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martes, 30 de abril de 2019

Avasalladores, arrogantes, engreídos, intolerantes y prepotentes


Con las actitudes de días recientes no se ganan elecciones, por lo menos limpiamente
No habían pasado muchos minutos después de que el viernes santo, durante el sermón de las Siete Palabras, sacerdotes criticaron los esfuerzos reeleccionistas del gobierno, cuando el portavoz de Palacio, Roberto Rodriguez Marchena, citó una reciente encuesta norteamericana que evidenciaba que en ese país se ha reducido la afluencia a sinagogas, mezquitas e iglesias. Su objetivo era claro: decir que la influencia de las religiones ha estado decayendo, por lo que lo de las Siete Palabras no tenia la importancia de antes. Si en vez de fijarse en encuestas americanas, lo hubiese hecho con dominicanas, se hubiese dado cuenta que cuando se pregunta cuáles son las instituciones que más se respetan, los dominicanos citan como la principal a las iglesias Cristianas.
Lo de Rodríguez Marchena provocó críticas de peledeistas por los medios sociales contra la iglesia que, para los que tenemos ya cierta edad, nos hizo recordar los Foros Públicos contra sacerdotes, ordenados por Trujillo, como reacción a la Pastoral de los obispos de enero de 1960.
Cuando los jueces del Tribunal Superior Electoral preparaban una sentencia que iba a perjudicar a la facción del PRD aliada al partido de gobierno, funcionarios de alto nivel los presionaron psicológicamente y cuando no tuvieron éxito el presidente del senado pidió públicamente un juicio político contra esos jueces, por haber perjudicado a esa facción de un partido que apenas contribuye con un 5 por ciento del voto popular.
El alcalde de Santiago, Abel Martínez, no vio mal que se filmara el cumpleaños de una hijita suya, un acto fastuoso y caro, que no pudo costearse solo con el sueldo de un funcionario público. Y es que ya no se teme a evidenciar corrupción.
Es más, líderes del PLD han devenido en avasalladores, arrogantes, engreídos intolerantes y prepotentes.
Ni durante el primer año del primer gobierno de Leonel Fernández, ni durante el primer año del primer gobierno de Danilo Medina existieron esas actitudes, producidas ahora por la percepción de seguridad que surge con el mucho tiempo en el poder. Además, los “compañeros” más viejos añoran los días de Bosch y su libro “dictadura con apoyo popular”.
Luego, reconociendo los errores, algunos ministros con asiento en palacio dieron declaraciones tratando de suavizar el asunto y el PRD optó por convocar una segunda convocatoria, mejor organizada, en vez de continuar por la ruta del juicio político.
El presidente Medina, como es su costumbre, hizo mutis, en vez de criticar a sus compañeros.
La que no hizo mutis fue la embajadora norteamericana pues visitó la catedral y al Presidente del Tribunal Superior Electoral. Con esas visitas fue suficiente. No tenía que declarar nada.
¿Por qué el liderazgo peledeista no asiste a un retiro espiritual para darse un baño de humildad? Con las actitudes de días recientes no se ganan elecciones, por lo menos limpiamente.

Bernardo Vega
EN LA COSA

sábado, 1 de julio de 2017

Conmemoración natalicio Juan Bosch 2017 vivirá en la infamia de la memoria nacional


Memoria contra el olvido
Agripino Núñez Collado, presidente del CES; reverendo Jorge Alberto Reynoso, Pedro Brache, presidente del CONEP; José Luis Corripio Estrada (Pepín), empresario. Gabriel del Río Doñé, secretario general de la CASC; Servio Tulio Castaños Guzmán, vicepresidente ejecutivo de FINJUS; Persio Maldonado, presidente de la Sociedad Dominicana de Diarios; Celso Marranzini, exvicepresidente de la CDEEE, el economista Jaime Aristy Escuder y el técnico preso César Sánchez; no serán olvidados.

¡No serán olvidados!


DLRD

viernes, 26 de mayo de 2017

El presidente Medina debe pedirle perdón al pueblo por lo de João Santana


Sí, Miguel, pero el Presidente debe explicar…
En su artículo del miércoles el periodista Miguel Guerrero advirtió “las terribles consecuencias que tendría una eventual destitución del presidente Danilo Medina, como se reclama en estos días en el marco de la lucha cívica contra la corrupción y la impunidad”.

Es una sana preocupación que en mi doble calidad de comunicador  y militante de la lucha por la institucionalidad democrática comparto, observando implicaciones y consecuencias diferentes a las que lo preocupan a él.

Creo igual que Miguel, que por el bien del país y el sosiego y la paz ciudadanos, el gobierno del presidente Medina debe terminar su mandato el 16 de agosto de 2020.

Las “terribles consecuencias” que preocupan a Miguel incuban, entre otras razones, en que al no existir contrapesos al Ejecutivo, el Presidente suplanta a las instituciones gubernamentales, y las decisiones del partido “de organismos”, que creó Juan Bosch, terminan en los designios personales de Medina.

La eventual sucesión presidencial, así, devendría en alumbramiento traumático y desestabilizador, es verdad.

Pero por las mismas “terribles consecuencias” que según Miguel podría acarrear la destitución del Presidente, y por su propio bien  y legado, el hecho de encontrarse al frente del Poder Ejecutivo cuando ha reventado el tumoroso detonante Odebrecht, le manda darle al país algunas explicaciones.

El presidente Medina debe pedirle perdón al pueblo por haber usado los servicios como asesor del delincuente internacional João Santana, diciéndole al país –como le pide Vincho Castillo– que desconocía de las andanzas de ese rufián y, por el contrario, no usarlo como testigo de descargo.

Debe el Presidente establecer responsabilidades  y penalidades porque en su gobierno se permitió que operara aquí a sus anchas la oficina  de sobornos de Odebrech, usando al país como plataforma delincuencial.

El Presidente debe explicar por qué su gobierno hizo un acuerdo de homologación con Odebrecht,  que libera a esa empresa y a sus funcionarios del pago de las sobrevaluaciones y las ganancias ilícitas que junto a las multas de sobornos ascienden a unos 800 millones de dólares que se suman a la ya insostenible deuda pública.

El presidente debe explicar al pueblo por qué tras Odebrecht confesar que sus operaciones se basaban en un esquema delictuoso, su gobierno continúa haciendo negocios y haciéndole pagos, pudiendo sustituir sus trabajos pendientes con otra de la gran cantidad de empresas disponibles en el mercado internacional.

Debe explicar también por qué uno de los delatores premiados por la justicia brasileña relató que el ex presidente Lula da Silva vino al país pagado por Odebrecht a tratar de que el presidente Medina favoreciera a esa empresa con el contrato de construcción de Punta Catalina.

Las propias bocinas oficialistas han desatado y desencadenado una ola de rumores y contra rumores, listas y contra listas que un conocido periodista dice filtró gente de la Procuraduría, entidad que por esa y otras razones está totalmente desacreditada.

Por eso también el Presidente debe explicar lo de él y, porque como diría Juan Bosch, no es una finca de su propiedad lo que él administra. Es un país con intereses muy diversos, aunque de propiedad común, vaya complejidad.

Sus explicaciones pueden tener algún costo político, pero debe recordar la repetida frase de su colega economista Milton Friedman: no hay almuerzo gratis.


Nelson Marte
Periodista
elCaribe

viernes, 19 de mayo de 2017

País al borde de una crisis sin precedentes


Pensando en los antípodas
La encuesta hecha por Geodata Survey, publicada anteayer por Diario Libre, confirma que a un año de ser elegido con un 62% de los votos, el presidente Danilo Medina ha perdido la mayor parte de la aprobación ciudadana. Conforme esa encuesta si el presidente Medina pudiera ser candidato presidencial en 2020 perdería el lance ante Luis Abinader por 41.2% a 25.5. Otros dos datos apuntalan la caída del apoyo electoral: el 96.2% de los entrevistados opina que bajo la administración Medina existe mucha o bastante corrupción, mientras que tomando en cuenta la situación económica, la mayoría de entrevistados ve que el país lleva una dirección negativa pues el 41.1% lo ve por mal camino y un 46.9% en niveles de sobrevivencia, una suma negativa del 88%.

