que sacuden el país. Aunque la diversidad y complejidad del hecho corruptor hacen de difícil definición algunas conductas que ilustran su actuación en el sentido más estricto del quehacer dramatúrgico, es justamente dentro de la complejidad desde donde se puede ilustrar la conducta de la corrupción “ética”.

Paradójicamente se trata de personas que alguna vez gozaron del prestigio de ser serios, llevando una vida sencilla, sin mayor pretensiones… pero, de  repente, una coyuntura de amistad política o profesional les arrastró hasta un evento que los puso en manos de alguien “que lo ayudó” (cuando el hijo cometió aquel crimen, o que “resolvió lo de la hipoteca”) - situaciones que lo llevaron a tener que agradecer favores conseguidos  en condiciones nada éticas.

El corrupto “ético” también puede ser una persona de reconocida presencia pública, encontrándose en cualquier status económico, pues lo que en realidad lo define es su verticalidad ante los hechos de corrupción, su “coherencia” en torno a su conducta aparentemente impecable, de tal seriedad que hasta es percibido por sus congéneres como una persona íntegra y defendible. Gran simulador, vive convencido de que hay cosas mal hechas desde el gobierno, - que él no las haría, otras sí. Orientado al tráfico de influencias, se mueve entre las redes del poder con naturalidad y cinismo: “Fulano es mi amigo”, “La hija de X estudia con mis hijos”, “Pasamos el fin de semana en la finca de fulano”,… citas de encuentros que dejan claro sus vínculos con el poder, a los que “no da importancia”, pero que si los necesita, les llamará (como hizo cuando le becaron los hijos para estudiar en Europa).

Este corrupto, que ha vivido criticando las conductas indecorosas en círculos de amigos, compañeritos de partido y espacios televisivos, se encuentra repentinamente entre los beneficiados de pensiones de Bancos, tiene la pretensión de hacer las cosas bien hechas. Pero de vez en cuando, este “ético” sí puede beneficiarse de unos furgones confiscados, un combustible… Se descarrila por no hablar de aquellos que bajo el renombre del cuñado,  llegan a ocupar posiciones (de bocina) nunca soñadas.

Una de las limitaciones del corrupto “ético” es la incapacidad de reconocerse en algún acto calificable como no ético e inmoral, conducta que comparte con todas las demás categorías de corrupto que venimos observando, debido a que se trata de una condición ideológica arraigada en la cultura local, que es parte de la personalidad de los individuos corruptos. Desconocedor del accionar y límites entre lo público y lo privado, gobierno y Estado, colmadón y ministerio, es capaz de pasarse 14 años cobrando su pensión en la Junta mientras cobraba su salario en otro organismo, descubriendo que ha estado realizando algo mal hecho, cuando lee en la prensa escrita las denuncias sobre los salarios y la desigualdad de las pensiones, no manifestando interés alguno por renunciar al privilegio y retornar el dinero producto de una violación a la ley.

“Porque eso, siempre se ha hecho así”,  cita que  le permite legitimar las faltas dentro de la  historia y seguir siendo “ético”, pues se ganó el lugar de honorable en el discreto ejercicio de su profesión, y lo que está pasando “no es culpa mía, sino de este sistema tan retorcido”, pretendiendo que tiene una ética blindada - de aquí que resulta imposible llevarlo a la categoría de corrupto común, y mucho menos de meterlo preso.

Poseedor de un discurso y una conducta reconocida como ética por los demás,  ha  exigido transparencia, desgraciadamente, cuando debe aplicársela, se niega, reaccionando con soberbia e indignación al ser confrontado. “¿Y por quién me han tomado? ¡Vamos a respetarnos!”, negándose rotundamente a que le sea hecha una auditoria a la institución que dirige.

De grandes debilidades, como todo ser humano, el corrupto “ético” quiere jubilarse y guardar un puesto en el gobierno.  Algo que ha logrado hacer  algunas veces.

Aunque no se vea ligado abiertamente a grandes actos de corrupción, sirve a la misma con su aceptación y silencio cómplice - lo que se pone de manifiesto en el proceso de su lealtad a las estructuras de poder, dentro de las cuales pretende moverse sin que se le moje la cola. Capaz de reconocer que hay cosas que están mal hechas, se ha cuidado de que el nepotismo no  lo alcance colocando la familia en alguna Embajada.

Donde el corrupto” ético” es perfectamente creíble al punto de sorprendernos, es cuando siendo sospechoso de un acto de corrupción, procede a defender su honra de forma irracional, recurriendo al manejo de su imagen pública y “credibilidad”, cayendo en discusiones bizantinas y en actos que recuerdan aquellos caballeros que sellaban contractos con el pelo del bigote. Ante el honor mancillado, invita a cualquier periodista de opinión a batirse a tiros, tras denunciarse que es  beneficiado por contratos millonarios.

Dentro de la tipología de  corruptos, el “ético” es el menos vulnerable e incontrolable por la justicia, dado el manejo que ha hecho de su imagen y de las pruebas del delito, siendo capaz de perder toda una fortuna puesta a nombre de  terceros, antes de poder ir a la cárcel.  Casi imposible de comprobársele los hechos,  suele manejarse dentro de un discurso anti corrupción permanente, con tonalidades pedantes que refuerzan su conducta de persona seria: haciendo citaciones del más profundo pensamiento filosófico basado en la ética y/o apoyado en hechos históricos, donde siempre se mete en valor su integridad a toda prueba. Cayendo por su propio peso su frágil seriedad, bajo la  siempre inesperada denuncia como “él no pago de unos servicios, la revisión de un contrato, un divorcio inesperado, un WikiLeak, … los que ponen en evidencia la dimensión de su involucramiento en el delicado escenario de la corrupción.

Capaz de recurrir a la genealogía para dejar sentado que, desde varias generaciones, todos han sido serios en esa familia, pretendiendo heredar la ética genéticamente, siendo de todos los tipos de corruptos que tenemos el que menos asume que puede estar realizando actos de corrupción - aunque en el instante mismo en que nos hable de ella, pueda  estar incurriendo en el más indecente de los actos públicos.

Como se observa, el corrupto “ético” está de moda. Ante tantas denuncias de periodistas, organizaciones nacionales e internacionales empeñadas en acabar con el flagelo, éste se prepara para no ser desnudado por el vendaval de la transparencia, sintiendo la necesidad de querer no ser. Ha caído en unos estados de frenesí del disimulo, que a veces dan lástima, pretendiendo aparentar ser más pobre de la cuenta. A fin de recordar que “aquí, hay gente seria todavía, en la que se puede creer, capaz de estar en el poder, en ese lodazal sin que se le ensucie un pelo”, en un ejercicio de difícil malabarismo ético al cual este tipo corrupto apuesta permanentemente.
Amanda Castillo
Antropóloga
acento.com.do
http://www.acento.com.do/index.php/blog/8460/78/El-Corrupto-etico.html
Foto fuente: http://elcuadernodepelayo.blogspot.com/2013/02/imputads-por-corrupcion-dimision-o-cese.html

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