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martes, 29 de mayo de 2018

Cierra 7 días punto com punto do

     Margarita Cordero.


Adiós a 7dias.com.do

No hubiera querido nunca escribir el epitafio de 7días, porque es hacerlo sobre la muerte de un sueño personal.  Pero me lo pidió, y creo que desde el hondón del alma desde el cual también escribo, una persona de esas a las que digo “primero eres mi amigo y, después, lo que te dé la gana”.

Esa persona es José Ramón Brea, a quien, con genuino orgullo, considero amigo. Sí, puede ser lo que le dé la gana; desde el presunto socio de la Sun Land hasta el dueño de 7días que me permitió denunciar, sin antes advertírmelo ni luego censurarlo, pese a tener intereses propietarios, el espurio negocio con Bahía de las Águilas que había montado César Pina Toribio mediante un “acuerdo transaccional” con los depredadores.  Gracias a esta denuncia, este bien público canibalizado por la corrupción volvió a las manos del Estado, su legítimo dueño. Como tampoco se dio nunca por enterado de mi visceralidad contra un político al cual lo unen profundos y viejos afectos personales.  Es mi amigo, y por él escribo.

Cada vez son más escasos los espacios en los cuales poder decir lo que pensamos. Hasta hoy, cuando cierra para siempre, 7días ha sido uno de ellos. Su mudez funeraria se agrega al silencio de otras voces que han luchado por un periodismo digno y han sido contrapeso del poder. Duele e inquieta. No le pregunté a José Ramón Brea por qué ha tomado la decisión de cerrar a 7días, pero lo imagino. Puedo o no estar de acuerdo, igual lo lamento, aunque sirva de nada.

Cuando en el 2007 Félix Calvo me hizo parte del proyecto de este periódico digital, me enfrenté a un reto que puso en tensión todas mis capacidades. Era el tiempo en que comenzaban a surgir los medios en la Red, y andábamos a tientas. Fuimos poco a poco construyendo un espacio y 7dias se convirtió en referente. No fue fácil, pero lo logramos.

Años después, los avatares hicieron que 7días cambiara de dueño. Mis incertidumbres de entonces fueron muchas. El adquiriente no venía precedido de buena fama. Pero, una vez más, la realidad demostró ser más rica que los esquemas: nunca, absolutamente nunca, 7días sufrió ni por asomo, mientras lo dirigí, la censura directa o indirecta que el prejuicio podía anticipar. Doy testimonio agradecido de ello.

Me fui de 7días hace casi tres años. Durante ese tiempo, lo he mirado con los ojos de la madre que sabe y acepta que su hijo es un pájaro de libre vuelo y que el camino del cambio es (debería ser) cada día menos largo. Wilkin Amador supo siempre hacer lo que correspondía y abonó el futuro. Y yo me regocijé.

Sufro que 7días desaparezca del universo mediático. Deja un hueco que, con toda seguridad, ocuparán quienes no merecen ni siquiera existir. Esa parece ser la ley inexorable del mercado canalla. No hay que resignarse, sin embargo. No hay que dejar que la largura del túnel nos impida ver la luz que nos espera a su final. En eso creo y confío. En eso creyó y confió siempre 7días. En eso debemos seguir creyendo y confiando todos y todas. Aunque parezca iluso, resistir es vencer.


Por Margarita Cordero, periodista.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Que el PRM pacte con el PRSC no debería asombrarnos


PRM y política equizofrénica
En un sistema político y partidista donde como en ningún otro ámbito es norma el descarado criterio de que “to’ e’ to’ y na’ e’ na’”, que el PRM pacte con el PRSC no debería asombrarnos.

Preguntémonos empero no por las razones prácticas de esta alianza, si no por las complicadas artes que demanda esta conciliación de posiciones, cuando uno de los actores, Luis Abinader, dice representar la antítesis de lo que hasta ahora prima en la política y encarna el reformismo.

Para comenzar, prestemos oídos al discurso de Antún el pasado jueves 17. Sin inmutarse, afirmó que con esta alianza “el PRSC vuelve a sus orígenes” para “sembrar el país de esperanzas redentoras”. ¿Hemos olvidado cuáles fueron estos orígenes? De estar vivo, Lyndon B. Johnson podría ofrecernos la respuesta. Aunque quizá no la necesitemos, y la represión feroz contra las fuerzas democráticas durante los famosos “doce años” sea dato suficiente. Como también puede serlo el prohijamiento del parasitismo empresarial que succionó la ubre pública con gulosidad obscena. O la corrupción que, según un Balaguer-gatita-de-María-Ramos, solo se detenía a la puerta del despacho presidencial; escuela que legó a nuestra política un excesivo número de magísteres summa cum laude.

El lamento de Antún por los pobres, por los niveles intolerables de injusticia e inequidad social, los devaneos medioambientalistas, las citas que fueron desde Allende y el Ché hasta Benedetti y Sabina, son parte de lo que en mi entrega “Política siciliana” califico de lenguaje vacío. Agrego ahora que ofensivo a la inteligencia colectiva.

Más hay una afirmación en el discurso que deseo resaltar: aquella según la cual “la soberanía nacional está en graves peligros (sic)”, convirtiendo en imperativo “profundizar su defensa e implementar una política migratoria responsable, que garantice la integridad, seguridad e intereses de la nación que nos legara el patricio Juan Pablo Duarte”.  No hay que ser adivino para saber a qué se refiere Antún con esto.