Esos datos ya habían sido expresados por la población en la encuesta Gallup-Hoy de principios de año al computar que la aprobación del presidente investido hacía apenas unos 6 meses con altísimo apoyo, sólo contaba con algo más de un 50%, mientras un altísimo 91% expresaba su respaldo a la #MarchaVerde, que se realiza en contra de la corrupción y la impunidad.

Y está además el estudio revelado por Jim Sisco y Luis Soto en las redes sociales, coincidiendo con que el rechazo y la condena al gobierno, responsabilizando incluso directamente al presidente Medina por colocar al país al borde de riesgo social.

Entiendo que la población le está facturando ahora al Presidente los pasos perdidos que inició al embarcarse en la reelección. En 2014, cuando aún Medina conservaba alta popularidad, le escribí en el periódico Hoy el artículo “No se encarame en ese tren, Presidente”.

Lo advertía que lo empujaban a la reelección “el mismo tipo de gente que en sus respectivas coyunturas endiosaron a Santana, a Báez a Lilís, a Trujillo, a Balaguer y a Hipólito para que se subieran al fatídico tren de la reelección y el continuismo”.

Le señalaba que en la debilidad institucional del país: “No hay forma, Presidente, de que un mandatario se lance a retener el poder sin lesionar principios institucionales fundamentales, sin causar traumas en su propio partido, y sin acentuar la degradación de valores que corroe el alma nacional”.

Hoy el presidente Medina se encuentra en una situación bien difícil, de lo cual tiene responsabilidad directa, pero que es también parte de la crisis identitaria, la deformación presenciada por el pueblo cuando se van a cumplir 20 años de gobiernos peledeístas que han hecho lo contrario de los propósitos fundacionales.

En esos tiempos a Bosch le gustaba exponer sobre los antípodas, aquellos países y gente que vive en el lado opuesto del globo terráqueo en que habitamos los dominicanos.

Pónganse a pensar que ellos tienen los pies en dirección opuesta a donde están los nuestros, y las cabezas apuntando a zonas opuestas del Universo, razonaba.

Ojalá que el Presidente piense en las reflexiones que hacía Bosch sobre los antípodas, reconozca que él y su gobierno han venido actuando erráticamente, y no continúe cometiendo errores que tienen al país al borde de una crisis sin precedentes en los tiempos modernos.

Y recuerde, lo citaba yo en un artículo reciente, que como dice Milton Friedman, no hay almuerzo gratis.


Nelson Marte
Periodista
elCaribe

jueves, 30 de marzo de 2017

El costo de mantener al Presidente


¿Cuánto nos cuesta Danilo Medina?
El once de agosto del año dos mil once publiqué una columna titulada ¿Cuánto vale un líder?, en la que comparaba el costo económico y social del liderazgo patriarcal de la historia reciente (Balaguer,Bosch, Peña Gómez), con el liderazgo contemporáneo. Y el balance nos arrojaba sobre una pavorosa realidad: el liderazgo patriarcal de la historia reciente (Balaguer, Bosch, Peña Gómez) fue “un liderazgo histórico de costo muy bajo. Más que en el dinero, se empinaban en la pasión por el poder mismo (Balaguer), en la idea más pura del bien común (Bosch), o  en el sudario del redentor que mira su propia vida con un propósito liberador de las multitudes irredentas(Peña Gómez). Pero ninguno dejó fortuna, ninguno legó riqueza material obscena. Ninguno fue proclive al dinero”. Y lo que les costaban al país es incomparable con lo que le cuesta a la nación mantener un “líder” contemporáneo.

Y quisiera ilustrarlo con el caso del presidente Danilo Medina. ¿Cuánto nos cuesta mantener su “liderazgo”? ¿Qué pagan los contribuyentes para que Danilo Medina administre el Estado? ¿Un Presidente de la República no es, acaso, un empleado público? Estas interrogantes hay que formularlas así porque entre nosotros el Estado es portador de una agresiva y engreída manera de no ser, y solemos olvidar que todo lo que hace el presidente está financiado con los impuestos que aporta el ciudadano. El Estado somos todos, pero es lo que siempre se ignora; una extraña fatalidad que hace de los presidentes dominicanos pequeños dioses terrenales. Dejando de lado el primer período de Danilo Medina, ¿cuánto nos costó la reelección de este “líder”? ¿Cuál fue el valor de la compra de diputados y senadores para violentar la Constitución y posibilitar el marco legal de la reelección? ¿Alguien recuerda  en la historia moderna una campaña electoral más dispendiosa, llena de recursos, rebosante de dinero, con todos los ministros y sus presupuestos en campaña, con el 14% del presupuesto nacional que maneja de manera directa el presidente de la república, con los contratistas, ODEBRECHT, con quince partidos políticos y cuatrocientos movimientos? ¿No es aterradora la experiencia del déficit fiscal de más de doscientos cinco mil millones de pesos que acarreó la reelección de ése “líder”? ¿No sufrimos, al inicio del gobierno de Danilo,  un paquetazo tributario que era destinado a solventar un déficit generado por ellos mismos?

Ése liderazgo se sostiene también en más de veintiocho mil militantes del partido pagados por las nominillas A, B, y C; y por el dominio casi absoluto de todas las instituciones del Estado. Se bautiza mediáticamente en casi ocho mil millones de inversión en propaganda, pago de bocinas y cooptación de comunicadores y medios. Contando, además, con el combustible de los rentistas que financiaron el proyecto político, y llegaron al estado con numerosas compañías de carpetas. Todo eso es una carga económica gigantesca que debe soportar el estado al que todos contribuimos, únicamente para que un predestinado nos guíe. Es desde el estado que todos los relatos de nuestros “líderes” han prometido empujarnos hacia un mañana siempre inalcanzable y mentiroso. El estado es la mula del sacrificio, la mula semiótica de Juan Bosch esculpida en su novela “La mañosa”.  En suma, no es difícil comprender los orígenes de las reiteradas miserias que nos desgarran, el recelo y la dificultad de construir instituciones. Si todos nuestros inesperados conflictos de pronto se grabaran en la mente de los más humildes, y se hiciera la luz respecto de la felicidad ciudadana que se roban los políticos dominicanos que asaltan el estado, de seguro que el pueblo los echaría a patadas, de seguro que dejaríamos de ser una sociedad balbuciente y un pueblo enmarañado; y desplegaríamos una gran avidez por dejar de ser lo que somos.

La reingeniería de la política dominicana  debería cuestionarse sobre cuánto nos cuesta mantener los “líderes” que nos gobiernan, porque a estas alturas todos tenemos derecho a preguntarnos si en realidad  tales “liderazgos” son verdaderamente necesarios, y si sirven para algo que no sea enriquecerse. ¡Oh, Dios!


Andrés Luciano Mateo
Hoy

jueves, 23 de marzo de 2017

La corrupción no es una maldad de origen


La inflación moral del país (2)
Me sigo asombrando de que no quede hacia dentro del PLD una pizca de la dignidad que Juan Bosch suponía debía tener un partido, y que la corrupción de ese conglomerado sea parte de la inflación moral en que vivimos. Cuando hablamos de corrupción denominamos una práctica que se ha perpetuado en la política dominicana conformando un sistema, y cuya acumulación originaria de capital tiene como fuente el erario. Se ha repetido tanto en la historia dominicana, que el imaginario popular la ha fijado como algo “natural”, como una esencia de la dominicanidad; siendo, como es, un orden histórico particular de la práctica política que la legitima en el manejo del poder. La corrupción no es una maldad de origen, sino un vastísimo sistema circulatorio, una enorme palanca de movilidad social, ante cuyo funcionamiento el poder es como el susurro de las escamas del réptil. Fue el fenómeno de la corrupción el que transformó súbitamente toda la naturaleza  de la clase media pequeño burguesa con la se organizó el PLD, abriéndose con la movilidad social unos apetitos cuya ausencia de límites ha borrado cualquier escrúpulo ético. Todo lo que ocurre ahora, con el nivel que ha alcanzado el sistema de la corrupción en el país, pudimos haberlo advertido leyendo correctamente las escaramuzas sobre las cuales se ha organizado la impunidad absoluta con la que se actúa.

