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miércoles, 10 de febrero de 2016

Los desesperados



Desesperados
Desesperado está el pueblo dominicano, ¡ese sí! Desesperado con tantos robos y asaltos. El miedo no es percepción, ¡oh no, señor Ministro de Interior! Los ladrones rompen hierros y asesinan. No vale seguro de carros, ni alambres de púa, ni hierros, ni guardianes, ni perros, ni alarmas. Todo lo rompen, todo lo abren, todo lo violan. Hasta verjas eléctricas hay que poner ahora en busca de protección. Este país está lleno de ladrones; robar es un oficio. Matan por un celular, una cartera, y hasta por una simple discusión callejera. Y después de cometer sus fechorías, encuentran amigos en la policía.

Desesperado está el pueblo con la congestión del tráfico. No importa la hora ni las calles; es congestión por doquier. Y si la calle es solitaria, aún peor, da terror. Un asalto, un robo, llegan los pasoleros. En el mejor de los casos roban; en el peor, matan. ¿Y las carreteras? Una ruleta rusa: vías mal diseñadas, fallos de construcción y problemas de corrupción. Encabezamos el mundo en accidentes automovilísticos y las autoridades ni se inmutan. ¡Qué horror! ¿Y el alcohol? Más que leche se ingiere.

Desesperado está el pueblo con la cantidad de basura que no recoge ni el gobierno municipal ni el nacional. Fundas y fundas, desechos, mal olor; y los ratones, cucarachas, moscas y mosquitos hacen fiestas. Ni la fumigación puede con ellos, brincan y vuelan, pican y muerden.
Desesperado está el pueblo con el dengue, el chinkungunya, el zika, y demás mosquitos transmisores de virus que llegan del África lejana. Aquí tienen su hábitat perfecto: basura, agua estancada, cañadas llenas de lama y cunetas atascadas que nunca han visto una escoba o un desagüe que funcione. Y ahora una huelga de médicos.

Desesperado está el pueblo con los impuestos, que suben y suben como si aquí sólo vivieran millonarios con yipetas. Es un jugoso 18% hasta para tomarse un cafecito. Llegó febrero y los supermercados abandonaron los clientes. No absorberán más el inflado ITBIS, aquello fue cortesía de enero.

¡Ah! y no se entusiasmen mucho con el derroche de dinero en las elecciones; después vendrá otro aumento de impuestos, porque todo cuesta y todo se cobra. Por ahora habrá caravaneo y bandereo, y nadie estará dedicado a resolver los graves problemas del pueblo. Es época de alboroto, activismo, engaños, transfuguismo y confrontaciones. Estamos en elecciones.



Rosario Espinal
Hoy

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Frases célebres: La politóloga peledeísta



"El PRM amagó con ser un partido nuevo y moderno, pero rápidamente fracasó en el intento. Se entregó al PRSC. El costo de una campaña nacional sin financiamiento público, y una casilla distante del frente, hizo el proyecto inviable para Hipólito Mejía y Luis Abinader. Botar fortunas personales no está en sus planes".

+ Expresada en su artículo 'Del PRD y el PRM'.


Luis Del Monte / Desde La República Dominicana
Caricatura: Mercader

lunes, 14 de diciembre de 2015

La politóloga confirma que el beneficiado de pacto es el PLD



La traición del PRM
Si alguien tenía alguna duda de lo oprobioso y descabellado que ha sido el pacto del PRM con el PRSC, solo tiene que leer la opinión de la politóloga. Ella dice que es beneficioso para ambas partes, y como ya sabemos leer sus mensajes, quiere decir que el PLD es el ganador en todo esto. Nadie le gana al PLD. El PLD es invencible. Esperen su artículo del miércoles, al final...no es posible vencer al PLD.

Lea sus declaraciones aquí.


Jeannelle Koss / Desde La República Dominicana
Captura: 7dias

miércoles, 14 de octubre de 2015

La OISOE ilustra la perversidad en el Estado Dominicano


OISOE: ciudadanía a la intemperie
La OISOE no es sólo OISOE; el escándalo reciente es la desnudez de las múltiples formas de corrupción en el país: malévola, pervertidora, inhumana; disfrazada con nombres rimbombantes, en este caso: Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras del Estado.

La OISOE no es una institución cualquiera. Está adscrita a la Presidencia para servir los propósitos de la Presidencia. No es corrupción en Pedernales, ni en Elías Piña, ni en Dajabón, ni en la cochinchina. Es en la capital, en la cercanía presidencial.

Pero el encono de la población (que el Gobierno sabe se evapora rápido), es un ejercicio facial u oral, nunca mental; porque si golpeara realmente el cerebro, produjera una revuelta moral y social.
La corrupción gubernamental dominicana es ancestral y persistente. Y si en el sector privado también hay corrupción, es porque lo permite (y hasta fomenta) el Gobierno. Es muy simple, en sus manos está la ley para permitirla o no.

¡¿Cómo es posible que se asigne una obra de construcción y funcionarios públicos se propongan hundir los ingenieros (o cualquier contratista) dilatando el pago? ¿Cómo es posible que funcionarios vinculados a la misma institución que debe pagar las obras sean prestamistas de extorsión? ¿Cómo es posible que se necesite un suicidio para que el fraude sea noticia?

En República Dominicana, desde tiempos inmemoriales, el raterismo es sinónimo de gobiernismo. Y como tanta gente depende ahora del Gobierno, el raterismo es una condición amplificada en la sociedad dominicana.

Por eso los escándalos se repiten. Por eso los enconos se evaporan. Por eso los políticos aspiran a ser beneficiarios. Por eso no persiste la crítica contundente. Es un mal tan extendido y profundo que mucha gente lo toma simplemente con cinismo y despecho.

Antes como ahora, se producen algunos encarcelamientos, pero se dilatan los juicios; y el Gobierno espera que pase el reperpero para seguir igualito. Todo vuelve a la normalidad: el robo, la extorsión, el abuso. Una ciudadanía a la intemperie.

La OISOE ilustra la perversidad en el Estado Dominicano. Se creó para un fin (supervisar) y devino en otro (ejecutar). Se creó, supuestamente, para lograr mayor rapidez y efectividad en los proyectos de construcción, pero devino en instrumento reeleccionista de todos los presidentes desde Balaguer que la creó.

La OISOE es duplicidad porque hay un Ministerio de Obras Públicas, pero la duplicidad genera beneficios al partido gobernante, el que sea, porque hay más empleos públicos y más oportunidades de extorsión.

Ningún presidente dominicano está exento de la culpabilidad que emana de una oficina sin misión correcta, y por demás, sellada por denuncias de corrupción. Al director de la OISOE lo nombra el Presidente y responde directamente al Presidente. No hay pues manera de hacerse el tonto o culpar a otros.

Pero ojo, en República Dominicana se puede robar a la luz del día y no pasa nada (pregúntele a un transeúnte asaltado), se puede extorsionar y no pasa nada; siempre y cuando la víctima esté desprotegida, lo que sucede a la mayoría de la ciudadanía.

El baño ensangrentado en la OISOE es el cristal perfecto para mirar todo el Estado Dominicano. No importa en qué dirección, aparece la letanía de escándalos de corrupción o ineficiencia.
Y todavía el Gobierno espera que la población esté feliz, que siga adormecida, y crea que en este país se forja una clase media grande y fuerte.

El Gobierno sobrevive impune a todos los escándalos por una sencilla aunque grave razón: no existe ninguna fuerza con suficiente poder moral y político para cuestionar legítimamente la corrupción.


Rosario Espinal
Hoy

miércoles, 7 de octubre de 2015

Crecimiento económico: narcotráfico, haitianos y préstamos internacionales

                Sabiduría popular, mal escrito pero sabiduría al fin.

Crecimiento económico fallido: ¿clase qué?
Cada año, el reporte sobre la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de República Dominicana deja el país perplejo. Con frecuencia se anuncia alta; por ejemplo, en el 2014 fue 7.1%, la mayor de América Latina, según las autoridades; y para 2015 se proyecta también alta.

En estos momentos, además, voces gubernamentales proclaman que en República Dominicana la clase media va en aumento y ya supera la pobre; ergo, llegó el progreso.