En diciembre de 2013, Abinader, cuyos ascendientes fueron inmigrantes irregulares, pronunció un emotivo discurso en el acto “Un abrazo solidario con los dominicanos desnacionalizados”, celebrado en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). En el Congreso y en la opinión pública, el PRSC han hecho causa común con el neonacionalismo más rastrero, reconfirmado este jueves cuando Antún agita los fantasmas de una nacionalidad supuestamente en riesgo. ¿Cuál de los dos criterios primará en esta alianza?

En la cultura política dominicana se tiende a responder las preguntas incómodas de dos maneras con resultados indistintos. Una, descalificando a quien pregunta (y en eso la mayoría somos doctorados) endilgándole haber vendido su alma al mejor postor, que será siempre el Gobierno o el contrario. Otra, haciéndose el extraterrestre.

Más cual que sea el tipo de respuesta, a muchos nos seguirá escociendo el alma esta alianza que no es fruto de otra cosa que del más reptante oportunismo de ambas partes, pero de la que sale ganando sin discusión alguna un reformismo que sella los labios de quienes, en el PRM, critican la corrupción, el clientelismo y el autoritarismo y abogan por la decencia, la justicia y el futuro.



Margarita Cordero
Perdonen la molestia
El blog de Margarita Cordero

domingo, 22 de noviembre de 2015

Que sea ella y no un vendedor de cuartillas, alienta

        El presidente Danilo Medina y Margarita Cordero. (Nos esmeramos para la 'Dama de Hierro'. Puro arte.)

Premio a Margarita: reconocimiento al periodismo
La entrega del Premio Nacional de Periodismo a la veterana Margarita Cordero representa mucho más que una placa y unos cuantos pesos.

En este tiempo de crisis generalizada, donde la chabacanería, la manipulación y la corrupción están al doblar la esquina, el otorgado a ella es el reconocimiento oportuno al único periodismo que conozco: el que se construye a golpe de verdad, contextualización, ética y responsabilidad social.

Que sea ella y no un vendedor de cuartillas, alienta. Parece que la esperanza aún vive en el sombrío panorama de este arte-oficio.

Y ese no es periodismo bueno; sencillamente es periodismo. Porque si se acepta tal apellido, admitiríamos la existencia de uno malo. Y no es así. El denominado malo –que presenta carácter epidémico– es estercolero insufrible o cualquier otra cosa dedicada al chantaje, la extorsión, a los asesinatos de reputación y a la búsqueda de dinero. Jamás periodismo.

MC es periodista. Y hace periodismo.

Con ella he compartido dos experiencias hermosas: durante varios años en el periódico El Siglo (desde su fundación en 1988) y en 7días.

Su formación intelectual es sólida. Lectora insaciable. Crítica… y muy autocrítica. Radical hasta rabiar en la construcción de una agenda propia para no atarse al declaracionismo y el denuncismo.

Exigente con la contextualización de los relatos. Más dura aún con la corrección lingüística y la precisión de los datos en las historias. De muchos periodistas, le desconciertan la apatía por la lectura y su pasmosa indiferencia por los desaguisados cometidos. Casi se infarta cuando, a falta de recursos o de talentos, se le alejan los objetivos primarios de su quehacer profesional.

De momento, MC –así le llamo– semeja una mujer impenetrable. Pero, ya a su lado, todo lo contrario. Cariñosa, honesta, reconoce talentos, los alienta y siente orgullo por ellos. Amén de diferencias ideológicas, el sentimiento y la lealtad le brotan a borbotones.

Por eso y más, he sentido gran orgullo al verle este lunes 16 de noviembre, en el Palacio, recibiendo del presidente Danilo Medina el premio a sus años de entrega a esta profesión. Hace mucho que se lo merecía.

Que sea ella y no un vendedor de cuartillas, alienta. Parece que la esperanza aún vive en el sombrío panorama de este arte-oficio.


Tony Pérez
7dias

martes, 17 de noviembre de 2015

Los empresarios que concentran medios han convertido la información en mercancía


Es esa prensa la que el país echa en falta
LA DAMA DE HIERRO HABLÓ
Excelentísimo presidente Danilo Medina

Excelentisíma vicepresidenta Margarita Cedeño de Fernández

Señor ministro de Educación Carlos Amarante Baret

Presidente del Colegio Dominicano de Periodistas, Olivo de León

Apreciados amigos

Apreciadas amigas

Cuando has dedicado toda tu vida adulta al periodismo y anidado en todas sus vertientes, desde la radiofónica en tus inicios a la digital en tus postrimerías, recibir el Premio Nacional de Periodismo produce un sentimiento que mezcla satisfacción y extrañeza. Es lo que me sucedió el pasado 4 de abril cuando recibí la llamada que me anunció el premio. Es lo que me sucede ahora, cuando el premio se oficializa.

Satisfacción, digámoslo sin falsas modestias, porque el empeño que ha consumido una parte importante de mi energía vital e intelectual es merecedor de reconocimiento público. Extrañeza, porque he creído siempre en que, como dijera un autor español leído hace ya muchos años, nadie merece nada por cumplir con el destino elegido por propia voluntad y a propio riesgo. Yo elegí ser periodista, con todas sus implicaciones para mi vida, en esos tiempos ya lejanos en que este país irredento se asomaba por primera vez en más tres décadas a la posibilidad de la palabra dicha sin miedo. A la palabra que florecía las calles.

Aquellos tiempos no son el paraíso perdido, pero son mi marca de identidad personal y profesional. He dicho en otras ocasiones, y lo repito cada vez con mayor convencimiento, que los hombres y mujeres que poblamos las redacciones de periódicos y radioemisoras en esos años turbulentos estábamos imbuidos de una vocación misional que hizo posible un periodismo comprometido con la democracia. Sus deslices, que siempre los ha habido, eran pequeñas manchas en el Sol.