Quiero recordar aquél espectáculo degradante que la Cámara de Diputados protagonizó con la supresión del párrafo III del artículo 85 del código procesal penal, entre los años 2013 y 2014 . Ese párrafo era crucial para solidificar el sistema de impunidad que el PLD ha erigido, porque castraba la posibilidad de la querella del ciudadano, esa facultad de denunciar los actos de corrupción que atañen a toda conciencia de ciudadanía. La prensa de entonces reseñó las diligencias de Víctor Díaz Rúa para que el Poder Legislativo desarticulara ése artículo, y más que validar ahora las razones que él tenía para que esto se realizara; lo que se desplegaba era el manto de impunidad más tupido de toda la larga historia de la corrupción. El grado más elevado de la concepción patrimonial del Estado. El nivel de la corrupción  abiertamente proclamado sin ningún sonrojo. El Estado como botín, el despojo de la riqueza social cual si el partido gobernante tuviera derechos extraordinarios de apropiación de los fondos de la nación, sin un régimen de consecuencia.

Si ahora vemos a Felucho Jiménez proclamar que  el Comité Político del PLD sabía de las sobrevaluaciones en las obras  de ODEBRECHT; y que Reinaldo Pared, el secretario general del partido, le responde que lo que se discutió fue “el desvío del trazado de una carretera” en la cual Felucho  Jiménez tenía intereses; lo que descubrimos es que en el Comité Político se discuten problemas financieros que son exclusividad del Estado; porque el PLD ha perdido el carácter político, y se ha convertido en una corporación económica. La hipercorrupción es lo característico de la etapa actual de los gobiernos peledeístas, y es diferente de esas formas sistémicas que registra la historia, no solo por elevado nivel de acumulación de capital que maneja, sino porque requiere garantías de impunidad absoluta, y falsificación de todo el régimen de consecuencias que deberían prever las leyes.

Para la hipercorrupción el Estado es oxígeno indispensable, la fuente de  toda acumulación patrimonial. Es por ello que Felucho y Reinaldo Pared discuten, y es por ello que, pese al dominio absoluto del sistema judicial, el párrafo III del artículo 85 del código procesal penal era un incordio para el predominio de la impunidad. Felucho y Reinaldo Pared son la misma cosa, son la misma barbaridad de una práctica política autoritaria y corrupta, y la misma vocación de eternidad que no respeta las leyes. Un sacerdote rabioso, gran amigo con el que discuto temas políticos, entre perdigones de saliva me dijo bajito: “Andrés, no seas pendejo, esos tígueres están curtidos, y aman el dinero”. Y yo sentí que ese era el mismísimo significado de nuestra existencia, de nuestra frustración. Ante un país que tiene secuestrada todas las instituciones formales de la democracia, y una dictadura real junto a una inflación moral que dificulta respirar aires de dignidad, dos “jorocones” del partido de gobierno debaten públicamente “asuntos económicos”, y no pasa nada. ¡Oh, país!


Andrés Luciano Mateo
Hoy

viernes, 17 de febrero de 2017

Un Canciller que gana licitaciones, obtiene préstamos y compra barrios completos


¿Expulsarme?
La idea de apoderarse del PRD tenía como meta esencial la estructuración de un partido a su “servicio”. Por eso, la gran tragedia de la organización de mayor tradición democrática no puede reducirse a la ridícula votación obtenida, sino al uso vil de la plataforma partidaria para la consecución de negocios y ventajas personales. Los que no participamos de ese esquema, y con energía cuestionamos al “amo” de turno representamos un sector del que se piensa salir.
Miguel Vargas Maldonado posee una concepción deformada de la actividad partidaria. Pretende dirigir un partido democrático, sin disensos y lo único que asume es el servilismo y genuflexión como expresión de militancia. Genio y figura. No debate a lo interno, olvida formular propuestas sobre los temas nacionales, desconecta el PRD de su histórica base social y “gana” cuando el partido “pierde”.

En su lógica, no tolera los cuestionamientos porque confunde el enfrentamiento con indisciplina. Así activa los circuitos institucionales creyendo que la sociedad no tiene una idea clara y precisa alrededor de lo que representa. Nunca el PRD había generado tanta repulsa en amplios núcleos ciudadanos. Y de paso, jamás un exponente del cuerpo directivo había sido desmantelado por el desarrollo de negocios privados que tanto daño provocan al crédito de la organización.

Vargas Maldonado es, ha sido y será un hombre de negocios, pero nadie en su sano juicio puede cuestionar su naturaleza comercial. El problema comenzó en el instante en que sus actividades privadas obstruyeron el desenvolvimiento de la institución. Por eso, el centro de los escándalos donde aparece su nombre, casi siempre, tienen como destino final una operación con el Estado, y un partido no puede hipotecar su conducta como resultado del oficio privado de su principal dirigente. Aquí a nadie le pasa por la cabeza que los lideres históricos se asociaran con transacciones distantes de su oficio: imagínense a Juan Bosch, Peña Gómez, Joaquín Balaguer ejerciendo su rol opositor y ganado licitaciones, consiguiendo préstamos en medio de una campaña electoral o un subalterno presidiendo una empresa que vendió un barrio.

Como no tolera la disidencia pretende expulsarme. Activa su entramado institucional para legitimar un deseo que, con la etiqueta de juicio disciplinario, expresa su profundo temor a competir en buena lid, enfrentar conceptos y explicar aspectos esenciales de su gestión como el manejo de los fondos partidarios. No iré ante ninguna instancia. Inclusive, el dislocamiento ético del PRD se retrata con la “figura” encargada de procesarme que, entre sus atributos inigualables, está el de aparecer en un video orientando a una turba para dispararle a sus compañeros en medio de un proceso convencional.
Siempre he tenido claro al tipo de personas que me enfrento. No me dejaré provocar.

Afortunadamente, el día 2 de febrero, el magistrado Carlos Vidal envió al despacho del Procurador General toda la documentación concerniente a la querella depositada por mí respecto al destino de 1,200 millones manejados por la autoridad partidaria. Ante esa instancia voy asistir porque he canalizado mis discrepancias por las vías que me asigna la ley.

Pretender que asista el día 17 a un juicio disciplinario constituye un acto de cobardía de Vargas Maldonado. Afortunadamente, tengo un compromiso que está por encima de mí y que no voy a traicionar porque seria echar por tierra, tantas horas de honor y sacrificio que corren por mis venas y me asignan el privilegio de llevar mis apellidos con orgullo.



Guido Gómez Mazara
Hoy

La Comisión de Notables es sólo un tente allá


El balón histórico del lado de la cancha de Medina
“Primero un presidente muerto, que un presidente huyendo”, proclamó en 1961 el entonces mandatario Joaquín Balaguer, poco antes de refugiarse en la Nunciatura, de donde saldría exiliado al exterior. “En República Dominicana un golpe de Estado duraría menos que una cucaracha en un gallinero”, vaticinó Juan Bosch en 1963, espantando rumores sobre planes conspirativos, siendo derrocado a 7 meses de mandato.

El 23 de abril de 1984, y tras el Gobierno del presidente Jorge Blanco aplicar recetas del FMI que dispararon el costo de la vida, el pueblo sorprendió con una poblada sólo controlada tras el saldo de un alto número de muertos y heridos. Se dice que litorales opositores organizaron las protestas, pero el desbordamiento popular superó cualquier laborantismo partidario.

En 2002 el presidente Hipólito Mejía modificó la Constitución para reelegirse. Sus partidarios decían entonces que tenía el apoyo del Congreso Nacional, las Fuerzas Armadas, el PRD, “los gringos” y otros. Pero la reelección no cuajó.

“Ahora es que más interés tengo en volver a dirigir el país”, decía el entonces presidente Leonel Fernández en 2011, lo cual confirmó cuando el 28 de marzo de ese año declaró, tras anunciarse que contaba con 2.2 millones de firmas para optar por un cuarto mandato, que “dejo la decisión en manos del PLD”.