Un país con 10 millones de habitantes, que en los últimos 50 años ha crecido tanto, debería mostrar mejor nivel de vida para la mayoría de su población. Pero no, abunda la pobreza aunque la quieran encubrir con un supuesto aumento de la clase media.

¿De dónde proviene tan alto crecimiento económico año tras año?
En República Dominicana no hay patentes de invenciones importantes ni tampoco sofisticación tecnológica. Las zonas francas, aun en tiempos de auge, pagan bajos salarios. El turismo es de todo incluido cotizado en el exterior. La agricultura se basa en la híper-explotación de la mano de obra barata indocumentada haitiana. En la construcción domina el Gobierno y abunda también el trabajador indocumentado. La minería crea pocos empleos y en el comercio predomina la informalidad.

¿Y entonces? Veamos tres fuentes problemáticas del crecimiento.
Los escándalos del narco que resuenan en la prensa de vez en cuando son ilustrativos. Si las autoridades civiles y militares dejan que abunde el narcotráfico porque participan en los beneficios, el dinero circula en la economía dominicana y contribuye al crecimiento.

Ese negocio necesita agallas, y a algunas autoridades parece no faltarles, sea para el micro o macro-tráfico. Ni el monto ni las características de las transacciones del narco aparecen descritas en las estadísticas económicas oficiales, y probablemente nadie conoce su magnitud exacta, pero impacta en sectores claves del PIB como el comercio, la construcción y el financiero.

La ilegalidad del narcotráfico, sin embargo, limita su impacto positivo en el bienestar de la población porque las transacciones comerciales no están sujetas a la ley, no pagan impuestos, y predomina el chantaje y la corrupción con una participación fundamental de autoridades públicas. El lavado infla la economía y el sistema económico se hace narcodependiente.

Otro motor del crecimiento económico dominicano es Haití en dos vertientes. La República Dominicana exporta muchos productos que necesitan los haitianos; es un mercado cautivo por la cercanía geográfica, donde ha predominado la ilegalidad y el contrabando. Por otro lado, los haitianos indocumentados proveen la mano de obra barata que permite al empresariado dominicano, sobre todo agrícola y de la construcción, crecer y obtener mayores ganancias.

Pero ese crecimiento económico tiene un impacto limitado sobre el bienestar de la población por su alta concentración. Los empresarios pagan bajos salarios a los indocumentados y no los inscriben en la seguridad social, aunque el Estado tiene que costear servicios básicos a esa población. Así, los empresarios obtienen mucha ganancia y la sociedad dominicana tiene que absorber el costo de subsidiar esa mano de obra sumida en la pobreza.

Finalmente, el crecimiento económico dominicano es también producto de los grandes préstamos que toma el Gobierno. Esos préstamos generan un falso progreso, porque tarde o temprano producen una crisis de pago que empobrece a la mayoría de la población, ya que no hay productividad interna para enfrentar las grandes deudas.

El modelo económico dominicano consiste en corromper más y explotar más para acumular más, y endeudarse más para crear ilusión de progreso en medio de la pobreza. Por eso es un crecimiento económico fallido que no forja una sólida clase media.


Rosario Espinal
Hoy

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Pacto de votos, puestos y sobrecitos


¿Nos creen tontos?
Quizás fue a propósito: lunes a las cinco de la tarde para que pocos vieran un espectáculo patético, y muchos, sólo imágenes de manos eufóricas anunciando la buena nueva. Políticos engalanados del PLD, del PRD y compartes, hicieron una burda escenificación de un pacto de votos, puestos y sobrecitos como acuerdo programático. Fue el pacto de las corbatas azules (parte 2).

¿Recuerdan el primero? Fue en el año 2009, cuando el entonces líder del PLD, Leonel Fernández, convidó a Miguel Vargas a rubricar un pacto que culminó con la Constitución de 2010. Ambos, en corbatas azules, acordaron eliminar el sistema de reelección con una opción consecutiva, a favor de la reelección indefinida no consecutiva. Así, cortesía de Miguel Vargas, Leonel Fernández quedó habilitado para aspirar a la presidencia en el 2016 y posteriormente, bajo el alegato de que el PRD, por principios, no era reeleccionista.

En una doble ironía, Danilo Medina y Miguel Vargas se engalanaron el lunes con corbatas azules, en ausencia del destronado Leonel Fernández. En este nuevo pacto, producto de la recién reforma constitucional a favor de la reelección de Medina, Vargas apoyó exactamente lo contrario: la reelección con una opción consecutiva que había sido abolida en el 2010.

Que quede claro, en el 2015, los diputados perredeístas fueron claves al aunar esfuerzos con los danilistas para restablecer la reelección inmediata, forzando a los “firmes” leonelistas a apoyar la reforma, so pena de ser aplastados por los danilistas.

Y hay más. En 2011, Miguel Vargas acusó al PLD de enviar personas a votar por Hipólito Mejía en las primarias perredeístas. ¿Qué explica entonces su genuflexión ante el PLD?

Miguel Vargas ha ejercido siempre una dirección débil en su partido, y la división que se concretó en el 2014 dejó el PRD muy disminuido electoralmente. Ante la derrota que se avecina en el 2016, los diputados perredeístas vieron en la adhesión a la reelección danilista la posibilidad de conservar posiciones, y los altos dirigentes del PRD, una forma de hacer negocios con el Gobierno.

Este craso pragmatismo fue el lunes disfrazado con un acto incoloro, inodoro e insípido, por más estridencia de los maestros de ceremonia, donde la adicción al poder quebró cualquier vestigio de coherencia e integridad política.

La sociedad dominicana sabe perfectamente de dónde viene y para qué sirve el pacto PLD-PRD. Es muy simple. Danilo Medina necesitaba votos en el Congreso para pasar la reelección, y el PRD se los dio. Necesita muchos votos en el 2016 para arrasar sin la ayuda de Leonel, y el PRD aportará su granito de arena. El PRD pactó con el PLD para recibir algo en vez de perderlo todo.

Que la Internacional Socialista fuera testigo en tan burdo acto demuestra que la política anda muy mal aquí y acullá.

Ojalá me equivoque y en cinco años este país esté totalmente transformado como consagra el pacto firmado y a viva voz proclamado. Pero ojo: si la sumatoria de 20 años de gobiernos del PLD y del PRD (16 uno y 4 el otro) no ha producido grandes cambios positivos para el país, ¿qué esperanza pueden ofrecer ahora juntos? ¿Nos creen a todos tan tontos?

Los grandes pactos entre partidos históricamente opositores se dan a veces para terminar una guerra, o después de una dictadura, o en sistemas parlamentarios cuando ningún partido logra mayoría para gobernar. En República Dominicana no se presenta ninguna de esas circunstancias. Este pacto es de votos, puestos y sobrecitos, entre un partido con excesivo poder (el PLD) y otro a la deriva (el PRD).


Rosario Espinal

miércoles, 29 de julio de 2015

Aprender sobre la sexualidad no produce depravados sexuales


Sexualidad: el grito de las iglesias
En este país se niegan derechos sexuales y reproductivos en nombre de un puritanismo que en nada refleja la verdadera realidad social dominicana.

Este país es exportador de trabajadoras sexuales (comúnmente conocidas como prostitutas) porque aquí no hay empleos suficientes para que esas mujeres permanezcan en su tierra en labores alternativas. En el distrito rojo de Ámsterdam hay una sección de dominicanas, y se encuentran también en esa ocupación en otros países de Europa, Sur América y el Caribe, e incluso en el Medio Oriente. Esas mujeres se buscan la vida como puedan y donde puedan en condiciones sociales adversas para subsistir y enviar remesas a sus familias. Nada de eso levanta el grito al unísono de las iglesias.

Aquí mismo, sin ir muy lejos, en las zonas turísticas hay abundancia de transacciones sexuales de parte de hombres y mujeres, incluidos muchos jóvenes, y hasta niños y niñas sumidos en la pobreza (¿recuerdan el ex nuncio?). Con simplemente observar en cualquier poblado playero se detecta rápidamente quién anda en qué. Pero nada de eso levanta el grito al unísono de las iglesias.