Así que yo hoy, frente a ustedes y con todos mis recuerdos y experiencias a cuestas, me encuentro en la paradójica situación de estar contenta, muy contenta y satisfecha, pero también, y al mismo tiempo, de sentirme como pez fuera del agua.

Pero hablemos de periodismo. No teman que me aferre a la nostalgia para hacer comparaciones, siempre odiosas y con altísima frecuencia, inválidas. Me sitúo voluntariamente en el hoy y el ahora de la profesión, a la que miro con ojos inquietos y por momentos apesadumbrados.

En un libro que todavía me escuece, el sociólogo español Félix Ortega radiografía el periodismo que se ha impuesto en Occidente: aquel que tiene lo efímero como norma. Un periodismo atenido a “la dramaturgia de las declaraciones (frente a las explicaciones), la primacía del acontecimiento (frente a la perspectiva de largo plazo) y como corolario el olvido frente a la memoria histórica”.

El periodismo dominicano está incluso en ese descarnado resumen de déficits profesionales y éticos. Nos hemos acostumbrado, con mareante rapidez, al periodismo sin información, a la banalización de la realidad, a confundir nuestro ejercicio con la vocería de las autoridades asumida, sino por vínculos non sanctos, por una holgazanería profesional que nos asegura una cotidianidad descomplicada. Nos convertimos en publicistas de quienes mueven los hilos del poder cuando, con la grabadora sustituyendo el cerebro, damos categoría de explicación a las declaraciones interesadas de funcionarios, políticos, empresarios y dirigentes sociales; cuando nos conformamos con el hecho en sí mismo, sin intentar establecer antecedentes y consecuentes; cuando preferimos olvidar para no molestar.

En la complicidad unánime que se pretende, por comisión u omisión, resuena la frase de Jean Baptiste Clamence, el camusiano juez penitente de La caída, para quien “cuando seamos todos culpables tendremos la democracia (…) Los otros también tienen sus cuentas y al mismo tiempo que nosotros; eso es lo importante. Todos reunidos, por fin, pero de rodillas y con la cabeza gacha”.

No pretendo echar agua al vino de unas críticas de las que no me excluyo, pero debo decir que en esta búsqueda de la igualación en la culpabilidad colectiva, los periodistas no somos los únicos actores. Por encima de nosotros, induciéndonos a la grisura y al cenagal, están los propios empresarios de la comunicación, el Estado, la empresa privada y los políticos.

En esta poética Arcadia en que el periodismo dominicano, con algunas excepciones, ha convertido al país, la pregunta inquisitiva pierde valor, el deseo de saber se convierte en necedad, y quienes preguntan y hurgan, además de escasos, son diagnosticados de frustrados por una miríada de censuradores. La disidencia está proscrita

En abril de 2014, durante un panel en el que me complació participar, el colega Adalberto Grullón presentó los resultados de un estudio sobre el régimen salarial en televisoras y periódicos impresos. Los datos exponen con crudeza la inducción empresarial, sospecho que calculada, al pluriempleo, y en ocasiones la corrupción, de los y las periodistas. “Hay un canal que paga a los periodistas treinta y cinco mil pesos al mes, pero hay otros que pagan diez mil y les dan a los periodistas permiso para que puedan buscársela”, dijo Adalberto en la ocasión.

En la mayoría de los medios escritos, los salarios son igualmente deprimidos. Los hay que todavía pagan a los periodistas la mísera suma de doce mil pesos. Es decir, poco menos del cincuenta por ciento del costo de la canasta básica establecido por el Banco Central. También en los periódicos las normas son laxas y los periodistas tienen vía libre para complementar sus salarios. Si esta complementariedad compromete la línea informativa o editorial del medio, no es cosa que parezca preocupar a nadie. En definitiva, los medios no son vistos por la generalidad de sus propietarios como empresas de servicio público, sino como instrumentos de utilidad estratégica variada en su propio beneficio.

De ahí que esa licencia que se concede a los periodistas no tenga a estos como únicos beneficiarios. A quienes hacen uso de ella les tocan las humillantes migajas de un pastel que se reparte en otras mesas. El gran favorecido del periodismo anodino, acrítico y que “se la busca”, es el empresario que, en este inédito escenario de concentración de medios en manos de reducidos capitales, salvaguarda sus intereses y los de sus socios en la navegación hacia el seguro puerto de la rentabilidad de sus negocios y de la influencia elegantemente coactiva. Ellos, y no otros, han convertido la información en mercancía.

Y está el Estado, y más concretamente el Gobierno, como empleador de periodistas por debajo de la cuerda. Periodistas que sin abandonar sus puestos de trabajo en las empresas, son empleados por las instituciones públicas para servir de cajas de resonancia, como relacionistas públicos, de sus políticas e intereses coyunturales. O para que guarden oportuno silencio.

Y está la empresa privada, que salta, desnuda o camuflada, según la circunstancias, al ruedo de la compra de opiniones. Que emplea todas las artes de la seducción para lograr sus objetivos. O que cede gustosa al chantaje sin que una sola fibra de su entrecomillada ética se estremezca cuando la apuesta es salvaguardar sus negocios o la imagen personal. ¿Cuántos empresarios han enfrentado el chantaje? ¿Cuántos han actuado contra los chantajistas? Sobran los dedos de la mano para contarlos, porque la norma es hacer el juego a esta perversión del oficio. Y todos contentos.

Y están los políticos, tan reacios como los anteriores al cuestionamiento, a la pregunta incómoda, al periodista, hombre o mujer, que no les sonríe. Los que convierten la supuesta “confidencia” en vínculo cómplice. Los que ofrecen pagos generosos por la zalamería de la nota de prensa destacada. Los que conforman verdaderas empresas conjuntas con opinadores a su servicio.