¿Por qué cito esos pasajes históricos? Para recordar que el desencadenamiento de fuerzas y presiones puede impedir, inclusive a presidentes, cumplir sus deseos y, por el contrario, llevarlos a ser “Desbordados por los acontecimientos”, como tituló el embajador Bartlow Martin su libro sobre el golpe a Bosch.

El presidente Danilo Medina se encuentra ahora frente a una coyuntura en la que dependiendo de la administración que le dé su Gobierno a la demostrada y admitida estafa Odebrecht, podría desatar situaciones en las que en cualquier momento se genere “una chispa que encienda la pradera”, como decía un dirigente y teórico político.

Esa pradera es la indignante desigualdad que vive el pueblo, que tiene como burlona contraparte una sostenida producción de riquezas. La densa pradera del desmadre institucional y sus consecuencias más directas que son la corrupción, la impunidad y el desbordamiento de la delincuencia y la violencia social contenida.

La sobrecalentada pradera que forma un sistema judicial y altas cortes operando privilegiadamente al servicio del partido de Gobierno y sus dirigentes, y otras manifestaciones que han tenido un activo detonante con la estafa de Odebrecht, frente a la cual la mayoría del pueblo ha dicho ¡BASTA!

La mayoría ciudadana se ha empoderado del reclamo de que al velar por la legalidad del manejo del expediente Odebrecht, como jefe de estado y de Gobierno Medina garantice que se cumplan las penas de cárcel, las multas e indemnizaciones ascendentes a más de 360 millones de dólares, y la anulación de los contratos con esa firma mafiosa y corrupta.

La mayoría ciudadana se ha empoderado del criterio de que la Comisión de Notables es sólo un tente allá, meros “americanos feos”, y que las tales investigaciones del Procurador, incluso su viaje a Brasil, son sólo allante, bulto y movimiento, y ensayo de manejos para exculpar a culpables y culpar a no culpables, sobre todo entre opositores y competencia del presidente Medina.

El presidente Medina tiene la bola histórica del lado de su cancha. Veamos cómo se sigue manejando. Seguiremos con el tema.


Nelson Marte
Periodista
elCaribe

jueves, 16 de febrero de 2017

Juan Bosch es un incordio en el peledeísmo actual


Bosch sigue siendo un moralista problemático
“Si no puedo ver por mí mismo la liberación de este pueblo, la veré a través de mis ideas”- escribió Juan Bosch. Y se dispuso a construir un partido dotado de una misión especial. En esos trajines se enfrentó al dilema del escultor: conocer al dedillo la materia prima con la cual trabaja sus figuras. No hay en la historia política dominicana un partido que tenga una génesis intelectual tan profunda, y en particular, una definición de sus componentes de clase tan detallada. Mucha gente se burlaba de aquellas categorías de “baja y muy baja”, “pobre y muy pobre”, etc; que poblaban el imaginario analítico del profesor, a la hora de esculpir el escurridizo perfil del pequeño burgués. Pero él insistía e insistía, como si su obstinación fuera un loco viaje a su propia imaginación.

“Los miembros del PLD son mayoritariamente pequeño-burgueses de inclinaciones revolucionarias, y no puede ser de otra manera porque el atraso de la sociedad dominicana no ofrece la posibilidad de que aquí se organice por ahora un partido obrero”- proclamaba, definiendo la táctica y la estrategia-. Pero enseguida alertaba:- “A los miembros del PLD se les enseña con el estudio y el trabajo cuáles son los peligros a que se expone el país si abandonan por un momento nada más la vigilancia que deben mantener sobre las tendencias disolventes y los vicios de la pequeña burguesía”. Pese a estas precauciones, “los vicios de la pequeña burguesía” saltaron el cerco tendido por las previsiones teóricas, e incluso se enfrentaron en vida a los temores de su creador. El PLD se fundó el 15 de diciembre de 1973, y ya en el IV Congreso, Juan Bosch dio un portazo colérico, el 15 de marzo de 1991; renunciando a la dirección del partido porque “se había desarrollado una corriente de oportunistas pequeño-burgueses que sólo desean obtener cargos públicos”.

El pensador no pudo “ver por sí mismo la liberación de este pueblo”, y tampoco la verá a través de sus ideas. Murió “en la soledad burguesa más irremediable: la del creador” –como dice Jean Paul Sartre-; y frente al enriquecimiento desmedido de los pequeños burgueses dentro de su partido, su papel, y el de sus ideas, son apenas el de un querubín deslucido. Nació para colmar la gran necesidad de su verdad solitaria, tremoló en la defensa de los miserables, pero la medusa pequeño burguesa lo venció, deshilachó sus ideas y lo dejó clavado en un sinsabor asombrado. Ese discipulado corrompido ahora le disgusta el ingrato olor de sus virtudes, y lo acusan de haber vivido en el aire y de husmear la realidad sin demasiada esperanza, como si le reprocharan sus arrebatos, su majestad, su dignidad, su honestidad y su orgullo. Pero el sobreponerse a cierto desagrado, es la mejor prueba de que su virtud no era cosa fácil; y hay que jugar a la pasión para entender ahora todo el amor verdadero que albergó el corazón de aquel hombre triste, que cometió el loco error de tomar la vida como una epopeya.

Si pudiéramos construir un escenario posfactual, burlando el cerco infranqueable de la muerte; y traer a Juan Bosch a la vida, al ahora, al instante preciso en que la obra de su sueño se transformó en su contrario, qué dirían sus ojos escrutadores, su rostro cejudo, la cólera indescifrable que lo embargaba frente a lo mal hecho. ¿Juan Bosch apoyaría a los ladrones de ODEBRECH o se incorporaría a las marchas? ¿Sería partidario de un gobierno corrupto hasta la médula, o desenvainaría su látigo inclemente contra el robo de la riqueza pública? ¿Se afiliaría a la degradación moral del partido que él mismo concibió como un paradigma de limpieza, o arrojaría del templo a los que se han enriquecido en forma obscena? ¿Qué sobresalto lo acompañaría al comprobar que esas “tendencias disolventes y los vicios de la pequeña burguesía” terminaron por imponerse como conducta legitimada por la práctica política de su discipulado?

Juan Bosch es un incordio en el peledeísmo actual, un estruendo en medio de la madrugada tranquila de los corruptos de su partido. Y si viviera, sin ningún género de dudas, encabezaría las Marchas contra la Impunidad y la Corrupción.


Andrés Luciano Mateo
Hoy

martes, 14 de febrero de 2017

Frases célebres: Bernardo Vega


"A veces es útil mirar hacia nuestro pasado para ver cuánto nos hemos desviado. Valdría recordar que cuando Juan Bosch fue presidente sugirió que se incorporara en la Constitución de 1963 el concepto de la “muerte civil”, es decir la pérdida de todos los derechos civiles y de la personalidad jurídica, lo que conlleva a la privación general de los derechos. Es decir que a los efectos jurídicos la persona dejó de ser viva mucho antes de su muerte física. Bosch concibió ese concepto para los que robaban al Estado. Hoy día sus discípulos, a través de la corporación PLD, C. por A., ocultan el robo entre sus miembros, a no ser que tengan la mala suerte de que el hurto fue denunciado desde el extranjero y aún así esos casos se investigan más lentamente que en otros países".


+ Expresadas por el exgobernador del Banco Central e historiador, en su artículo del diario Hoy: 'Temor a la macroeconomía de Trump'.



Luis Del Monte / DLRD

miércoles, 25 de enero de 2017

Contra el grupo económico más poderoso del país


Clase media marchando
A nadie le dieron un pica pollo y 500 pesos para que asistiera a la marcha ni lo chantajearon con quitarle la tarjeta Solidaridad, el bono gas, el bono luz, sacarlo de la nominilla del Gobierno, o cancelarlo del ministerio. El que marchó lo hizo por conciencia, porque quiso, porque está harto de tanta corrupción y tanta impunidad.

Tal vez el hecho más relevante de la exitosa jornada realizada el pasado domingo fue la participación mayoritaria de la clase media, en su mayoría jóvenes profesionales, liberales, pequeños y medianos comerciantes y empresarios, despertando, al parecer, del letargo político que les impedía involucrarse en los problemas nacionales, conscientes y militantemente.