La República Dominicana registra uno de los índices más altos de embarazos de adolescentes en América Latina, y para combatir ese problema está probado que predicar abstinencia no ha dado buenos resultados. Muchos jóvenes dominicanos siguen practicando el sexo sin controles adecuados y reproduciéndose a destiempo. Que es un grave problema lo saben hasta las iglesias, pero de ahí a resolverlo hay un gran trecho.

También está comprobado que a mayor pobreza, menor acceso a la educación y a los servicios de salud; por tanto, los pobres tienden a procrear más hijos que la clase alta y media. Resultado: se empobrecen más. Nada de eso levanta el grito al unísono de las iglesias.

La República Dominicana es un país superpoblado (y Haití peor), pero tampoco eso levanta el grito de las iglesias. Por el contrario, se oponen a la educación sexual y algunas, como la católica, se oponen hasta al uso de métodos anticonceptivos. Creced y multiplicaos es el mandato como si esta isla estuviese aún despoblada.

Todo intento de legislar a favor de la educación sexual ha terminado engavetado en el Congreso porque las iglesias se oponen rotundamente. Ahí sí levantan el grito al unísono y proclaman que no le toca al Estado, sino a los padres, la educación sexual de los hijos.

Pero sucede que la sexualidad es generalmente tema tabú entre padres e hijos. Cuando los padres botan el miedo para hablar con sus hijos sobre la sexualidad (si es que lo botan), ya los hijos tienen relaciones sexuales o incluso han procreado. La inmensa mayoría de los niños y jóvenes aprenden sobre la sexualidad con los amigos y en los medios de comunicación.

Como muchos padres no hablan de sexualidad con sus hijos, es importante que el Estado asuma el rol de educar a través del sistema escolar, pero ¡oh no!, las iglesias se oponen rotundamente. No quieren que se toque el tema a menos que sea a su manera, y los legisladores no quieren problemas con curas ni con pastores para que no los ataquen en sus prédicas. Puro chantaje y cobardía. Resultado: todo se queda igual. Mucho sexo sin ley ni conocimiento.

En este puritanismo hipócrita, las mujeres jóvenes son las grandes perdedoras. Muchas quedan embarazadas a destiempo, y una vez procrean, aumenta la probabilidad de vivir sin marido en la pobreza, y así, sucesivamente.

Aprender sobre la sexualidad no produce depravados sexuales. Estigmatizarla sí es de alto riesgo sexual y social.

Rosario Espinal
Hoy

miércoles, 22 de julio de 2015

Un Estado y unos empresarios explotadores


Soberanamente
Soberanamente, República Dominicana ha mantenido por cien años una política migratoria irresponsable, de frontera abierta a la trata humana, de corrupción y complicidad que ha resultado en una migración desbordada de haitianos indocumentados.

Soberanamente, el Gobierno Dominicano y muchos empresarios en la agricultura y la construcción han empleado esos inmigrantes porque son más baratos que los trabajadores dominicanos.

Soberanamente, República Dominicana mantuvo toda esa población inmigrante indocumentada con salarios bajos; y como toda especie, esos inmigrantes se reprodujeron; y al ser muy pobres, sus descendientes también son mayoritariamente pobres.

Soberanamente, el Tribunal Constitucional, siguiendo previo veredicto de la Suprema Corte de Justicia, emitió la Sentencia TC 168-13 que declaró indocumentados a todos los descendientes de inmigrantes indocumentados nacidos en territorio dominicano, retroactivo hasta el año 1929. Así, toda la prole junto a los padres quedaron indocumentados.

Soberanamente, el Poder Ejecutivo sometió al Congreso la Ley 169-14 para enmendar el daño causado por la Sentencia TC 168-13 a muchos descendientes de inmigrantes indocumentados, incluidos los que tenían documentos legalmente emitidos por una entidad del Estado Dominicano. Esa ley fue aprobada y aplicada.

Soberanamente, el Congreso Dominicano aprobó en agosto de 2004 la Ley Nacional de Regularización de Extranjeros, pero nadie realmente la ejecutó hasta que se armó el titingó por la Sentencia TC 168-13 a fines de 2013.

Soberanamente, la mayoría de los dominicanos no quiere a los haitianos en territorio dominicano, pero después que el Gobierno Dominicano permitió que entraran, y junto con muchos empresarios los emplearon, no es tan fácil sacarlos, ni siquiera vociferando.

Soberanamente, el Gobierno Dominicano solicitó que la Asamblea General de la OEA del año 2016 se realice en República Dominicana. ¿Para qué si está inmerso en una disputa con esa organización?

Soberanamente, el Gobierno Dominicano tiene que deportar los inmigrantes indocumentados que no se acogieron al Plan de Regularización, so pena de incumplir una vez más la ley y dejar al pueblo agitado esperando las anunciadas deportaciones.

Soberanamente, el Gobierno Dominicano tiene que proceder a deportar aunque circulen fotos por todo el mundo de muchos inmigrantes caminando bajo el mismo trayecto del sol, llenos de pobreza y sudor, y aunque eso produzca internacionalmente lamentación o indignación.

Soberanamente, el Gobierno Dominicano puede enviar toda su diplomacia a decir que República Dominicana no puede cargar con los pobres haitianos que consumen el presupuesto en salud. Y soberanamente el Gobierno puede omitir que esos inmigrantes cruzaron la frontera con la complicidad de las autoridades dominicanas, y fueron empleados por el Gobierno en el CEA y en las construcciones del Metro, túneles, carreteras y elevados.

Soberanamente, el Gobierno Dominicano puede engañar al pueblo dominicano diciendo que van a deportar, hacer algunas redadas, y luego dejar todo igual porque esa mano de obra barata e indocumentada la usa el Gobierno y los empresarios en el agro y la construcción.

Soberanamente, si el Gobierno Dominicano realmente quisiera que los haitianos se fueran, podría obligar a los empresarios, incluido el propio Estado, a emplear fundamentalmente trabajadores dominicanos. Pero ojo: eso rápidamente aumentaría los salarios, y ahí no quieren verse ni el Gobierno ni los empresarios porque subirían los costos de producción y se reducirían las ganancias.

Culpar a otros países y organismos internacionales del problema migratorio dominicano puede emborrachar de nacionalismo hasta a los más connotados abstemios, pero no contribuye a solucionar un problema grave de la economía dominicana: la adicción a la mano de obra barata.

La explotación es amiga de la soberanía solamente cuando la soberanía contribuye a mantener la explotación. Es así en República Dominicana, en Haití (aún peor) y en cualquier otro confín.


Rosario Espinal
Hoy

sábado, 18 de julio de 2015

De traidor a limosnero


Miguel Vargas destruyó al PRD y ahora depende de la limosna de Danilo Medina y el PLD
SANTO DOMINGO, República Dominicana.- La politóloga Rosario Espinal dijo que Miguel Vargas Maldonado y la actual dirigencia del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) destruyeron esa organización política.

La académica sostuvo entregar todo el PRD al Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y al mandatario Danilo Medina ha sido un error de Miguel Vargas Maldonado.

“El PRD se destruyó a sí mismo y entregó todo a cambio de nada y ahora depende de la limosna de Danilo”, puntualizó Espinal.

Recordó las palabras del doctor José Francisco Peña Gómez, cuando decía que “solo el PRD destruye al PRD”.

“Los colapsos de partidos son siempre negativos para la democracia”, precisó.

Expresó que el problema del PRD es que quiere que le den la cuota de poder que obtuvo en las elecciones de  2010, lo que resulta imposible porque entre esos cargos hay dirigentes tanto del PRD como del Partido Revolucionario Moderno (PRM).

Rosario Espinal fue entrevistada en un programa de televisión.

Acento

miércoles, 8 de julio de 2015

Tanta bravuconería de nacionalismo hueco es una estupidez


Los inmigrantes haitianos y cinco estupideces
Primero: en Haití hay más de 10 millones de habitantes, la mayoría pobrísima. Muchos se fueron o quieren irse de su país, pero nadie los quiere en el mundo por ser muy pobres y muy negros. Por décadas, el Gobierno Dominicano permitió y fomentó la migración de haitianos indocumentados para explotar esa mano de obra barata en la agricultura, la construcción, y luego en el turismo. En vez de calificar la mano de obra dominicana, tecnificar y elevar salarios, la economía dominicana ha descansado en la explotación de la fuerza laboral haitiana indocumentada. En la frontera, los oficiales dominicanos han cobrado peaje para el tráfico ilegal. Por estas razones, y no por presión internacional, llegaron tantos haitianos a República Dominicana. Negar esta realidad culpando a terceros del problema migratorio es una estupidez que aísla este país.