Refiriéndose a esta relación endogámica entre políticos y opinadores, Ignacio Ramonet les atribuye conformar “una especie de corte frívola y mundana, donde se hacen la pelota los unos a los otros con conmovedora atención en la esperanza de obtener a cambio algún favor”. Y que conste: los políticos que así actúan son parte –con honrosísimas excepciones— de todo el espectro político.

El resultado más visible de esta deriva es el progresivo silencio frente a cuestiones cardinales para la salud de la democracia. El periodismo aspiró siempre, y el bueno sigue haciéndolo, a ser valladar de los abusos de los poderes constituidos contra los ciudadanos. Esto ha implicado históricamente la denuncia de la violación de los derechos humanos, la toma de posición frente a decisiones lesivas al interés general, la acérrima defensa de las libertades y la tolerancia, y la conversión en espacio de los sin voz.   Abandonados progresivamente estos papeles, el periodismo pierde la confianza ciudadana.

Más tras esta repartición de culpas, que no pretende ser salomónica, son necesarias las precisiones. Y, para mí, la primera de todas nos remite a la imposibilidad de avanzar en la democracia con un poder –público y privado— que se lucra de la falta de contrapesos, como sería un periodismo independiente y crítico que saque a la luz pública, con seriedad y sin aspavientos, el mucho daño que hacen a la institucionalidad la falta de transparencia, las prácticas corruptas, las opacidades. En ausencia de una opinión pública informada y crítica, la democracia se vacía de contenido y se reduce a meros rituales y a simple retórica.

No pocos dirán, encandilados por las redes sociales, que nuestras esperanzas ciudadanas de recibir una información menos mediada por los intereses corporativos y políticos, están en las vías cada vez más numerosas de acceder y compartir información, casi en tiempo real, que ofrecen las nuevas tecnologías. El pasivo receptor de antaño es hoy, gracias a esas tecnologías, un creador de contenidos con los materiales de lo inmediato. La Red ha venido a cambiar nuestros hábitos de consumo cultural, a situarnos en el epicentro de un proceso de intercambio que no tiene límite ni fronteras. Pero del mismo modo que el periodismo tradicional está plagado de falencias, la comunicación que se produce a través de las redes, y gracias a los teléfonos inteligentes y toda suerte de equipos, adolece de tamices que permitan contextualizar el hecho, conferirle profundidad mediante el dato comprobado y, sí ha lugar, analizarlo.

Faltaría a mi propio convencimiento si dijera que veo en el buen periodismo la panacea de todos los males que asuelan a la sociedad dominicana. Nuestros problemas estructurales, nuestras injusticias e iniquidades sociales, políticas y económicas necesitan de algo más que una prensa crítica para ser resueltos: necesitan de una voluntad política que aún nos falta y de una ciudadanía empoderada propugnando una sociedad distinta. Pero creo también, y decididamente, que una prensa capaz de hundir su escarpelo en las tumoraciones de nuestro sistema socioeconómico y político, prestaría un servicio inestimable a una mejor República Dominicana. Es esa prensa la que el país echa en falta.

Pese a tanta circunstancia adversa, esa prensa y ese periodismo comprometido con la justicia y la democracia son todavía posibles. Toca a las escuelas de Comunicación y a las organizaciones de periodistas, a cuya cabeza está el Colegio Nacional de Periodistas, emprender el esfuerzo de reencauzar nuestras prácticas profesionales elevando la conciencia ética del oficio y logrando el adecentamiento de las condiciones en las que este oficio se ejerce.

No puedo concluir sin expresar mi profundo agradecimiento a quienes promovieron que este premio me fuera concedido. Nunca me consultaron su propósito, quizá para prevenir que los disuadiera, rosca izquierda como dicen que soy. Agradezco de todo corazón a quienes defendieron mis méritos y a esa defensa añadieron como argumento un principio cardinal de la democracia: el respeto a las diferencias y a la pluralidad de las ideas. Agradezco al jurado haber convenido en otorgármelo.

Tampoco puedo dejar de mencionar a respetados colegas por los que siento un entrañable cariño: Aníbal de Castro, Bienvenido Álvarez Vega, Juan Bolívar Díaz, Osvaldo Santana y Eulalio Almonte Rubiera, el recientemente fallecido Radhamés Gómez Pepín. Todos ellos alimentaron mi crecimiento profesional, me retaron a ser cada día mejor, a luchar a brazo partido contra mis limitaciones. Sus críticas a mi trabajo, nunca complacientes, son la argamasa de este premio.

Y están también como artífices de la periodista que soy mis hijas Laura y Virginia y mi hijo Nassef, a quienes robé tantas horas en edades en que necesitaban de mi calor y mi atención. Me conforta que los daños colaterales provocados por mi ausencia hayan sido menores: los tres –íntegros, comprometidos con su país, solidarios y críticos– han sido siempre y lo serán hasta mi último día mi razón fundamental de vivir.

Y está mi amado nieto Juan Martín, de quien espero que, cuando yo falte, me recuerde siempre con amor y respeto.

Muchas gracias.

Margarita Cordero

Democracia y reconocimiento


El premio a Margarita Cordero
Doña Margarita Cordero es merecedora de todos los premios que existan dentro del periodismo. Con sus defectos y sus virtudes la "Dama de Hierro" es una muralla contra los excesos y las amoralidades de nuestra partidocracia.

El presidente Danilo Medina y todos los funcionarios que intervienen en el Premio Nacional de Periodismo 2015 han realizado un acto de democracia loable al reconocer a esta divina dama.