Ese segmento de la población que teóricamente se encuentra ubicado entre la “burguesía y el proletariado” o trabajadores, empobrecido cada uno por la falta de oportunidades, algunas vinculadas a la corrupción y por la falta de políticas públicas adecuadas, mostró su fuerza y su capacidad de movilización en el recorrido realizado desde la 27 de Febrero con Máximo Gómez hasta el parque Independencia.

Estudiantes universitarios, médicos, enfermeras, profesores, abogados, ingenieros, periodistas, economistas, dirigentes comunitarios y políticos, caminaron pacíficamente ejerciendo un derecho constitucional diciéndole al Gobierno: ¡Ya basta! ¡No más robos, no más saqueos! ¡Estamos hartos de tantas injusticias y de tantos abusos, de tanta impunidad!

El mensaje no pudo ser más claro, ni más contundente. Miles de hombres y mujeres, reservas éticas y morales del país dieron el primer paso al frente sorprendiendo a los escépticos medios de comunicación y al propio Gobierno que dudaban de la participación masiva de la gente.
La clase media juega un papel trascendental en los procesos de cambios de los países como el nuestro independientemente de su comportamiento coyuntural y ambivalente.

Esa clase media que fue a la marcha no es la que se desclasó en el PLD, la que Juan Bosch dijo que no tenía “una escala de valores morales”, la que “no tiene lealtad a nada, ni a un amigo ni a un partido ni a un principio ni a una idea ni a un gobierno”. Para ellos, decía el maestro, “el único valor importante es el dinero porque con él pueden vivir en el nivel que les pertenece desde el punto de vista social y cultural, y para ganar dinero se desconocen las lealtades”. ¡Ese es el PLD de hoy! ¡Contra ese partido y sus líderes marché yo!

Esa pequeña burguesía, “arribista y trepadora”, que llegó al poder bajo la consigna de “servir al partido para servir al pueblo” predicando moral y dividiendo el país entre “peledeístas y corruptos” se aburguesó de tal manera que sus principales dirigentes constituyen el grupo económico más poderoso del país.


Juan Taveras Hernández (Juan TH)
El Nacional

sábado, 17 de diciembre de 2016

Poder Judicial es corrupto en su mayoría

                                                      Euclides Gutiérrez Félix.

Euclides Gutiérrez Félix acusa a EE.UU. de corromper a la Policía
El miembro del Comité Político del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), Euclides Gutiérrez Félix, consideró ayer que para combatir la delincuencia se necesita un reordenamiento del Poder Judicial, el cual, según afirma, “está corrompido en su mayoría”, y una reforma urgente de la Policía.

El dirigente político fue entrevistado en exclusiva por el periódico El Nacional sobre el auge de la delincuencia en el país, un mal que definió como “un problema serio para la sociedad”.

“Lo primero que tiene que hacer el Gobierno es propiciar un reordenamiento del Poder Judicial, que está corrompido en su mayoría, y reformar la Policía, para poder combatir la delincuencia”, opinó Gutiérrez Félix..

Consideró que el gobierno del PLD está comprometido a combatir ese problema que creó, pero insistió que, para tales fines, hay que hacer una reforma tanto en la Policía como en la Justicia.
“Es una reforma que debe contemplar también a la Policía, que fue corrompida por los gringos (Estados Unidos) durante el período de ocupación del país”, dijo el político.
La delincuencia es un tema que preocupa a gran parte de la sociedad, debido al auge que dicho mal ha tomado en los últimos años.

Esta semana fue secuestrado y despojado de 50 mil pesos, el regidor del PLD, Monserrat Calderón, por varios sujetos que lo encañonaron cuando el edil llegaba a una finca de su propiedad, en el poblado de San Luis, en Santo Domingo Este.

Gutiérrez Félix habló durante el acto de celebración del aniversario del PLD, en cuya fecha varios dirigentes de esa organización depositaron una ofrenda floral, en el Altar de la Patria.
El PLD cumplió antes de ayer 43 años de haber sido fundado por el extinto líder de esa organización, profesor Juan Bosch, en el año 1973, tras abandonar al Partido Revolucionario Dominicano (PRD), junto a un grupo de dirigentes.


Juan Julio Gómez
El Nacional

Mentiras tras mentiras y más mentiras


Burla y mentira van cuesta abajo
Sin sorpresas serían descargas moradas que hablen de un clima navideño con “rumba abierta para baile” o de un “año nuevo dizque colmado de esperanzas”.

El pasado sábado quien escribe anduvo con varios  directivos  de la Fundación Testimonio, la ruta “in situ” seguida en Estero Hondo por los héroes que desembarcaron en 1959.

Existe un contraste abismal entre la Raza Inmortal y los grupos politiqueros que desde hace décadas han hecho y deshecho de todo y cualquier cosa en este país.

Como hace 43 años de la fundación del PLD, prefiero dejar a los lectores que saquen sus íntimas conclusiones sobre la siguiente prédica de Juan Bosch:

“Los dominicanos saben muy bien que si tomamos el poder no habrá un peledeísta que se haga rico con los fondos públicos; no habrá un peledeísta que abuse de su autoridad en perjuicio de un dominicano; no habrá un peledeísta que le oculte al país un hecho incorrecto o sucio o inmoral”.

Cualquier marchante morado puede publicar que Bosch se equivocó “medio a medio” con tales palabras.

 Igualmente, cualquier dirigente morado puede calificar de invento el informe de PISA sobre la educación en RD, que deja desnuda las falacias acerca de una llamada “revolución educativa”.

 También siguen cuesta abajo megaburlas y mentiras publicitadas sobre la pobreza y otras expresiones del presente dominicano retratado en el artículo de Marien Aristy Capitán, columnista del diario HOY.

 Para que cualquier dirigente morado defienda la “seguridad ciudadana” en su gobierno, solo debe desmentir este párrafo del periodista Claudio Acosta publicado en HOY:

“Baní arde de indignación. Dos de sus hijos, HOMBRES SERIOS y DE TRABAJO, como coinciden en describir vecinos, amigos y familiares al taxista Rubén Darío Díaz Pimentel; y el mecánico Tirson Antonio Báez Mejía, fueron asesinados a mansalva, según versiones  de testigos,  por una patrulla de la Policía, que ha querido enmascarar el crimen de sus agentes con el desacreditado expediente del ‘intercambio de disparos’ y la acusación infame de que mató a dos delincuentes  que se proponían asaltar a un conocido comerciante de la zona”.


Raúl Pérez Peña (Bacho)
Pancarta
Listín Diario

jueves, 8 de diciembre de 2016

Y entonces apareció Danilo Medina


Los límites del despojo (2)
La historia del Estado-Nación denominado “República Dominicana” es la historia de un gigantesco despojo. Y a ése despojo se ligan indisolublemente las ambiciones de la clase media por ascender en el orden social y económico. La seudo-república no ha sido más que el escenario de la movilidad social y las angustias de los pequeños burgueses, y el saqueo del Estado ha constituido la norma. Por eso no es nada nuevo que el pensamiento liberal altere su naturaleza para reproducirse a sí mismo en el poder. Antes de lo que está ocurriendo ahora con el pichón de dictador de Danilo Medina, el ejemplo más angustioso es el del Partido Azul, porque Ulises Heureaux se encaramó en el dulzor de su primer juramento, reburujando a Azules y Rojos, y desfogó su ambición irrefrenable alterando la naturaleza liberal del proyecto restaurador que encabezaba Gregorio Luperón. Desde entonces, la raya que separa a liberales y conservadores se entrecruza, y cuando la verticalidad de una propuesta se mantiene, como en los casos de Ulises Francisco Espaillat y Juan Bosch, seis meses después termina en tragedia.

Es por eso que Américo Lugo será por siempre un pensador indignado; se empinó iracundo apoyándose en esa constante, y tronó maldiciendo nuestro destino: “El Estado dominicano (…) no ha podido subsistir sino en condición de farsa o parodia de los Estados verdaderos”. Y esa “parodia de los Estados verdaderos” ha tenido momentos trágicos y hasta cómicos. Santana fundó un Estado sin el pueblo, y era como un país portátil que viajaba en su mochila. Báez se robó “hasta la cubertería del palacio de gobierno”, y cuajó un desprecio inaguantable contra su propio pueblo, aunque fue él quien dio aliento al espíritu aventurero de la clase media, como dice Juan Bosch. Lilís era un portento para saquear al Estado. Entre la riqueza pública y su fortuna personal no había diferencia.

