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lunes, 6 de marzo de 2017

En este país hay programas de radio y de televisión que cuestan más al Gobierno que el mantenimiento de un hospital


¿Bastarán los parches?
Aunque se sabe que la democracia es un proceso en constante construcción, muchos dominicanos se preguntan hoy si hemos llegado a un punto en que no bastarán los parches para remediar un cuerpo que ha sido invadido de tal manera por la enfermedad que parece insalvable.

La democracia representativa se basa en la separación de los poderes y en los “frenos y contrapesos”, por medio de los cuales cada poder sirve de contención a los demás, pero en la República Dominicana hemos llegado a un punto en que ni siquiera cuando la oposición controla uno de los poderes, funciona el sistema.

La democracia opera por medio de partidos políticos que articulan los intereses de la sociedad. En nuestro país, los partidos políticos no articulan nada, y sólo son fachadas para hacer negocios y obtener prebendas del Estado. Ahora mismo, miembros de los partidos políticos, por esa condición, son competidores de los empresarios legítimos, en una situación que hemos llamado la “corporación político-empresarial.

Dadas las características de la sociedad dominicana de hoy, el Gobierno ha sido capaz de penetrar todos los organismos sociales que podrían ofrecer algún grado de contrapeso cívico a la labor de las autoridades. Así, la compra de periodistas es rampante, las iglesias forman parte del entramado, y todo el que saca la cabeza en la sociedad civil consigue un “cargo público” que lo elimina como interlocutor válido.

En este país hay programas de radio y de televisión que cuestan más al Gobierno que el mantenimiento de un hospital.

Es evidente que se necesita un sacudón, pues no bastan los parches para sanar al enfermo.


Adriano Miguel Tejada
atejada[@]diariolibre.com
Diario Libre
Viñeta: El Roto

viernes, 3 de marzo de 2017

Atrapado y sin salida (No way out)


Ojo con posibles inventos del gobiernismo
Desde que se conoció que Odebrecht admitió haber operado aquí su esquema internacional de asesoría y financiamiento de campañas electorales y sobornos para lograr la contratación de obras públicas sobrevaluadas, adelanté los devastadores efectos que tendrá el caso para el Gobierno del presidente Danilo Medina.

No era aventurado suponer, escribí, que “un primer daño colateral del tema Odebrecht (...), es que cierra espacio a la aspiración de sectores del PLD de aventurarse a ... que el presidente Medina aspire a reelegirse”.

Sin importar el derrotero que siga el affaire, el tribunal del imaginario popular, ya condenó al Gobierno, cual muestran el empoderamiento ciudadano de las demandas por el fin de la impunidad, y la caída en la popularidad del presidente Medina.

¿Por qué la mayoría de la población, que habría respaldado la reelección presidencial de Medina, hace apenas 8 meses, ha dado un giro tan negativo?

Porque eran de público conocimiento los estrechos vínculos entre el PLD, Danilo Medina y el Partido Trabalhista Brasileiro y sus líderes Lula da Silva y Dilma Rousseff, arrastrados en el entramado de corrupción Lava Jato.

Fue de ese infeccioso entorno brasileño de donde salió el engendro Joao Santana-Mónica Moura, asesores de marketing político de Lula, Dilma y Danilo, y fichas claves en las operaciones de Lava Jato.

La mayoría de los medios dominicanos no publicaron informaciones de los allanamientos e interrogatorios de la policía de Brasil a la parejita de delincuentes, en los que fueron mencionados los nombres de República Dominicana y del presidente Medina, mas esas informaciones fueron profusamente difundidas por las redes sociales y Radio Bemba.

Como parte de su anuncio de disposición a sancionar a Odebrechet, en su discurso del lunes el presidente Medina destacó que el acuerdo firmado con la empresa la compromete “a colaborar con las investigaciones y a asumir el mismo código de comportamiento ético, gobierno corporativo, integridad y transparencia pactado en el Acuerdo de Lenidad firmado con Brasil, Estados Unidos...”

Pese a esa defensa presidencial, el juez José Alejandro Vargas se acogió a las leyes y rechazó por inadmisible el acuerdo, pues como advirtiera el líder opositor Luis Abinader, “ningún acuerdo puede ser aprobado sobre la base de eximir de responsabilidad penal a los implicados, ni puede ser homologado por los tribunales dominicanos hasta tanto no sea conocido el alcance de los daños sufridos por nuestro país”.