Segundo: hace mucho tiempo debió iniciarse el proceso de regularización de inmigrantes. La Ley de Migración se aprobó en el 2004, pero Leonel Fernández la ignoró. Peor aún, algunos de sus poderosos funcionarios hicieron jugosos negocios con Haití. El Gobierno de Danilo Medina tampoco tenía en agenda enfrentar el problema migratorio haitiano. Con una pobreza recrudecida en Haití por el terremoto, República Dominicana debió reforzar la custodia fronteriza para evitar mayor tráfico ilegal de haitianos, pero no lo hizo. Fue una estupidez típica de la corrupción y el desorden en el Gobierno Dominicano.

Tercero: la Sentencia TC 168-13 tuvo como objetivo negar los derechos de nacionalidad a los descendientes de haitianos. Con una caprichosa interpretación, el Tribunal Constitucional declaró a todos los descendientes de inmigrantes indocumentados ilegales, aún tuvieran documentos legales. Esta aberración desató un debate nacional e internacional, y por ser una legislación de mala fe, muchas acciones del Gobierno Dominicano son vistas ahora con recelos por la comunidad internacional. Presentar como obra de bien haber reconocido la nacionalidad a 55 mil descendientes de haitianos, a quienes la Sentencia TC 168-13 despojó de nacionalidad teniendo documentos legales, no redime a República Dominicana. Por eso es una estupidez cacarear eso como una gran concesión a los haitianos.

Cuarto, hacer coincidir en el tiempo la implementación de la nefasta Sentencia TC 168-13 que se refiere a los descendientes de inmigrantes indocumentados, con el necesario Plan de Regularización de Inmigrantes, ha multiplicado las controversias y contaminó el proceso de regularización que debió haberse iniciado en 2005. Fue una estupidez desnacionalizar los descendientes y mezclar ambos procesos.

Quinto: Danilo Medina ha caído en la trampa de ser rehén de los ultra nacionalistas que tienen a Leonel Fernández como líder. La ultra derecha dominicana encuentra en el rechazo a la migración haitiana un tema de amplio apoyo, porque la inmensa mayoría de los dominicanos no quiere los haitianos en el país. El objetivo de la ultra derecha es enarbolar el nacionalismo para ganar apoyo político, y declara constantemente a los funcionarios del Gobierno de Medina incapaces de defender la soberanía dominicana. Pero por más que Medina y sus funcionarios asuman el radicalismo nacionalista, no podrán satisfacer las demandas de esa ultra derecha porque gobernar no es lo mismo que vociferar. La República Dominicana es una economía pequeña y abierta que depende en gran medida de la agricultura y el turismo para generar divisas, y tiene a Haití como segundo mercado de exportación. Tanta bravuconería de nacionalismo hueco es una estupidez (pregúntele a Donald Trump), y de proseguir tendrá efectos negativos para la economía del país.

República Dominicana tiene absoluto derecho de regular la migración, pero debe hacerlo de manera ordenada y sin estridencias. El avispero actual es contraproducente.


Rosario Espinal
Hoy

miércoles, 10 de junio de 2015

El desafío de la oposición


La oposición: cucarachas o flores
Para las elecciones de 2016, la oposición estará constituida por todas las organizaciones políticas que no formen parte del gran pacto que promueve el PLD. De esas organizaciones, la de mayor base electoral es el PRM por ser un desprendimiento importante del PRD. La segunda, según las mediciones de encuestas, es Alianza País. Luego hay varios partidos minoritarios de poca trascendencia electoral, pero cuya presencia en una alianza opositora proyectaría fortaleza unitaria.

El PLD, como eje del pologobiernista, cuenta con amplias ventajas electorales. Primero, el presidente Danilo Medina ha mantenido alta aprobación en su gestión, y aún sufra deterioro, difícilmente se desplome el apoyo antes de mayo 2016. Segundo, el PLD cuenta con vastos recursos del Estado para dispensar favores clientelares en la campaña, y no hay motivo para pensar que no hará uso de esos recursos nuevamente. Tercero, de cuajar el pacto PLD-PRD-PRSC, esos tres partidos controlan el 80 por ciento del financiamiento público. Cuarto, el gobierno controla todas las instancias judiciales y administrativas que inciden en el proceso electoral.

Ante esta situación, para no hacer el ridículo, la oposición tendría que manejarse con mucha inteligencia política, cometer pocos errores, generar mucho entusiasmo y lograr unidad. ¿Puede hacerlo? Es una gran interrogante de este proceso electoral. Y aún cumpliendo con estos cuatro requisitos, el camino hacia la victoria está lleno de dificultades por las razones antes enumeradas.

A su favor, la oposición tiene varios factores. Primero, la confrontación en el PLD fue remendada, no solucionada. Segundo, la debilidad electoral del PRD y del PRSC genera un vacío que puede llenar otra fuerza política. Tercero, si se concretiza la alianza PLD-PRD-PRSC, muchos activistas buscarán una organización alternativa para ser nominados, porque sólo una minoría de perredeístas y reformistas se beneficiaría con posiciones. Cuarto, el desencanto que ha producido en un segmento de la población la forma chabacana en que se ha procedido a modificar la constitución volcará votantes hacia la oposición (la palabra constitución aparece aquí con minúscula porque no merece mayúscula en República Dominicana).

Todos estos factores favorables a la oposición pueden ser, sin embargo, opacados por las ventajas del PLD y su coalición. De ahí la magnitud del desafío.

Para salir bien posicionada de las elecciones de 2016, aun no gane, la oposición tiene que unirse. Si las cabezas persisten, como ha sido su trayectoria, en querer ser todos candidatos presidenciales, serán aplastados como cucarachas por el PLD. Eso es adverso a la democracia y a las mismas organizaciones políticas. Solo la unidad y la capacidad de establecer compromisos programáticos y estratégicos podrían salvarles de una debacle electoral.

La oposición necesita gran inteligencia política no solo para lograr la unidad, sino también para presentar al país un plan político que entusiasme a la población y la motive a votar por ellos. La mera crítica al gobierno del PLD no será suficiente para entusiasmar a muchos. El país no vive un momento de crisis económica aguda que produzca un movimiento espontáneo de “e’ pa’ fuera que van” como sucedió en el 2004. Hay desánimo político, pero hasta ahora, la carencia de opciones ha beneficiado grandemente al PLD.

Para revertir esta situación, la oposición tiene que trascender el divisionismo y la miopía política, y generar expectativas de cambio creíbles con nuevas ideas y energías. Necesita florecer y ofertar nuevos colores a un país ensombrecido por la corrupción, la impunidad, la pobreza, la desigualdad, la ineficiencia, la desfachatez, y el oportunismo patrocinado por un amplio espectro de las fuerzas políticas. He ahí el desafío.


Rosario Espinal
Hoy

miércoles, 3 de junio de 2015

Ahora comienza gobierno de Danilo Medina

     Su Majestad, Danilo Medina Sánchez.

Danza de la falsedad
Lo sé, los escrúpulos brillan por su ausencia en muchos políticos dominicanos; buscan escalar, acumular, allantar. Pero los peledeístas debieron guardar mejor las apariencias en el match Danilo-Leonel. Los menores de edad no merecen un espectáculo de tanta falsedad. Una cosa es estudiar las perversidades políticas en libros de historia, y otra es constatarlas en el mismo presente.

Danilo Medina no debió embarcarse en la reelección para beneficio propio cuando en varias ocasiones, mientras era candidato, la criticó públicamente. El apoyo concitado en su gestión gubernamental no es razón para contravenir las ideas que expuso. La honorabilidad de la palabra debería tener algún valor (y que conste, estoy a favor del sistema de una repostulación inmediata y nunca jamás).