En los burros de “Guelito” (el general Miguel A. Pichardo, su hombre de extrema confianza) viajaban la nómina pública junto con los dineros de las amantes de turno y el pago al viejo Vicini (“Págale al viejo Vicini, y no lo pongas a firmar ningún papel, que cuando él me prestó no me puso a firmar nada”). Pero la extrema depauperación del Estado por la clase media la narra el propio Juan Bosch en su libro “Composición social dominicana”, son los “vales” en el gobierno de Ignacio María González, cuyo valor de cambio alcanzaban hasta para pagar a las prostitutas por sus favores sexuales en los cafetines de mala muerte.

La del Estado-nación dominicana es la historia del saqueo. Podríamos llenar numerosas cuartillas, infinitos escenarios en los cuales la realidad supera la imaginación. El trujillismo, cuya dimensión de saqueo absoluto y dominación alcanzó hasta lo mágico religioso, supera a todas las emanaciones divinas de los dictadores del continente. Balaguer nos hizo creer que su segunda naturaleza era el poder. Leonel Fernández mordió el destino, para legitimar el saqueo. Hipólito mordió el ridículo.

Y creíamos que lo habíamos superado todo, que habíamos agotado todos los límites, y que nuestros martirios nos autorizaban a confundir la memoria con la imaginación. Pero no. Apareció Danilo Medina, un hombre que adora el plagio, y nos propone reproducir un esquema de saqueo del Estado casi perfecto. Lilís coaligó Rojos y Azules para el saqueo, e hizo desembocar el aliento liberal de los azules en dictadura. Danilo Medina organiza el saqueo del Estado con Rojos, Blancos y Morados; están dispuestos a todo para desvencijarnos. Es duro que le dan con un palo a la piñata del Estado.

Y préstamos van y préstamos vienen, y gente que ni siquiera ha nacido ya carga con una porción de la deuda que estos irresponsables han consumido. En una historia tan truculenta como la dominicana, no se conocía tanta determinación para el saqueo del Estado. Danilo Medina encontró su verdad en la elaboración de sus mentiras. Él pedía sólo un periodo para mostrarnos la Luna, ahora despliega su vocación de absoluto mostrándonos el trasero. Una lamentable historia repetida. Y al que crea que miento que lean la declaración jurada del pasado cuatrienio de José Ramón Peralta, y la de Gonzalo Castillo; y luego lean las de ahora, ¡cuatro años apenas!, para que vean cómo es que se corta el bacalao. Y no pasa nada, nada. ¿Es que no hay límite? ¡Oh, Dios!


Andrés Luciano Mateo
Hoy

jueves, 17 de noviembre de 2016

Amigos de Danilo Medina dolidos con su transformación


¡Danilo, mal acompañado!
La Presidencia de la República, y más en países como el nuestro, hace que quien la ocupe tenga necesariamente que sacrificar muchas cosas que antes hacía, y que hasta lo distinguían de los demás.

En el caso de Danilo Medina, actual Presidente, sus viejos amigos extrañamos su solidaridad, su don de gente, su amistad incondicional, aquella llamada a su celular, siempre atendida, que sigue siendo el mismo, pero nadie lo coge, entre otras muchas cualidades de este ser humano y político excepcional.

Ahora no puede ser así, pero por lo menos quienes le acompañan a gobernar deben ser más abiertos, más responsables, y si prometen deben cumplir, porque así es Danilo Medina, y muchos que no lo conocen creen que él sabe, por ejemplo que gente amiga suya pasa hoy por graves necesidades, amenazadas de desalojo, endeudado, con hijos y esposa sin seguro, que fueron cancelados por un Ministro prepotente de Cancillería sin darle un centavo luego de anunciar que había gastado nueve millones en pagar cesantía a políticos reformistas muchas veces sin necesitar eso.

Danilo Medina debe hacer por lo menos cada dos meses audiencias en Palacio o barrios al igual que las visitas populares.

Las elecciones las ganó Danilo por su forma de ser y actuar, pero igual muchos ayudaron, y hoy son víctimas de ministros y funcionarios engreídos, que no suman, que mienten, que no se conduelen de nadie, que no son capaces de estar a la altura de su Presidente y menos de Juan Bosch, un ser humano que nació y vivió para la solidaridad y el servicio de la gente.

Duele a los amigos de Danilo Medina verse en la miseria en un gobierno de un hombre como él.


Germán Martínez
MI PALESTRA
Listín Diario

sábado, 29 de octubre de 2016

Nieto de Juan Bosch responde al viceministro César Medina


Respuesta de Matías Bosch a César Medina

Estremecedora.

Así resultó la lectura en el día de ayer de una columna, firmada por César Medina, en Listín Diario, con el título “Bosch “asesinado”. ¿A qué se podría referir?

Lo más violento estaba en su contenido: Medina se anima a decir que existen “Quienes se aprovechan de alguna cercanía, no importa si genética, para intentar dañar al PLD atribuyéndole negación a los principios boschistas” y que esas personas “probablemente nunca hayan sido peledeístas y tal vez ni siquiera conocen los sacrificios que conllevó hacer ese partido”.

No sé si el señor César Medina conoce en detalle a la familia de la que se digna hablar, pero me parece, a primera vista, que no. Ni tampoco conoce en su intimidad la vida de Juan Bosch. El señor Medina, que habla de “conocer sacrificios”, no tuvo -estoy casi seguro- nunca nada que ver con alguno de los forjadores de la libertad en República Dominicana. Nunca ha sabido lo que es tener un hijo, un hermano, un padre, un tío, un esposo, un abuelo como Juan Bosch, cuya familia vivió (y ha vivido) atravesada a lo largo de cuatro generaciones por la persecución, el miedo, los destierros, el exilio, los desgarramientos, las separaciones, las carencias y hasta la pobreza. El señor Medina no sabe tal vez lo que es para una familia estarse jugando siempre la vida. El señor Medina desconoce -de esto si estoy seguro, pues nunca lo vi en mi entorno familiar- que, en toda lucha de Juan Bosch, incluyendo la fundación, creación y construcción del PLD, participábamos todos y todas, porque todo lo que hacía Juan Bosch era una obra de amor y entrega, y por tanto obligación y compromiso de todos.

Juan Bosch no se dedicó nunca a vivir del erario ni de riquezas ajenas; ni siquiera de su pensión como expresidente. Jamás dedicó un segundo a vivir “la buena vida”, a disfrutar privilegios, a cobrar o ganar favores, ni de aquello por lo que no sudaba él mismo, y esa fue y es la ética de toda mi familia, y esa fue la manera en que tuvimos que vivir, convivir y compartir cada proyecto que él impulsó, incluyendo -repito- el Partido de la Liberación Dominicana.

Si algo el PLD suscita y suscitará en nosotros es admiración por la obra gigantesca que significó, y dolor si se le destruye y se le erosiona, si se le daña o si se le corrompe. Precisamente porque lo vimos nacer y crecer, y porque vivimos en carne propia los sacrificios que significó. Empezando por doña Carmen Quidiello Castillo, mi abuela, a la que no sé si es la primera persona a quien el señor Medina se atreve mandar a callar. Fue Carmen Quidiello quien -entre 1998 y 2000- hizo las primeras críticas al nuevo proceso del PLD, y ninguno de los que hoy el señor Medina trata espantosamente de defender como “agraviados” por alguien de esta familia, se atrevió a hacer ni decir lo que Medina hace hoy.

Pero lo del señor César Medina – prestigioso comunicador, conocido como diplomático en los últimos años- fue aún más lejos. Se permitió agregar que “Si aún viviera, posiblemente don Juan renegara de alguna gente que se halla en su entorno familiar y que nunca ha trabajado pero vive del cuento”.