En ese desesperado panorama, los politólogos Daniel Pou y Belarminio Ramírez y el fino columnista Orlando Gil coinciden en vaticinar la existencia de condiciones para una nueva reelección de Medina.

Hablar de reelección en un momento tan adverso indica que gente del entorno palaciego pueden tratar de correr ideas descabelladas.

Miren lo que sugiere Berlarminio Ramírez debe hacer el presidente Medina, cito su declaración: “coger un colín como esos campesinos de San Juan, amolarlo por los dos lados, y todo aquel que le hago daño a la imagen de él y de su Gobierno, chapiarlo de lado y lado’’.

Se trata de una sugerencia que indica la ansiedad, el estrés y la sensación de “atrapado y sin salida” en que se encuentran litorales gobiernistas. Ojo con eso.


Nelson Marte
Periodista
elCaribe
Viñeta: El Roto

lunes, 20 de febrero de 2017

La impunidad es el reino superior de las élites


Delincuencias de las élites
La impunidad es el reino superior de las élites, la garantía de que la ley no se les aplicará a ellos. Es un mundo de hombres que viven por encima de la ley, donde otros hombres –los ciudadanos comunes– son los únicos que tienen obligaciones. Son los nuevos criminales, sus actos personales compran, deforman y violan la ley humana en casi todos sus sentidos y valores.

Cree esta forma de criminalidad de la gran corrupción que puede ser invisible, o quedar impune por mecanismos que son maniobrados por su clase, pero los hechos de hastío, de rencor o de impotencia de las masas en los últimos días (sobre todo por el caso Odebrecht en el continente latinoamericano) dicen lo contrario: el combate es inevitable. Se espera que el poder no escape a la ley, por personas que han agredido tan horriblemente a estas naciones.

La impunidad es casi tan grande como la cifra oculta de la criminalidad. Es casi un mito creer que ella se describe a través de muchos medios como las acciones de los hombres infames que encarnan de forma simbólica la fuerza del mal, de las acciones abyectas y viles de los que detentan el poder.

Existe otra cara de la naturaleza de la impunidad: la del hombre humilde que se deja corromper por necesidad, y la del hombre sin instrucción pública que dice: “si los de arriba roban, nosotros también”; “si el de arriba puede coger, nosotros qué”.

Sucede que la impunidad de los delitos es una situación irregular de los cambios a posteriori de los hechos y de los derechos conculcados por las élites. Por un lado, hay impunidad en la falta de sanción o el delito queda sin la pena correspondiente; en el otro, se declara extinta la responsabilidad del acusado por causas distintas a la de la muerte, como el indulto (delito común), amnistía (delito político), el perdón o la prescripción.

Hay otras formas de impunidad, que sólo puede impedirse por el interés de la voluntad de las personas particulares, como son los delitos de difamación e injuria, el estupro y la violación; la impunidad del adulterio, en el marido que ha sorprendido ‘in fraganti’ a la mujer y no está dispuesto a soportar la vergüenza.

Los padres que callan la violación de una hija. Todas esas formas de impunidad se relacionan al mundo de los hombres comunes:

El caso Odebrecht es un fenómeno de la gran corrupción de las élites; hasta ahora tiene forma de impunidad de hechos.

En opinión del maestro español, don Constancio Bernaldo de Quirós Pérez (1941), explica los casos en que esta se presenta: a) los hechos punibles pasan como desconocidos por ante los ojos de la Justicia; b) las faltas o delitos se conocen, pero la Justicia no logra determinar su responsabilidad, por no haber sido aprehendidos; c) los hechos de los responsables no son perseguidos ni penados, por excepción abusiva, por la organización política y social de los tiempos actuales.

En fin, ¿qué es Odebrecht? Una forma de lucha contra la gran corrupción, que es la delincuencia de las élites.
Esta puede ayudarnos a retroceder la impunidad, a impedir a que los poderosos se escapen.

Para ello se recomienda como forma de prevención y de represión, la vigilancia bancaria y la instauración del embargo civil.