Leonel Fernández hizo el ridículo en los últimos meses. Solo sus ciegos seguidores pueden verlo como un ferviente garante de la institucionalidad democrática. Elevó a teoría política el reparto de puestos y sobrecitos, y desde que fue candidato presidencial en el 1996, nunca abandonó el cuadrilátero electoral, aunque en dos ocasiones se vio obligado a tomar receso. Volver al poder ha sido su mayor danza.

Modificó la Constitución en 2010 precisamente para eso, y desde que salió de la presidencia en el 2012 no cesó en sus afanes de obtener la candidatura presidencial del PLD. Pero el 19 de abril, la mayoría del poderoso Comité Político lo tiró al precipicio. Luego, al pronunciar su discurso del 25 de mayo, tuvo que tragarse palabra por palabra cuando el danilismo ignoró el referendo aprobatorio.

Los legisladores leonelistas son exponentes patéticos de la danza de la falsedad. De firmes pasaron a blandengues. Con el líder en el precipicio, decidieron súbitamente apoyar la reelección a cambio de sus repostulaciones. Por eso Leonel es devoto de la doctrina de los puestos y el sobrecito. Sus “firmes” seguidores lo abandonaron en el hedor del vómito discursivo de aquella noche del 25. El rugido del león ya no asustaba ni animaba, y ante el hecho consumado del rodillo danilista, las cuchilladas peledeístas fueron elevadas a pacto político con la firma de los 35.

Leonel Fernández pasará ahora al limbo político hasta que en unos años soplen quizás mejores vientos. Danilo Medina dominará el corral político con muchos puestos y sobrecitos. Con un levantón de mano, Félix Bautista pasará a mejor vida. El PRD y el PRSC acogerán los planes gobiernistas porque no tienen fuerza ni para ganar distritos. El PRM jugará a ser firme en los “principios” para conquistar un grupo de votantes abatidos con el espectáculo peledeísta.

Todo camino a la reelección manufacturada ha sido siempre obsceno. No hay principios éticos ni controles eficientes para moderar los abusos de poder cuando hay objetivos continuistas. La corrupción aumenta y se hace más vulgar y abominable.

Con “Leonel el malo” fuera del cuadrilátero, “Danilo el bueno” se convierte ahora en el máximo exponente del poder y en sujeto de su dialéctica. Ya no será la víctima sino el victimario.

El país seguirá con muchos problemas y Medina llevará la carga de una sociedad que en cada etapa histórica, incluida la de ahora, ha sido testigo de la falta de institucionalidad, la escasez de transparencia, la corrupción, la impunidad, el pactismo de conveniencias y la falta de honorabilidad política. Recién ahora comienza de verdad el gobierno de Medina.

El espectáculo que ha dado el PLD en los últimos meses refleja un mal añejo: el excesivo aprecio al poder y el ultraje de la democracia. Esta es la historia del PRSC, del PRD y también del PLD.


Rosario Espinal
Hoy

miércoles, 27 de mayo de 2015

Es que nadie más en el PLD sirve para presidente?


Leonel Fernández devuelve la pelota
Los abogados constitucionalistas no concuerdan en si la Constitución dominicana actual establece que la ley de reforma es orgánica, ni tampoco en si la modificación sobre la reelección necesita referendo aprobatorio.

La Constitución de 2010 es tan larga que olvidaron precisarla. Los principales arquitectos fueron el Congreso actual que la aprobó y el expresidente Leonel Fernández que la promovió y promulgó. Ahora Fernández se erige en protector de lo que no establece claramente la Constitución, y lo hace a su conveniencia. Ha tirado la pelota al danilismo y al Comité Político que él mismo preside.

Primero reitero mi opinión general sobre el tema: no estuve de acuerdo con la reforma constitucional de Hipólito Mejía en 2002 porque su objetivo fue exclusivamente cambiar el artículo sobre la reelección para beneficio propio. No estuve tampoco de acuerdo con la reforma constitucional que impulsó Leonel Fernández en 2009-2010 porque su objetivo fundamental fue rehabilitarse electoralmente, ya que había agotado todas las posibilidades de reelección después de 2008. Quería volver al poder y para eso tenía que reformar la Constitución.

Con más inteligencia política que Mejía, Fernández promovió una supuesta reforma constitucional integral con la participación de notables del derecho nombrados por Fernández y “consultas populares” patrocinadas por la Presidencia de la República.

A pesar de las peticiones para reformar la Constitución mediante una Asamblea Constituyente y que el nuevo texto constitucional se aprobara en un referendo, Fernández hizo caso omiso y procedió a modificar la Constitución sin la participación ni la validación popular. Sorprende pues ahora su apoyo a la soberanía popular.

El llamado pacto de las corbatas azules entre Leonel Fernández y Miguel Vargas sirvió para coronar el supuesto gran pacto político mediante el cual se reformó la Constitución. Pero en aquel momento Vargas no era presidente del PRD, aunque actuó como tal sin serlo.

La Constitución de 2010 es un texto fundamentalmente conservador lleno de adornos progresistas (a este asunto me he referido en artículos anteriores). Producto de esa Constitución, Fernández se rehabilitó para poder buscar una cuarta postulación como lo intenta ahora; y eso se ha convertido en la manzana de la discordia en el PLD.

Si Fernández no cambió la Constitución en 2010 para beneficio propio como dijo en su reciente discurso, y si la idea de restablecer la reelección indefinida (no consecutiva) no fue suya, entonces la evidencia de que su planteamiento es genuino sería no buscar una nueva postulación en 2016. Pero ¡oh no!, desde que salió del poder en el 2012, no cesa en sus afanes de volver.

Ahora se erige en intérprete de la Constitución y declara que la ley de reforma es orgánica, es decir, que requiere dos terceras partes para aprobarse, y que es necesario un referendo aprobatorio. Establecer este argumento correspondería al Tribunal Constitucional, cuyos miembros fueron todos nombrados por el propio Fernández en base a la Constitución de 2010.

Con su discurso, Fernández devuelve la pelota a los danilistas y les complica el juego político. Los leonelistas en el Congreso asumirán la posición de Fernández, no habrá unidad peledeísta, y será muy difícil lograr las dos terceras partes para la reforma constitucional.

Mi opinión final: para demostrar el institucionalismo y el desinterés histórico que propaga, Fernández debería probarlo no postulándose en el 2016; fue él quien promovió y promulgó la Constitución de 2010 que lo rehabilitó electoralmente. Medina, por su parte, para ser consecuente con sus planteamientos críticos de la reelección en el pasado, tampoco debería buscar una repostulación ahora.

¿Es que nadie más en el PLD sirve para presidente?

Rosario Espinal
Hoy

miércoles, 13 de mayo de 2015

Leonel Fernández: perdedor en la confrontación actual


Hipólito y Leonel: 
¿jarrones chinos o gladiadores?
La razón principal para eliminar la reelección indefinida en este país, aún sea la no consecutiva que establece la Constitución de 2010, es que los expresidentes dominicanos no saben retirarse de la contienda política con dignidad en el momento oportuno.

Felipe González se refirió hace algún tiempo a los expresidentes como jarrones chinos, valiosos que nadie sabe dónde colocar. En el caso dominicano, ellos mismos se colocan en el epicentro de la competencia política. Aspiran y aspiran hasta terminar derrotados en las peores condiciones. Recordemos a Balaguer, un anciano en su novena postulación derrotado poco antes de morir.

La democracia necesita alternancia porque el pueblo se cansa de las mismas figuras políticas, aunque tengan adeptos que vitoreen, y porque siempre hay muchos aspirantes a ocupar las posiciones públicas. El sistema democrático debe generar nuevas expectativas y oportunidades.

Hipólito Mejía y Leonel Fernández, los únicos expresidentes que tiene el país en este momento, no aceptaron oportunamente que debían retirarse y ceder el paso a otros aspirantes. Resultado: el PRD está dividido y el PLD enfrenta su mayor crisis.

Imaginemos: si Hipólito Mejía no se hubiera repostulado en el 2012, Miguel Vargas hubiese sido el candidato y hubiese perdido por segunda vez (perdió en 2008). Con dos derrotas, hubiera recibido mucha presión partidaria para abandonar sus aspiraciones del 2016, generándose así (quizás) una transición sin ruptura.