Lo primero que debería saber practicar el señor Medina es el principio básico de la valentía y la honestidad, y dirigirse con nombre y apellido a la persona a la que se quiera referir. Hacerlo como un caballero, de cara al sol, y asumiendo las consecuencias. Así se debate en democracia y entre personas serias.

Luego, el señor Medina debería disculparse por su insulto, porque en esta familia no hay nadie que “viva del cuento” y no de su trabajo. Pero sobre todo el señor Medina debería tener mucho cuidado con su nivel de intolerancia y escasa aceptación de las diferencias.

Antes de pretender leerle la cartilla cívica y delimitar los derechos de cualquier persona (incluidos los y las integrantes de la familia Bosch) debería saber que en este país hace rato que se terminó el Foro Público del trujillato y los desmanes de Bonillita Aybar. Está bueno ya que en este país alguien quiera demostrarse como leal acusando a los demás de traidores. República Dominicana ya sufrió altas sobredosis de adulonería, culto a la personalidad y al poder y de rechazo a la disidencia, que siempre terminaron en crímenes atroces y en ningún favor a la convivencia civilizada. Yo estoy seguro que ningún líder democrático puede avalar ni agradecer que este tipo de cosas se hagan en pleno 2016.

Y finalmente, es bueno que el señor Medina sepa que Juan Bosch no renegó ni renegaría de ningún ser amado por dar su opinión, libremente y sin tapujos, ejerciendo sus derechos. Juan Bosch nos enseñó a todos y todas en su familia la virtud de la coherencia, la valentía, el compromiso y la honestidad, y nos enseñó a venerar la libertad, la democracia y la dignidad humana. Nos enseñó a ser libres y a no tener miedo. Nos enseñó a luchar y no a temer. Nos enseñó a defender las ideas propias y los principios. Se sentiría muy mal, decepcionado y renegado si nos comportáramos como pusilánimes, obedientes, temerosos, indecisos u obsecuentes, sin respeto por nosotros mismos.

Nuestra lealtad a Juan Bosch -a diferencia de lo que parece creer el señor Medina- no radica en ser iguales ni en pensar exactamente como él, ni en actuar como siervos agradecidos de alguna deidad. Eso es totalitarismo y culto a la personalidad. Eso es pasado, oscuro y terrible. Nuestra lealtad más bien se sustenta en ser responsables, honestos y coherentes, y defender los mejores ideales de este Pueblo, cueste lo que cueste, guste o disguste, duela a quien le duela.


Matías Bosch
boschlibertario[@]gmail.com
El Día

viernes, 14 de octubre de 2016

El PLD se ha convertido en un mecanismo de ascenso individual


Boschismo al revés
En el artículo de hoy uso testimonios de altos dirigentes del PLD para apoyar mi tesis de que ese partido se ha metamorfoseado en una estructura clientelar que se apoya en la explotación del patrimonio estatal para actuar en beneficio del ascenso económico, social y político de sus líderes y dirigentes.

Que el PLD, considerado la obra maestra de Juan Bosch, creado para sacar al país del subdesarrollo, ha devenido en un instrumento más de opresión social, de profundización de las desigualdades y el atraso general del país.

El PLD carga con la responsabilidad de agravar una deuda social injustificable en un país con más de 50 años de crecimiento económico positivo, y en el que persiste un descalabro en los servicios públicos que arrebata al pueblo derechos como educación y salud de calidad, seguridad ciudadana y social, energía eléctrica, agua corriente y potable en los hogares…

Hay quienes atribuyen el abandono de los principios del peledeísmo a la conversión del partido de cuadros en partido de masas, para poder ganar elecciones y llegar al poder.

Sigamos este proceso de metamorfosis e involución del partido de gobierno, y lo que pueda sobrevenir en una organización que según sus propios líderes y dirigentes reniega de sus fines y principios

Pero importantes dirigentes peledeístas han ponderado las desviaciones  en la ausencia de un liderazgo responsable.

La primera gran desviación se expresó en las primarias del PLD en 2007, cuando Danilo Medina denunció que se habían impuesto los recursos estatales a favor de la reelección del presidente Leonel Fernández.

El intelectual Daniel Beltré López, miembro del Comité Central caracterizaba el año pasado el negativo balance orgánico y de valores que prevalece en el PLD, observando que “la organicidad derretida y la proscripción de los principios, nos autoriza a hablar de una suerte de boschismo al revés…”

La gran frustración con el PLD es que no aprovechó los 20 años casi consecutivos en el gobierno que cumplirá en 2020 para que República Dominicana superara la arritmia histórica de que hablaba Bosch, que calificaba como madre de todos los atrasos del país.

Que no aprovechara su ya dilatada permanencia en el poder para instaurar el estado de derecho, instituciones fuertes que sentaran las bases del desarrollo infraestructural y superestructural del país, creando y consolidando la articulación de un modelo de desarrollo sostenible de inclusión social.

Una expresión de la involución que se verifica en el PLD la ofreció el dirigente Temístocles Montás, quien subrayó que “el personalismo y la falta de disciplina han hecho metástasis” en el partido, “donde el dinero lo ha corrompido todo”.

Criticó que “dirigentes han terminado sacrificando lo que sea, cayendo en el cinismo, perdiéndose en los ideales, y tolerando y hasta justificando la corrupción”.

Puntualizó que el PLD se ha convertido “en un mecanismo de ascenso individual en donde predomina el pragmatismo, la ausencia de ideas, acompañado del abandono de los principios, todo lo que criticó Juan Bosch en el viejo PRD, hoy lo estamos viendo en el PLD”.

Sigamos este proceso de metamorfosis e involución del partido de gobierno, y lo que pueda sobrevenir en una organización que según sus propios líderes y dirigentes reniega de sus fines y principios.


Nelson Marte
Periodista
elCaribe

martes, 30 de agosto de 2016

Una organización portentosa de poder sustentada en acuerdos de colusiones


El pobre Euclides
Escribo este artículo un día plomizo y húmedo. Me siento como un perro cuando rebusca un acomodo en un piso mojado, dando vueltas torpes en el mismo epicentro. Las horas perecen al pie de mi ansiedad. En la pesadumbre derramo el café sobre un documento legal, luego enciendo el televisor para airear el embotamiento. ¡Qué suerte! Euclides Gutiérrez Félix aparece de la nada; ¡Dios!, lo más parecido al día. Como siempre: hosco, tétrico y mordaz. Hablaba en una entrevista grabada hace meses. No sé si el canal tenía una programación luctuosa.

Para el viejo Euclides, el que no acepta al PLD como la epifanía de la redención social es un “disparatoso”, vocablo que debiera patentar por su uso maniático. Se asume y habla como una autoridad enciclopédica; es infalible y omnisciente: una adaptación posmoderna de Da Vinci, Voltaire, Diderot o Montesquieu. Me provoca cuando descalifica, juzga y condena de forma desdeñosa pero con dureza espartana. Es delirante oírle decir “baboso” a cualquier profano que no comulga con su religión partidaria. Sus juicios inquisitorios recuerdan las sentencias de horca del Santo Oficio o los sádicos descabezamientos del Estado Islámico. El que no endosa sus anacronismos polvorientos es perremeísta, antipatriótico o agente de la embajada americana. Hace poco dijo: “No es verdad que este es el gobierno más corrupto, eso lo dicen nuestros enemigos que sí son corruptos. Un partido fundado por Juan Bosch no puede ser un partido de corruptos”. ¡Sublime!

El pobre Euclides está decrépito. Vagabundea por puro ocio en su propia soberbia como un espectro del tiempo, atrapado en décadas perdidas. Todavía “cree” que el PLD es el partido de rifas y verbenas como cuando sus dirigentes vestían chacabanas de poliéster, camisas Bazar, zapatos rancios y pantalones de gabardina con fundillos ajados. Euclides está desprogramado; debe ser “reseteado”; obvio, si su cerebro es compatible con las redes digitales del pensamiento moderno. Sus desvaríos lo obsesionan con aquellos años en los que sus dirigentes más aventajados manejaban carritos Lada o cepillos Volkswagen.