Wilfredo Mora
antropologia1210[@]gmail.com
El Día
Viñeta: El Roto

martes, 7 de febrero de 2017

Autoridades RD en niveles decepcionantes de confianza y credibilidad


Cuando los líderes callan
La gente reacciona suspicaz y desconfiada cuando el silencio de los líderes es la única expresión desde el poder ante escándalos tan graves como el de Odebrecht. Esa reacción es lo que recoge la encuesta Gallup-Hoy que el diario Hoy empezó a publicar desde ayer lunes. Que el 87.7% de los encuestados crea que funcionarios del Estado se beneficiaron de los sobornos, y que el 59.6% descarte que los sobornados vayan a ser castigados, coloca en niveles decepcionantes la confianza y credibilidad en nuestras autoridades.

Las relaciones con Odebrecht en este país involucran a tres gobiernos, algunos de cuyos funcionarios han sido entrevistados por un Ministerio Público que dice confiar en el compromiso de la firma brasileña de revelar identidades. Ninguno de los líderes de esas administraciones del Estado ha abierto la boca en relación con el escándalo, ni siquiera para imitar a sus colegas de otros países salpicados por el bochorno. Y el resultado de la encuesta Gallup-Hoy recoge precisamente la reacción desconfiada de una muestra de la sociedad ante el silencio.

En ese mar de escepticismo navega la investigación, que cada vez demanda más recursos mediáticos, pero que no arroja ni pizca de posibles consecuencias. La pregunta obligada es qué pretenderán hacer los líderes silentes con el fardo de incredulidad y desconfianza que provoca su silencio.


Editorial Hoy
Hoy
Viñeta: El Roto

jueves, 31 de marzo de 2016

La arrogancia, el egocentrismo y la prepotencia les brota por los poros


Prepotencia por el disfrute del poder
No hay cosa más sabrosa que la sensación de placer que se deriva del disfrute del poder. Se tienen todas las ventajas de otorgar favores, hacer bellaquerías y asegurarse un buen futuro. Y si por las veleidades populares y del destino obligatoriamente se vean desplazados del poder, ojalá que sea de buena manera, y no convulsionados por un estallido social y popular de virulentas consecuencias.

El disfrute del poder es lo que más genera la transformación de las conductas y personalidades de los individuos, que mansos y humildes, se convierten, en menos de lo que canta un gallo, en arrogantes y petulantes. También con un ego elevado a la enésima potencia para despreciar a los que una vez fueron compañeros inseparables en todo tipo de actividad social o los ayudaron en los tiempos de calamidades.

La prepotencia es una mala consejera. Por una peculiar condición de la evolución genética de los políticos, a casi todos se les introduce unas ínfulas de sentirse superiores. Se creen que su opinión los hace infalibles, y su nueva terquedad los lleva a ignorar a los demás.

Se busca descalificar a los otros políticos y a críticos, endilgándoles una percepción de la realidad distinta a la que los funcionarios se han forjado en sus confortables despachos ministeriales. Están apartados de la plebe mundana e ignorante, según su criterio de superioridad.

Se vive con una nueva generación de políticos del siglo XXI que no se detienen, bajo ningún remordimiento de conciencia, para buscar solo sus beneficios. Ellos atropellan y atraen a los que necesitan para que le sirvan de respaldo a sus planes de control popular.

Los políticos se venden como mansos y humildes. Dicen que están asequibles a todo el mundo en sus relaciones, pero reniegan de ese mensaje de humildad al momento que se tiene el poder. La arrogancia, el egocentrismo y la prepotencia les brota por los poros, aplastan o descartan, y alejan de diversas maneras, a los que disienten de ellos.

El lenguaje se utiliza para pisotear con la fuerza de las palabras a los que no creen en tanta humildad. Se denuncia y se critica la actitud de fariseos de un sector político millonario que se ha adueñado de una supuesta verdad. Quieren hacer callar las voces disidentes que tratan de despertar a la opinión pública para que no se sumen al coro de la conformidad. Así solo se aceptaría que los recursos públicos sean para disfrute de un pequeño grupo de más agallas y de poder militante con un verbo agresivo para infundir temor.