Pero Vargas se sintió traicionado por Mejía y lo expulsó después de la derrota en 2012, creándose una crisis insalvable por las confrontaciones. Que el PLD azuzara las tensiones fue producto de la incapacidad del PRD para resolver sus problemas internos.

Desde 2009, Vargas no suelta la presidencia del PRD porque asume que perpetuándose asegurará la candidatura presidencial mientras la desee, aunque las encuestas muestren su bajísima aceptación electoral. Por su parte, Hipólito Mejía perdió la convención del PRM 70 a 30. Procedía su retiro digno en 2004 en vez de seguir como un gladiador buscando nuevas postulaciones. El balance posterior es negativo para él y para su organización.

Leonel Fernández tampoco ha asumido bien el papel de expresidente. Salió del poder en el 2012 con la intención de volver en el 2016, limitando así las posibilidades de otros aspirantes. Eso lo saben los pre-candidatos presidenciales del PLD, y todos se han volcado contra él de una manera u otra. La tapa al pomo la puso el Comité Político con su decisión de reformar la Constitución para permitir la repostulación de Danilo Medina, que goza de alta aprobación y augura mayor éxito electoral.

Si Fernández se hubiese distanciado de la lucha política a partir de agosto de 2012, sin pretensión de volver en el 2016, hubiese recibido menos críticas porque no hubiese sido un competidor activo.

Pero creyente de que su liderazgo es superior e insustituible, que la antorcha es suya y la pasó temporalmente a Medina, Fernández no da muestras de entender el momento político ni de acatar las decisiones partidarias que van contra sus aspiraciones. Sigue atrincherado como un gladiador en busca de una cuarta postulación. Con 12 años de presidencia procedía el retiro digno en 2012.

Independientemente de lo que suceda con la reforma constitucional, Leonel Fernández es un perdedor en la confrontación actual. Su presidencia en el partido es inoperante y su candidatura presidencial en el PLD para el 2016 difícil. Tiene ahora dos opciones: aceptar la derrota y ayudar a que el PLD prosiga con Medina u otro candidato, o descarrilar el PLD con su insistencia de volver a postularse. He ahí su desafío.


Rosario Espinal

miércoles, 22 de abril de 2015

En la popularidad de Danilo Medina está el problema


Se rompió la taza
La prevalencia del PLD en la historia política dominicana de los últimos 20 años ha llevado a formular dos tesis sobre su funcionamiento.

La primera: el PLD es un partido disciplinado desde sus orígenes. Para sus dirigentes la organización está por encima de los intereses particulares, y por eso no se ha dividido como los otros partidos. Dicho en contraposición al PRD: en el PLD no hay sillazos.

En base a este argumento, y al crecimiento económico en los gobiernos del PLD, Leonel Fernández ha llegado a postular que gobernarán hasta el Bicentenario de la Independencia en el 2044. Esta tesis es de arraigo entre los peledeístas.

La segunda: la disciplina partidaria del PLD tuvo su origen en el boschismo, pero después de llegar al poder, lo que unifica ese partido es la necesidad de protegerse de las acusaciones de corrupción que lloverían si salen del poder. Esta tesis del PLD como “corporación” ha sido promovida por intelectuales vinculados inicialmente al PRD, y luego al PRM.

Desde ambas perspectivas, por motivos distintos, se enfatiza el predominio del PLD y su durabilidad en el poder.

La situación actual demuestra que el PLD ha devenido en una plataforma electoral exitosa que sus principales líderes desean utilizar para llegar y permanecer en el poder. La lucha feroz entre las tendencias de Leonel Fernández y Danilo Medina sobre la reelección atestigua. De este conflicto no hay retorno a la armonía porque ni Leonel ni Danilo tienen la hegemonía en el partido y ambos han gestado grupos de poder desde el gobierno.

La historia de un partido no es uniforme y las razones por las que se transmuta impactan la viabilidad de la organización. La disciplina boschista fue funcional al PLD en su ascenso al poder y conducción del país por una década, pero esa disciplina y unidad están actualmente sometidas a fuertes tensiones porque en el partido han proliferado los grupos de acumulación.

Cuando los partidos funcionan como entidades políticas institucionalizadas, pueden sortear mejor los conflictos grupales y mantener unidad. Cuando devienen fundamentalmente en espacios de acumulación de capital, la lucha se torna más irracional y se dificulta mantener la unidad. Ahí están el PRSC y el PRD abatidos por las divisiones irracionales.

En el PLD, la popularidad de Danilo Medina, ha marcado un punto de inflexión. Si Medina hubiese resultado impopular, Fernández continuaría en el trono y tendría asegurada la nominación del 2016; pero la popularidad de Medina ha gestado otro grupo de poder con ansias de quedarse, y la mayoría de la nomenclatura (Comité Político) prefiere el candidato que lleva al triunfo seguro.

Si hay reelección, el grupo de Medina se consolidará aún más. Si no la hay y Fernández retorna en el 2016, su grupo asumirá nuevamente las riendas de la acumulación; aunque para gobernar tendrá que hacer malabares porque un amplio segmento de la sociedad dominicana se resiste ya al modelo de acumulación concentrada que lo caracterizó y distanció de la sociedad. Félix Bautista es la figura emblemática del declive de ese modelo.

Para solidificar su poder, Medina ha impulsado programas económicos y sociales más redistributivos (no quiere decir necesariamente menos clientelistas) que lo han acercado a la gente. De ahí su alto nivel de aprobación.

Ahora se rompió la taza. El PLD está dividido y enfrentado, se apruebe o no la reelección; y la aprobación de la gestión de Danilo Medina tiene el efecto dual de develar la división y moderar su impacto negativo.

El problema principal de Leonel no es el déficit fiscal ni Quirino, sino la popularidad de Danilo.


Rosario Espinal
rosares@hotmail.com
Hoy

miércoles, 15 de abril de 2015

Leonel Fernández: sin vientos


Los vientos no soplaron
Catastrófico, dirán unos; valiente dirán otros. Leonel Fernández apostó a los vientos y no han soplado en la búsqueda por la candidatura presidencial del PLD. No obstante persiste y persiste.

Que no soplaran no es culpa de la oposición, por más que fuera su deseo. Culpable es en gran medida la popularidad de Danilo Medina.

Hace unos días un lector me escribió preguntando por qué si la Constitución Dominicana prohíbe la reelección consecutiva se incluye a Medina en las encuestas. Dijo el lector: “Si un presidente es muy popular en Estados Unidos y se agotaron sus dos períodos, ninguna encuesta incluiría su nombre como posible candidato en las próximas elecciones. ¿Por qué ocurre en República Dominicana?”

Mi respuesta: ciertamente, en un país donde la Constitución no se cambia frecuentemente para satisfacer los deseos de un presidente, difícilmente se incluiría al presidente de turno en una encuesta electoral si no califica constitucionalmente para competir.

¿Por qué entonces lo han hecho las encuestas dominicanas? Es una pregunta válida.

Especulo que han incluido a Medina por dos razones: una, su alto nivel de aprobación hasta la fecha, y dos, en República Dominicana se modifica la Constitución cada varios años, específicamente el artículo sobre la reelección.

Los ejemplos atestiguan. En todas las reformas constitucionales del post-trujillismo se ha modificado el sistema de reelección en un sentido u otro; y las últimas dos modificaron el sistema de reelección para favorecer al presidente de turno. Hipólito Mejía lo hizo en el 2002 para poder repostularse en el 2004, y Leonel Fernández, aunque hizo una reforma más amplia, eliminó el “nunca jamás” en la Constitución de 2010 para poder ser candidato nuevamente.

Se entiende pues que Fernández esté empecinado en volver aunque los vientos se muestren impotentes. Mayor constatación no se necesita: la mayoría del Comité Político, la mayoría de los peledeístas y del pueblo dominicano prefiere a Danilo Medina en el 2016, muy distinto a lo ocurrido en el 2004 y 2008. Fernández se resiste a aceptar el cambio de preferencias, pero tiene a su favor su propia Constitución que lo faculta para repostularse.