Honrar honra, este gobierno se honra al honrar a una chica querida por las mayorías y odiada por la caverna.

Dentro de todo lo malo de la cleptocracia gobernante de vez en vez aparecen actos de justicia, galardonar a Margarita Cordero es reconocer a la conciencia silente y de mayor prestigio de la República Dominicana.

Nuestra gratitud al gobierno de Danilo Medina por este gesto, nuestro eterno aprecio y apoyo a "La Cordero".



Desde La República Dominicana
Foto: Alberto Rosario / 7dias

martes, 1 de septiembre de 2015

Sale de 7dias Margarita Cordero

    Margarita Cordero.

La directora del diario electrónico 7dias ya no está al frente de ese importante medio, la información fue colgada por ella misma en su cuenta de Twitter:



Nada que especular, nada que agregar,  seguiremos a Margarita Cordero, la Dama de Hierro y Premio Nacional de Periodismo 2015 doquiera que se encuentre.


Desde La República Dominicana

sábado, 6 de junio de 2015

Mentirosos profesionales, inventores de verdades


Imagen contra imaginación
En el lenguaje coloquial, registra el DRAE, magín deriva de imaginación y la equivale.  De la Antigua Roma proviene imago, que en sus orígenes designaba la máscara de cera mortuoria con la que los cadáveres eran expuestos en el Foro; en latín, su acepción  es imagen.

Puede una suponer que la creación de una imagen obliga al despliegue de la imaginación. Pero no siempre es así. Factores muchos y diversos pueden erigir murallas entre magín e imago en lugar de tender puentes.  La primera puede ser anoréxica; la segunda, bulímica. Es decir, la imaginación no come y la imagen se atraganta. Al final, ambas están terriblemente enfermas, pero por distintos motivos.

Puestos a construir una imagen –o a contemplar su creación—, podemos llevarnos el susto de que los materiales resulten  insuficientes y para los pies lo único disponible sea barro; como sucedía con la estatua monumental soñada por Nabucodonosor, el derrumbe será inevitable. El barro no podrá resistir el peso de las aleaciones provenientes de tantas y disímiles canteras del mundo entero. La creación puede tener también un punto débil en el talón, como en el mito de Aquiles, y no resistir la más leve herida.   Por los efectos predecibles de tener los pies de barro o un punto vulnerable en el talón, la imagen construida no será, como puede  estar obsesivamente  persiguiendo su creador, la del Imago Dei (latinajo aprendido de pasada) que sirve a la teología cristiana para hablar del hombre como imagen de Dios, sino la máscara de cera que por mucho que conserve en el tiempo los rasgos de su molde no podrá ser otra cosa que la imago de un cadáver.

Magín, ya está dicho, es imaginación. Es vida. No huele a los crisantemos poetizados por Brel. Convoca a la fiesta del espíritu creador capaz de transformar lo irreal en real, y viceversa. Ya lo sentenció Machado: “Se miente más de la cuenta/ por falta de fantasía: / también la verdad se inventa”.

A quien le sirva el traje, que se lo ponga.

Margarita Cordero
LA OPINIÓN DE LA DIRECTORA
7dias

miércoles, 3 de junio de 2015

El país merece algo mejor


Porno duro en la Cámara de Diputados
Visionar la transmisión de la sesión de este martes de la Cámara de Diputados fue asistir a un espectáculo lastimero. No por lo discutido, que ofrecía la oportunidad de confrontar ideas, sino por la impudicia con la que los principales voceros de las bancadas airearon trapos sucios para defender las posiciones propias o impugnar las ajenas.

Si lo dicho en esa sesión necesitara compendio, bastará la intervención del diputado perredeísta Víctor Gómez Casanova para quien, en esencia, la coherencia de los políticos reside en su incoherencia histórica. Son rabiosamente fieles al cambio frecuente de posición y de chaqueta, que depende del interés particular y hasta del clima, agrego yo.

Conocidos mutuos de antaño, transeúntes algunos por varios de los partidos que componen la Cámara, podían mencionar con nombre y apellido los chivos expiatorios de sus particulares contradicciones y abandonos. Regodearse en enrostrar al autoproclamado principista la turbia historia que lo precede y lo descalifica. Imputar al actual reeleccionista una maléfica vocación asesina de las conquistas democráticas.

No fue grato ver aquello. Y mucho menos reconocer veraces, como dato factual –aun si lo citado ameritase el análisis de su complejo contexto—, varios hechos políticos pasados esgrimidos para deslegitimar, sobre todo, a los opuestos a la reforma pro reeleccionista.

Puede ser difícil de tragar y digerir, pero es de ley reconocer que los reformistas (incluido el transmigrado al perredeísmo Victor Gómez Casanova) se sirvieron con su dama en este espectáculo de porno duro político. Desde recordar que Leonel Fernández publicó en 1990 el libro Raíces de un poder usurpado, ardorosa denuncia del fraude electoral contra el PLD y su candidato Juan Bosch, para apenas seis años después ser deudor de Joaquín Balaguer, el estimagtizado,  en el Frente Patriótico, plataforma de su primera presidencia; hasta la turbulenta reforma constitucional de 2002 para intentar la permanencia en el poder de Hipólito Mejía que impusiera el Partido Revolucionario Dominicano contra viento y marea en momentos en que era presidente de la Asamblea Nacional Revisora Andrés Bautista, actual presidente del PRM, opuesto hoy al propósito de modificación.