El ejercicio del poder permite el uso de un amplio abanico de posibilidades de sumisión y de domesticación. Así se cuenta con las masas y cerebros sumisos para llevar a cabo los objetivos, muchas veces concebidos con varios años antes de llegar al poder. Son los políticos sagaces e inteligentes que establecen un cronograma o carta de ruta de actividades de cómo sería su accionar si llegan a alcanzar el poder. Ellos ya tienen el día a día de las actividades pautadas. Entonces, si surgen contratiempos o se producen alteraciones, se originan percances indeseables. En esos casos se necesita modificar programas, y como se dice, arreglar la carga en el camino y poder retomar la estrategia original.

El ejercicio dominicano de la política es muy peculiar. Rompe todas las teorías y esquemas normales de un buen comportamiento. Para los profesionales del tema, y expertos mediáticos, es un tremendo dolor de cabeza analizar las conductas de los políticos criollos. Ellos están enfocados en que su acceso a la actividad política es para buscar los beneficios de todo tipo a nombre de la supuesta ayuda al pueblo. Este es embaucado sin piedad por los asaltantes del poder. Estos, a final de cuentas y en poco tiempo, pueden codearse con sus fortunas al vapor con los sectores sociales más rancios y tradicionales de la sociedad dominicana.

Lo que incomoda a los ciudadanos honestos es la impunidad que desde hace tantos años domina el ambiente. Se acepta, como algo válido para arrimarse al poder el enriquecimiento, engañando al pueblo crédulo e ingenuo.
Con sus malicias naturales, los políticos hacen de la colectividad un fértil territorio para buscar respaldos. Con promesas o pequeñas dádivas, saben que tienen al pendejo pueblo, cautivo.


Fabio Herrera Miniño
Hoy

lunes, 10 de agosto de 2015

Perdedores: Dominicanos fracasados



Fracasados y perdedores 
Tan solo ocho palabras me indujeron a escribir esta breve reflexión. Me trajeron a la memoria las que una ex compañera me había escupido en la cara previo a marcharse para siempre, "eres un looser, un perdedor", así dijo textualmente.

Cabizbajo, me quedé mudo al no poder responderle, estaba en lo cierto (por lo menos así lo sentía en ese momento).

Al igual que muchos otros compatriotas fui criado para actuar lo más correctamente posible en el medio en que me movía, sin excesos y con líneas rojas bien definidas que no debía cruzar nunca.

Aprendí que los juegos de azar solo tienen como destino la perdición, que las drogas son un camino sin retorno y que robar o matar no te lo perdonas ni te lo perdonan los otros jamás.

Estudié, llegué a graduarme con tropezones y luego de insertarme en el mercado laboral di lo más que pude y actúe lo más honesto que me fue posible.

Tenía una vida normal, un trabajo, una familia, cuentas por pagar y la eterna lucha para llegara fin de mes. No era el paraíso, pero sí era una vida.

De pronto llegaron ellos, con sus promesas de progreso, de pulcritud y de servirnos a los ciudadanos, que al igual que muchos se los compré. 

No hicieron más que llegar para perder mi empleo, luego mi casa y más adelante mi auto. Se marchó mi mujer y mis hijos hicieron su vida.

No voy a extenderme haciendo una larga y triste historia de mi trayecto, solo quiero anotar que muchos de los que creían que no me interesaba buscar empleo o que no ponía de mi parte para salir adelante; hoy están en la misma situación. Hemos ido cayendo uno a uno. Somos cientos de miles de dominicanos profesionales, técnicos y buenos empleados a los cuales nos robaron nuestras vidas, impunemente.

Más de una década después estoy convencido de que no soy un perdedor ni un fracasado. No fui criado para ser un corrupto. Los inmorales tienen el mando, tan solo hay que quitárselo, hacerles pagar todo lo que le han hecho a este pueblo y traer de nuevo la cordura, la honestidad, el respeto y las buenas maneras al pueblo dominicano. Y esto hay que hacerlo ya, por las buenas o por las malas.

Eso es todo.


Jaime A. González / Desde La República Dominicana

sábado, 4 de julio de 2015

Moderación



ANR. Asociación Nacional del Rifle. (USA)
GDSI. Grupo de Delincuentes y Sicarios en Impunidad. (RD)


El Roto
elroto.elpais[@]gmail.com