Si Leonel Fernández se niega a apoyar una modificación constitucional para favorecer la repostulación de Medina, los vientos en su dirección mejorarán porque el popular Medina estará fuera de concurso. A eso apuestan los leonelistas. Y cuentan también con que la oposición descalabrada y dividida no levante cabeza.

Sólo en base a esos cálculos es posible entender el acto del pasado domingo 12, donde Fernández apareció públicamente, con el apoyo de un minúsculo grupo del Comité Político, para anunciar sus equipos de campaña.

Le asiste el derecho a hacerlo, pero políticamente fue un acto imprudente con una reunión del Comité Político pautada para el próximo domingo 19, donde se discutirá el tema de la reelección. Fue un acto innecesario porque Fernández no tiene que probarle al país, y mucho menos a los peledeístas, que cuenta con seguidores. Fue un acto irónico porque criticar la hegemonía no le corresponde a quien hasta el año 2012 hegemonizó en la política dominicana.

Leonel Fernández con su liderazgo llevó el PLD a ser un partido mayoritario. Ahora con su figura política debilitada, si es candidato en el 2016, su triunfo dependerá no de sus vientos, que seguirán lánguidos porque muchos votantes tienen el síndrome del desencanto con el leonelismo, sino del apoyo en pleno de su partido.

El dilema para los peledeístas será si se embarcan todos en la tarea de apoyar un candidato que ya fue tres veces presidente y que ha perdido encanto.


Rosario Espinal
Hoy

jueves, 2 de abril de 2015

Los jueces injustos apuñalan la sociedad


La corrupción es política, y la justicia también
La cobija protectora de los políticos corruptos en la República Dominicana se teje en dos argumentos que con frecuencia aparecen en los medios de comunicación y en las conversaciones privadas.

El primero: si juzgan un político por corrupción hay que juzgar muchos más porque la corrupción viene de lejos. Resultado: no se juzga a nadie, y por tanto, se incentiva más la corrupción.

El segundo: quien acusa tiene una motivación política, por tanto, la acusación no tiene validez. Como los acusados son políticos, este argumento siempre pega; y como los acusadores casi siempre son también políticos (representantes del Ministerio Público nombrados por el Poder Ejecutivo), el argumento de la politización adquiere aún mayor relevancia. El resto es tecnicismo jurídico manipulado.

Estamos en un país donde nunca ha habido independencia de la justicia, y donde, por más meteórico e injustificable que sea el enriquecimiento de los políticos, nadie es declarado culpable por desfalco. Peor aún, los corruptos se convierten a veces en benefactores de la patria.

La corrupción es eminentemente política porque sólo en el Estado ocurre de manera excesiva y continua. Si en una empresa privada hay corrupción, es porque los dueños la orquestan con los políticos; y si la corrupción es interna a la empresa, los dueños la detienen tan pronto se enteran y envían los culpables al banquillo.

¿Quién puede entonces enfrentar la corrupción pública? No puede hacerlo un ciudadano o ciudadana común; no puede hacerlo ni siquiera una organización no gubernamental por la complejidad de los casos, el costo de las investigaciones y el sistema de encubrimientos sólo puede hacerlo el Ministerio Público, que es una dependencia del Poder Ejecutivo, y por tanto es político.

Pero también son políticos los jueces. Las llamadas Altas Cortes se conformaron con jueces nombrados por miembros del Poder Ejecutivo y Legislativo (todos políticos). Ellos escogieron sus panas juristas, algunos de los cuales tenían más trayectoria en la política partidaria del PLD, PRD o PRSC que en un tribunal de justicia.

Sólo en países con un largo historial de carrera judicial, donde los jueces adquieren poder y prestigio por su independencia de criterio, puede el sistema judicial hacer justicia con menor injerencia de los políticos en el gobierno.

En países como República Dominicana, de alta precariedad institucional, la ciudadanía juzga a los políticos antes de que los jueces emitan un veredicto, porque se sabe por larga experiencia que los políticos no serán condenados en los tribunales. Muchas veces ni siquiera van a juicio, como ha sucedido con el sonado caso de Félix Bautista y compartes.

Por más de 20 años, la inmensa mayoría de los dominicanos ha dicho en las encuestas que en el país hay mucha corrupción. Pero ¿conoce usted algún político importante juzgado o en cárcel? ¿Es entonces la corrupción un invento de la ciudadanía? ¿Son santos piadosos los políticos?

En República Dominicana no habrá independencia política de la justicia hasta tanto no se logre enjuiciar políticos corruptos con evidencias claras y sin tecnicismo jurídicos amañados. Para eso se necesita voluntad política.

Hacer de la lucha anti-corrupción un hazme reír bajo el argumento de que a la gente no le interesa este tema, es una gran irresponsabilidad cívica y política.

La corrupción daña toda la sociedad y sólo con gran esfuerzo es posible enfrentarla. Quien defiende la corrupción de manera explícita o implícita contribuye a generar cinismo y descontento ciudadano, y eso constituye un golpe mortal a la aspiración democrática.

Los políticos no roban para el pueblo, roban al pueblo. Los jueces injustos apuñalan la sociedad.

Rosario Espinal
Hoy

miércoles, 25 de marzo de 2015

La víctima de Leonel Fernández


PLD: de pecadores y victimarios
Ninguna organización humana está libre de conflictos porque el poder embriaga y la competencia con frecuencia genera más interés que la cooperación. El PLD nunca estuvo exento de conflictos, pero desde principios de la década de 1990, los principales dirigentes pudieron sortear las dificultades mientras avanzaban en la meta de llegar al poder sin las trabas de Juan Bosch.

Después de 1996, el único conflicto interno de trascendencia fue la confrontación entre Danilo Medina y Leonel Fernández por la nominación presidencial en el 2008. Fernández venció en las primarias de 2007, y Medina denunció que lo había derrotado el Estado. Prácticamente desapareció del escenario gubernamental en el cual se había mantenido encumbrado por dos décadas como congresista, estratega y ministro.

El meteórico ascenso de Leonel Fernández frenó el liderazgo de Medina, a tal punto que Fernández se convirtió en el líder indiscutible del PLD hasta hace poco tiempo. Ha contado además con un sólido apoyo desde fuera del PLD, sobre todo, de los sectores ultraconservadores que quedaron sin cobija con la muerte de Joaquín Balaguer.

Encumbrado en su liderazgo, Fernández orquestó una reforma constitucional que le dio la posibilidad de repostularse en múltiples ocasiones (el sistema de reelección indefinida no consecutiva con un período de receso es el más cercano al de reelección indefinida consecutiva). Pudo haber dejado intacto el sistema de una repostulación y nunca jamás, pero su intención era volver.

En 2011, después de recibir dos millones de supuestas firmas para cambiar la Constitución que él mismo había promovido y proclamado en 2010, Fernández se adhirió al postulado y no se repostuló por cuarta vez en el 2012. Lo pospuso para el 2016.

Ahora, en un giro de preferencias políticas sin precedentes en la historia dominicana, el escenario electoral ha cambiado y Fernández se resistió a ajustarse. En 12 años de presidencia su histrionismo político se resquebrajó, su palabra se devaluó, y algunos de sus cercanos colaboradores han pasado por la justicia aún sea sin juicio.

Los leonelistas culpan del declive de la fuerza política de Leonel Fernández a la oposición anti-leonelista, pero que 89% de quienes simpatizan por el PLD quiera que Danilo Medina se repostule, según mostró la encuesta Penn, Schoen y Berland, es muestra de que el problema traspasa el alcance de la oposición. Sería difícil argumentar que el 89% de la masa votante del PLD está compuesta por tarados mentales manipulados por la oposición.

En la desorientación política que provoca la transmutación de preferencias electorales, los leonelistas y danilistas se imputan el pecado. A Fernández por haber cambiado la Constitución en 2010 eliminando el sistema de una repostulación y nunca jamás, de la cual se hubiera beneficiado Medina en el 2016, y a los danilistas por promover otro cambio constitucional. De ambos lados se pronostica catástrofe institucional si no se hace lo que desean.

Ante esta situación, los optimistas desean un acuerdo amigable entre Leonel Fernández y Danilo Medina para cambiar la Constitución o dejarla igual. Pero si ese acuerdo fue en algún momento posible sin grandes traumas, ya ese tiempo pasó.