Hubo otros, como el que acusó a quien en 2002 recogía la “herencia” antirreleccionista del PRD y al traído y llevado José Francisco Peña Gómez,  de desentenderse en el Día D de la batalla contra el  proyecto del PPH para irse a cuidar de sus ovejos; o el cinismo, otra vez de matriz reformista, de quien se regocijó de ver a los antiguos y furibundos antirreleccionistas reivindicar la reelección como conquista política de las mayorías. Igualados todos en la culpabilidad, tenemos ya la democracia, como previera el juez protagonista de La caída.

Salvo la intervención de Guadalupe Valdez postulando una modificación que enmiende los entuertos y carencias dejados por el 2009, que reivindique la inclusión de las minorías y amplíe el espacio de la democracia,  los discursos pronunciados este martes por la casi totalidad de los diputados intervinientes obligan a preguntarse sobre el futuro del país.

Y, repetimos, no es exclusivamente cuestión de si procede o no reformar la Constitución para allanar el camino al presidente Danilo Medina, de si hacerlo subvierte o no la democracia y debilita (un eufemismo) la institucionalidad. De lo que se trata es de la calidad política de oponentes y defensores de la reforma. En ambos bandos, el país merece algo mejor.

Margarita Cordero
LA OPINIÓN DE LA DIRECTORA
7dias

viernes, 29 de mayo de 2015

El triunfo de un silente estratega


Danilo Medina trancó con doble y derrotó a Leonel Fernández
SANTO DOMINGO (R. Dominicana).- Aun quienes solo conocen los rudimentos del popular juego de dominó saben que, extrapoladas sus reglas al ámbito político, en las negociaciones que pusieron fin aparente al conflicto en el oficialista  Partido de la Liberación Dominicana, el presidente Danilo Medina trancó con doble y ganó la partida.

Menos de 72 horas después de un discurso autorreferencial desde la primera hasta la última frase, el expresidente Leonel Fernández ha debido recoger sus bártulos principistas y avenirse a un acuerdo que solo le deja en las manos las fichas del perdedor.

En primer lugar, y sin considerar los 15 puntos del documento firmado por los 35 miembros del Comité Político, Fernández no tiene ahora, ni tendrá en el futuro, modo alguno de explicar su inopinada renuncia a reivindicar como precepto democrático innegociable la sujeción de la reforma al referendo aprobatorio. La suya es deserción pura y simple. Aun cuando la embocen, nada podrá ocultar el rictus de la derrota política. Danilo Medina, artífice de su triunfo en 1996, se cobra con creces, pero sin aspavientos, la deuda contraída por Fernández en el 2008. El hombre del “palo” tiene la sierra en las manos, y la usa.

Revisados los 15 puntos del acuerdo, es tarea ardua espumar aquellos que definan el perfil “ganador” de Fernández. Que aligeren la pesada carga de su admitido desistimiento a continuar jugando una partida sin posibilidad de ser ganada. Que preserven su estatura de “líder” iluminado, émulo ético de José Martí cuando frente a los indecorosos partidarios de modificar la Constitución para allanarle el camino a Medina, levanta el “principio” insobornable de no producir cambio alguno sin antes consultar al soberano.

“Eso, naturalmente, sería sumamente peligroso para el porvenir de nuestro pueblo. Sería nefasto. Sería catastrófico, ya que dejaría las posibilidades abiertas para que en la posteridad surja algún aventurero que modifique de nuevo la Constitución, pero esta vez para establecer la reelección indefinida, e intentar perpetuarse en el poder”, afirmó enfático en su discurso para referirse a la aprobación de la Ley de convocatoria sin mayoría calificada y sin convocar un referendo aprobatorio popular que impidiera un “ Trujillo del siglo XXI, que vendría a cercenar nuestras libertades, a mutilar nuestra dignidad y a truncar nuestro porvenir como pueblo”.

 Nada, absolutamente nada en el acuerdo pactado a unanimidad por el todopoderoso Comité Político peledeísta, obliga a considerar orgánica la ley que convoca la asamblea revisora (aprobada ya sin remisión por el Senado antes de conocerse el resultado de la componenda), y la exigencia al referendo enceguece (no solo brilla) por su ausencia.

¿Concesiones?

Trancado el juego con el  doble de Medina en el primero de los 15 puntos del acuerdo, el segundo  es una concesión para dummies.  El lenguaje en que está redactado es ambiguo y  saca a la superficie su propósito políticamente caritativo. El inicio “oportuno” (¿las calendas griegas?) de la modificación de los artículos constitucionales 270, 271 y 272, en particular este último, obligan a convocar un referendo aprobatorio que, si esta sociedad se pone las pilas –y no hay que dudar de que las tenga puestas cuando el momento llegue— podría tirar por la borda el sueño leonelista de meterse en un bolsillo los derechos ciudadanos.

Tomados uno por uno los acuerdos referidos a la repartición interna de poder, la perspectiva para Leonel Fernández no es más halagüeña.  Ni siquiera el punto 12, relativo a la conformación de los equipos de campaña que, en este 2016, deja en sus manos la dirección de las candidaturas congresuales y municipales, es ganancia con réditos futuros. Que esas candidaturas estén económicamente bien provistas depende del Ejecutivo, es decir, de Danilo Medina y su equipo. Sin recursos, la dirección de campaña que toca a Fernández en las próximas elecciones está “pintada en la pared”. Holograma del deseo del expresidente. Carta en la manga de Medina, el dueño de la sartén y del mango.

Seamos realistas: en el PLD, la mística boschista de los círculos de estudios de impronta leninista fue mandada a paseo hace tanto tiempo como 1990, cuando las desbordadas apetencias de una pequeña burguesía que abría los ojos a las ventajas personales del poder hicieron renunciar a un Juan Bosch, desconcertado y dolido por el fracaso de su obra.