El historiador más vendido de América Latina (RD$ 342 millones en su declaración jurada de 2012) se aferra al “proyecto de liberación nacional” que en teoría sustenta al partido más acaudalado de la historia dominicana. En su bipolaridad proletaria-burguesa, “el profesor” Euclides (como le llamaría Leonel Fernández) rescata en balde un pasado que hoy reniega de cuerpo entero al PLD de otrora. Un partido huérfano de ideología, mística e instinto ético, tomado por empresarios de la política y las apuestas, negociantes del poder, y cazadores de contratas. Ese mismo PLD de Bosch que impuso la impunidad como institución y la corrupción como carta indulgente. El partido que descubrió, explotó y afirmó el activismo político como el oficio mercante de más rápido rendimiento social, donde jóvenes que no alcanzan los cincuenta pueden declarar un patrimonio de cinco o diez millones de dólares sin abochornarse. El partido que tasa y premia el mérito por la pericia para hacer fortuna en menor tiempo. El PLD de casino, clanes familiares, pactos oscuros, negocios políticos y complicidades obscenas. El PLD de Félix Bautista, Víctor Díaz Rúa, Luis Manuel Bonetti, Alberto Holguín, Miguel Pimentel Kareh, Francisco Javier García y Felucho Jiménez, entre otras proceridades históricas. El partido de las comisiones de reverso, de las offshores, de las cuentas de izquierda, de las sobrevaluaciones, de los repartos, de los trasiegos, de las licitaciones fachosas, de las mafias de hidrocarburos, de las nominillas, de los abultamientos consulares, de los Tucano, Odebrecht, Punta Catalina, OISOE y Comedores Económicos, por citar sus leyendas más icónicas. Un partido que olvidó hace tiempo las escuelas de formación, los congresos políticos, la reflexión dogmática, la disciplina, la actualización ideológica y la identidad partidaria; reducido a un Comité Político como órgano supremo, soberano y autártico o como espacio iluminado al que solo llegan los cortesanos de sus dos divinidades rivales. Ese es hoy el PLD de ayer. Más que un partido, una organización portentosa de poder sustentada en acuerdos de colusiones pero degradada como entidad política.

El PLD es la identidad marcaria de una asociación concentrada de intereses dominada por un pragmatismo utilitario, donde cuenta lo que conviene y no lo que se debe; desgarrada salvajemente por los apetitos más desbocados del poder. Todo lo que se pueda recordar de su pasado es apenas una mención romántica y pálida para exornar guiones discursivos. Solo el cretinismo político más tribal puede conciliar, sin afrentar a la verdad, el pasado y presente de una organización que perdió el sentido natural del servicio al pueblo para servir a sus miembros. Lo digo, creo y escribo a riesgo de merecer la calificación más desprendida del profesor Gutiérrez: ¡un disparatoso!


Acento
Caricatura: Cristian Hernández

viernes, 1 de julio de 2016

El comité político terminará siendo un mojón histórico


¿Para quién gobierna Danilo Medina?
ES PARA ESA GENTEA QUE DANILO MEDINA GOBIERNA
Mis dos artículos anteriores me obligan a abordar el sentido patrimonialista del gobierno de Danilo Medina, dentro de la ideología de la concepción patrimonial del Estado que caracteriza a los gobiernos del PLD. Usamos el concepto de patrimonialismo en el sentido en que Max Weber lo concebía; atribuyéndole a la autoridad tradicional del soberano el manejo de todos los asuntos públicos.

Hemos visto que la corrupción configuró castas en el seno mismo del gobierno de Leonel Fernández, con fortunas inimaginables en un país de un PIB tan modesto; y que el Estado fue usado sistemáticamente como fuente de acumulación originaria.

La democracia cansada que se nos impuso desperdigó un clima amoral que permitió que los vicios aparecieran como virtudes, y el ejercicio de gobierno sirvió a los propios deseos de los gobernantes en lugar de servir al interés general. Poco a poco, el PLD transformó su naturaleza. Sus cuadros tradicionales olvidaron la doctrina, se dedicaron a enriquecerse, y su “razón práctica” fue únicamente reproducirse a sí mismos en el poder.

Cuando Leonel Fernández salió del gobierno, los líderes del PLD habían perdido la introspección, abandonándose al disfrute del lujo y la riqueza. Eran ya incapaces de salir de su particularidad restringida. Desconocían todo aquello que en la boca del Maestro prefiguraba un ideal, se había borrado ante sus puertas. Ya no encarnaban un proyecto social, Juan Bosch era un cadáver perfumado en un armario, al cual sacaban de cuando en vez con sahumerios y mirra olorosa. Sobre el país había caído todo el cinismo implacable que da armas a la impunidad, y las instituciones asumieron el vivo símbolo del rechazo y la denegación. Todo el tinglado de la dominación se movía con ardor sin la menor norma. Y sobre ése andamiaje se montó Danilo Medina. Si Leonel Fernández gobernó para los poderosos, y para el círculo de nuevos millonarios surgidos de su propia gestión de Estado, Danilo Medina gobierna, fundamentalmente, para el grupo económico que vino desde fuera del PLD, y financió su proyecto político, y se transformó en una casta opuesta a la de Leonel Fernández.

El cambio de una casta a otra es tan solo la continuidad de un mismo modelo, empinado sobre la ideología de la concepción patrimonial del Estado, con una mejor organización propagandística, y una más eficaz práctica de la corrupción.

El gobierno de Danilo Medina supera con creces la corrupción del gobierno de Leonel Fernández, y el saldo contra la democracia y a favor del desguañangue institucional es infinitamente superior. Bastaría con analizar la violencia formal y el costo institucional que significó imponer la reelección. Es un gobierno lleno de rentistas, quienes han ido desplazando en importancia a la vieja guardia de la OTAN del comité político. La reelección, por ejemplo, fue un proyecto de prolongación patrimonialista, cultivado por los ministros rentistas, y luego impuesto a la esclerotizada membresía del comité político.

El pobre de Euclides Gutiérrez no se da cuenta de que ya Danilo Medina no los necesita, como tampoco necesita a Leonel Fernández. En el PLD no hay ninguna lucha de ideas, ningún proyecto social; simplemente las castas se desplazan. El comité político terminará siendo un mojón histórico, reducido a la aceptación de lo que la dinámica del grupo económico que financió el proyecto presidencial del danilismo imponga. No hay más que observar un acontecimiento reciente.

El ministro José Ramón Peralta, dándole sustentación al paquetazo fiscal, proclamó airado que la evasión en el país era de un 40%, y eso había que corregirlo. La estrategia es ir creando las condiciones para agredir nuevamente con los impuestos. Pero el director de Impuestos Internos le salió al frente aclarándole que únicamente llegaba a un 29.7%, y aportó un considerable caudal de informaciones técnicas y mediciones, con apoyo de organismos internacionales.

 José Ramón Peralta es un improvisado, pero Guarocuya Félix es técnico y militante de larga data del PLD. El desenlace, sin embargo, ilustra sobre lo que estamos diciendo. Guarocuya Félix fue destituido, almacenado en un banco quebrado, exiliado de las gracias del Mesías. Eso pasa porque el fundamento de la concepción patrimonial del Estado siempre actúa defendiendo los ocultos intereses del orden, y un rentista frente a un técnico y político, une en la imagen trasladada al estado de tipo, todo lo que un ambicioso de poder requiere.

Es para esa gente que Danilo Medina gobierna.



Andrés Luciano Mateo
Hoy

martes, 28 de junio de 2016

Billetes con la figura de Juan Bosch


La degradación de un partido
El PLD ha tocado fondo como institución política, utilizar la imagen del profesor Juan Bosch en los billetes de la Lotería Nacional para promover juegos de azar, y que no exista penalización para los responsables indica que esta organización se ha degradado miserablemente.

Un partido y un gobierno que les roban a sus ciudadanos con los precios de los combustibles y la tarifa eléctrica, un partido y un gobierno que construyen ciudades y anuncian sostenidamente el crecimiento de la economía sustentados en préstamos y déficit fiscales; han perdido la moral y todas sus acciones mediáticas tienen el único fin de manipular a la opinión pública.

Ese 62% de votantes que recibió la reelección debe estar pensando que no fue una buena idea haber elegido esta farsa de partido y de gobierno.



Juan Santos / Desde La República Dominicana