En la lucha abierta actual, el peor posicionado es Leonel Fernández. Si recula en sus intenciones de repostularse (con o sin cambio constitucional) sería un signo de debilidad y derrota política, por lo menos en lo inmediato. Si no recula será visto como un glotón político con cuatro postulaciones. Medina tiene contra sí sus planteamientos anti-reeleccionistas, pero encuentra un escenario político más favorable. Si hay cambio constitucional gobernaría cuatro años más; si no, sería percibido nuevamente como la víctima de Leonel Fernández.

Rosario Espinal
Hoy

miércoles, 11 de marzo de 2015

El PLD va a la deriva


PLD: el despelote político
En los últimos 30 años, siempre que me preguntaron si el sistema partidario dominicano estaba al borde del colapso respondí con un no por tres razones. Cuando una democracia electoral registra un alto nivel de simpatía partidaria, un alto nivel de participación electoral, y cuenta con partidos en capacidad de competir por el poder (aun sean corruptos y clientelistas), no se registra una crisis que conduzca al colapso del sistema partidario.

Todavía hoy la sociedad dominicana sigue mostrando un alto nivel de identificación partidaria y de participación electoral (lo segundo se sabrá mejor en el 2016); pero el sistema partidario transita por un momento muy difícil, y de su capacidad de restructuración dependerá la supervivencia de los partidos principales.

De 1966 a 1986, el sistema político dominicano se caracterizó por el bi-partidismo con el Partido Reformista y el PRD. A partir de 1986 surgió el tri-partidismo con el PLD. El colapso del PRSC muerto Balaguer trajo de nuevo el bi-partidismo a partir de 2008 entre el PLD y el PRD. Pero la división del perredeísmo post-2012 dejó el país con un solo partido de cierta estructuración y capacidad de ganar elecciones: el PLD.

Ahora, la confrontación entre leonelistas y danilistas socava la unidad de ese partido. Por ejemplo, a marzo de 2015, el PLD no ha logrado consensuar posiciones con respecto a leyes importantes como el Código Penal y la Ley de Partidos Políticos, y mucho menos sobre la reelección.

En esta lucha voraz de poder en el PLD, surgen las acusaciones que revelan el despelote y las complicidades en la política dominicana. DICAN, Quirino y Félix Bautista son muestras fehacientes.

Estos casos apuntan a la dificultad del único partido que quedaba en el sistema político dominicano de establecer un sistema de transparencia y consecuencias, esencial para que la República Dominicana dé un salto democrático y no se ahonde el camino hacia la disolución del sistema partidario vigente.

En este momento, la estabilidad del sistema político dominicano proviene fundamentalmente del alto nivel de aprobación de Danilo Medina. Es el pegamento político. Una vez se remueva esa variable, el sistema político no tiene resortes suficientemente fuertes para seguir sorteando con relativa facilidad los desafíos políticos. La corrupción corroe la confianza ciudadana, la delincuencia aterra a la población, y el costo de la vida abate el presupuesto familiar. La relativa estabilidad macro-económica ha sido el antídoto.

Hoy el sistema partidario dominicano está en alto riesgo y la causa fundamental es evidente: las ambiciones personales desbordan las capacidades institucionales en los partidos. Esto provocó las divisiones en el PRSC y en el PRD, y ahora amenazan el único partido del sistema que había logrado cierta articulación de criterios en los asuntos centrales.

La disyuntiva actual del PLD es si cambia nuevamente la Constitución para permitir la repostulación de Danilo Medina e impedir la de Leonel Fernández, quien la cambió en 2010 en busca de una repostulación en 2016; o si Fernández impone su cuarta postulación. Cualquiera sea el resultado, dejará descontento a un importante segmento del peledeísmo, y las diferencias no podrán ser fácilmente matizadas por el Comité Político como era usual en el pasado.

La evidencia más clara de la magnitud de las tensiones entre el leonelismo y el danilismo es la actual disfuncionalidad del Comité Político para sortear los grandes asuntos políticos del momento. Ante la incapacidad de acordar, no pueden reunirse; y hay una sensación en el ambiente de que el PLD, al igual que los otros partidos, va a la deriva. He aquí su desafío.

Rosario Espinal
rosares@hotmail.com
Hoy

miércoles, 4 de marzo de 2015

Nadie tiene el monopolio de la magia de gobernar


Danilo Medina: el brillo
Si un turista llega de Noruega a República Dominicana quedará sorprendido al saber que el presidente Danilo Medina registra una altísima aprobación en las encuestas. Tanto apoyo a un presidente es inusual en cualquier país del mundo, y más aún en uno plagado de problemas como República Dominicana.

Al entablar conversación con los primeros dominicanos, el turista escuchará que debe cuidarse de los delincuentes, que la luz se va y el agua también, que las escuelas son de mala calidad y los servicios de salud por igual.

Si lee la prensa el segundo día, el turista encontrará los nombres de corruptos y asaltantes, feminicidas y violadores, narcotraficantes y chapeadores (no sólo chapeadoras). Si camina por las calles encontrará hoyos, basura amontonada, y un mal olor en algunos lugares que espanta. Si se sienta en un parque encontrará vendedores ambulantes, vagos, tigueres al asecho, limosneros y pordioseros. Con estas vivencias su confusión aumentará, ¿por qué es tan popular el Presidente?

Si visita el polígono central de Santo Domingo, quedará impresionado con los edificios, centros comerciales, tiendas caras, restaurantes y bares, túneles y elevados. Pero cada vez que salga del polígono encontrará la dura realidad de la mayoría de los dominicanos.

Para el tercer día sabrá que en el país la oposición política es raquítica, que gobernó malísimo, que el caudillismo abunda y las instituciones son instrumentos para beneficio de algunos.

De repente su raciocinio se iluminará al detectar que dos ex presidentes con altas tasas de rechazo aspiran a competir por cuarta vez. ¡Ah! ¿Será que la gente se aferra al Presidente para mantener esperanzas porque los ex no dan aliento, se preguntará?

Al cuarto día, el turista habrá descubierto la fórmula del éxito. El presidente Medina se desdobla en buen samaritano, el pueblo lo ve misericordioso y auténtico, a diferencia de los soberbios. Ese ha sido combustible de largo metraje.

Cierto, Medina ha tomado medidas públicas de impacto, como el 4% del PIB para la educación y enfrentar el analfabetismo, la renegociación del contrato con la Barrick Gold y el cese al fraude millonario con Bahía de las Águilas, el reparto de créditos agrícolas y el sistema 9-1-1, pero su altísimo nivel de aprobación no es simplemente producto de esos logros.

Danilo Medina tiene el país a sus pies porque en los contrastes políticos, él aparece desinteresado, preocupado, comedido, genuino, modesto y sencillo. Cuando actúa positivamente es el buen presidente, cuando llegan las adversidades lo disculpan. La alta popularidad de Medina genera un serio problema en el PLD. Ha descarrilado la noción de quién es el líder, aunque Medina proclame que no le interesa el cargo ni el título; y ha descarrilado las aspiraciones presidenciales de sus compañeros, porque hasta que no decida si habrá o no reelección, todos quedan en la gatera.

La popularidad de Danilo Medina debería enseñar dos lecciones a la clase política dominicana, tan adicta al caudillismo. Primero, un beneficio de la democracia es la posibilidad de cambiar; Medina llegó sin brillo y ahora alumbra. Segundo, nadie tiene el monopolio de la magia de gobernar.

Es lamentable que Leonel Fernández para candidatearse por cuarta vez, cambiara el sistema de reelección presidencial en la Constitución de 2010. Dos postulaciones consecutivas y nunca jamás era mejor sistema que el actual de repostulaciones indefinidas no consecutiva. Y si el caudillismo dominicano es tan visceral, hubiese sido preferible establecer una repostulación inmediata y la siguiente después de dos períodos de espera.

Es también lamentable que el caudillismo dificulte, y quizás impida, que en el PLD se abran unas primarias competitivas sin Leonel ni Danilo.

Rosario Espinal
rosares@hotmail.com 
Hoy