El  martes 26, la votación en el Senado sobre la ley de convocatoria fue un apoplético revés para Fernández. Inhabilitado –21 contra 10 fue demasiado—, el acuerdo anunciado este jueves es el triunfo incontestable de un silente estratega, para algunos taimado, sobre el embobamiento de este Narciso tropical, canoso y mulato.


Margarita Cordero
7dias

martes, 26 de mayo de 2015

Leonel Fernández y su lógica del todo o nada


Colofón de un discurso: "Horacio o que entre el mar"
SANTO DOMINGO (R. Dominicana).- Nadie descubre nada si afirma que el discurso pronunciado en la noche del lunes por el expresidente Leonel Fernández para fijar posición sobre la propuesta de reforma constitucional, lleva la situación interna del Partido de la Liberación Dominicana a un punto de no retorno.

Lo que durante las últimas semanas pudo verse como una contradicción difícil pero soluble, es ahora un enfrentamiento frontal entre dos fuerzas de distinta potencia, es cierto, pero incapaces de neutralizar una a la otra. Insoslayable que el presidente Danilo Medina cuenta con  la mayoría de las estructuras del partido renovadas durante el Congreso Norge Botello del año pasado, pero Leonel Fernández tiene en sus manos una cantidad suficiente de seguidores, construida intencionadamente desde el poder que abandonaba en 2012, con la que agriará el vino de la pretensión reeleccionista.

A diferencia de lo reiterado de manera casi obsesiva por Fernández en su discurso, no se trata de “principios”. Reeditando el tono bíblico impreso al final de su alocución, vale citar del evangelista Mateo su frase “Así que por sus frutos los conoceréis”, porque no todo el que invoca al Señor entra en el Reino de los Cielos, sino el que obra según su voluntad. A Fernández no le bastarán nunca sus vehementes reivindicaciones de demócrata constitucionalista. Los frutos de sus 12 años de gobierno son su marca de identidad. El secuestro de las altas cortes es un pernicioso botón de la muestra.

Pero, además, Fernández sacó el conflicto por la reelección del ámbito partidista. Ni una sola de las líneas de su discurso hace mención de la decisión del Comité Político peledeísta, que aprobó por mayoría significativa emprender la aventura de la reforma constitucional para allanar el camino a la repostulación de Medina. No la disciplina distintiva, invocada hasta el hartazgo por el peledeísmo desde su fundación, sino su visión de las cosas y su trayectoria pública, elaborada con los materiales de la fantasía.

Y este abandono del papel que le corresponde, ya no como dirigente y líder de larga data de las huestes moradas, sino como actual presidente de la organización, es sintomático de que la lucha interna no está motivada por el choque entre pensamientos políticos que buscan, uno, preservar la supuesta o real tradición institucionalista y, otro, echarla por la borda renunciando a la condición de “legatarios” de las lecciones políticas dejadas por la Revolución de Abril de 1965.

Tampoco ha de extrañar este abandono del terreno del partido a favor de un espacio que, enajenado el vínculo con las estructuras políticas de origen, permite desplegar una capacidad congresual obstructiva difícilmente doblegable.  La extrema personalización del discurso, rayana con la egolatría, es conducta y no azar. Dentro de las filas partidistas, las posibilidades de perder son muchas; fuera, no ganará pero tampoco permitirá que lo haga el contrario. Ese, y no otro, parece ser el cálculo de Fernández, ingenuamente creído en que los manidos “principios” serán digeridos  por la opinión pública como razón real, fehaciente, de su insubordinación al proyecto de reforma.

Otra pifia

Si como afirmara anoche, la percepción de que su oposición a la reforma obedece a la ambición y a la mezquindad personal y política es descabellada, Fernández perdió la oportunidad de demostrarlo de manera convincente. De enfrentar la ojeriza pública con la realidad de su presumida grandeza política.

Una vía hubiera sido descartarse públicamente y de plano como eventual candidato a ocupar la presidencia de la República por cuarta vez. El renunciamiento a competir hubiera dado carne al esperpento de su “defensa constitucional”. No lo hizo porque no le pasa por la cabeza la idea de renunciar a sus múltiples predestinaciones: desde hacedor indiscutible del progreso dominicano hasta garante irreemplazable de la Constitución. Su lógica, repetimos, es la del todo o nada.

La vía propuesta del referendo aprobatorio es la brecha que deja abierta no para Danilo Medina, sino para sí mismo: podrá el mecanismo recibir el respaldo popular, pero eso no anula la competencia interna por la candidatura --que a todas luces perseguiría convencido de que será suya— , aunque ponga la participación electoral peledeísta contra las cuerdas del tiempo.

Releer su discurso lleva a concluir que desdeña el riesgo –o incluso lo prefiere— inducido por una suerte de esquizofrenia social que lo hace pronunciar una frase diagnóstica: “Y en estos momentos, la causa que asumimos es la del respeto por nuestra Constitución, la defensa de nuestra democracia y nuestro Estado de Derecho. Lo hago porque como principal promotor o auspiciador de la actual Carta Magna, sin que nadie me haya dado mandato para ello, me siento, sin embargo, en la obligación moral de ser su guardián, su vigilante y su centinela, al igual que todo el pueblo dominicano”.

La posmodernidad de Fernández no puede reprimir al Doctor Merengue que la acucia. “Horacio o que entre el mar”.

Margarita Cordero
7días

lunes, 20 de abril de 2015

Actuar como el líder que pregona ser


Se veía venir
Solo Leonel Fernández no pudo prever lo que sucedería en la reunión del Comité Político del Partido de la Liberación Dominicana. No exigía clarividencia, aunque sí humildad, porque estaba a la vista de todos.

De nada valía incluso intentar mover fichas en el tablero del partido porque la tendencia interna, y esto era asimismo obvio, está paradójicamente desvinculada de los lideratos suyo y de Danilo Medina sobre las huestes moradas. Lo que pasó este domingo es simple: el encuentro entre un estado de opinión que  desfavorece abrumadoramente a Fernández y un olfato de galgo de quienes están dispuestos a todo, menos a abandonar el poder.

Las encuestas (las creíbles, no las delirantes) vienen hablando claro y alto. Fernández perdió su antigua magia y no parece tener forma de recuperarla. Medina, por el contrario, fulgura sobre un país sin opciones. El uno concita un rechazo que roza lo visceral; el otro, el apoyo de quienes se descubrieron ahítos de parafernalias y alardes, no importa  si el hartazgo les sirve para tan poco.

Lo acontecido este domingo tiene tantas consecuencias como lecturas. Los días por venir pondrán en el candelero las más neurálgicas. Si Leonel Fernández persiste en su autismo social y recurriendo al peso de sus seguidores  en el Congreso trata de obstaculizar la reforma, estará enterrando lo que todavía conserva de relevancia política. Sobre todo porque nadie, absolutamente nadie le creerá que lo hace en defensa de un respeto a la Constitución del que no puede aportar la más anodina prueba, y sí por la desmesura del ego herido.

Nada, además, le garantiza que si impide la repostulación de Medina sea él el candidato de un peledeísmo por primera vez irreparablemente fragmentado. Ni que gane las elecciones si logra la candidatura. Lo sensato es que, aun derramando hiel, actúe como el líder que pregona ser. O el PLD perecerá en sus manos.

Margarita Cordero
LA OPINIÓN DE LA DIRECTORA
Ganadora del Premio Nacional de Periodismo 2015
7dias

lunes, 13 de abril de 2015

La Cordero


Ella, tan temida
Vehemente, intransigente, agresiva. Ama con la misma intensidad que desprecia. A veces arriesga todo para nada ganar. De rencores breves y animadversión perenne que no intenta disimular. Regia polemista, asume en el pleito la insensatez con donaire. Provoca la derrota de quien la reta hasta olvidar la compostura, aunque un requiebro la enloquece y guarda a ratos la daga de su prosa.

Vela el estilo tanto como a la progenie cuya defensa encara con fiereza de leona. Cuando de la protección del clan se trata, es capaz de bordear el ridículo, único temor que confiesa.

La adversidad fue fragua temprana. Conjuró la carencia con los sueños, con ese indómito deseo de trascender traspatios y callejones. Más con rabia que con dolor venció la acera de la abulia y la premonición de fracaso. La estética de latas con tierra negra y geranios, la presintió orfebrería, por la ternura paterna de la siembra. Imaginó manjares cuando compartía el locrio de la dignidad con su madre, sus hermanas y un hermano protector, demasiado querido.

Militante precoz del 14 de junio, muchacha de abril. Su osadía garabateó paredes pidiendo “armas para el pueblo” y supo estar donde la necesitaban. Cuando era el tiempo de la libreta y el lápiz, de micrófono y riesgo, de humillación e incertidumbre, también estaba. Desde la redacción urgente y peligrosa hasta el ahora de mando, todos los medios donde ha laborado tienen su impronta de calidad.

Vivió en el exilio la desesperación inédita del desarraigo. Sin armas para batir la desolación de su primogénita, que vestía su ternura con abrigos deshilachados y zapatos rotos. Lejos descubrió la solidaridad insospechada de quienes adversó en el terruño.

Cruel consigo, de exigencia prusiana. Hasta con el halago es severa. Busca en la lisonja la sintaxis. Sin embargo, no necesita permiso para el disfrute y el desgarro ardiente de madrugadas infinitas.

Ha pagado por su libertad el precio de la injuria, empero, logró la indiferencia ante el insulto. Si la diatriba no afecta su entorno, se solaza con la vileza ajena que no logra intimidarla.

Su imparcialidad es con los principios. Cuando sólo era permitido pregonar, sin culpas, la consigna del anti balaguerismo, ella, con su historia de subversiva, con la leyenda que le endilgaba aptitudes propias de Mata Hari, asumió su adscripción al proyecto de Majluta. Admiró y apostó a Juan Bosch. Después, su devoción por Peña Gómez fue estandarte.

Su designación como miembro del Consejo Directivo de INDOTEL, cargo que desempeñó durante el gobierno de Hipólito Mejía, provocó una tolvanera. Enfrentó el agravio y sus detractores luego fueron aliados.

Feminista legendaria. Por razones ideológicas defiende causas y conductas que jamás consentiría para sí. Expuesta al improperio por esa actitud, no reniega ni se arrepiente.

Del Neruda de su adolescencia, compañero de amores y trinchera, pasó al desenfado de Sabina y a la melancolía del fado, pero cede al primer toque de atabal. Gastrónoma por decisión y placer, su cocina es templo. Como sacerdotisa, transforma ingredientes en oda para el deleite de comensales y vanidad de la alquimista. Coqueta, cumbanchera, sibarita, racional hasta la necedad y la herejía. Musa de indiscretos que cuando no podían vencerla en la intimidad propalaban la endecha del desprecio.

Tiene momentos de hastío, de rechazo a la mundanidad, entonces, se abraza a sus gatas, a su nieto, repudia la insulsez de algunas tertulias y sólo conversa con Savater, Lobo Antunes, Kertesz y prosigue el interminable diálogo con su irremplazable Aníbal.

Gracias a esa costumbre nuestra de decir tarde aquello que antes debió divulgarse, Margarita Cordero Guerrero es Premio Nacional de Periodismo 2015. Ojalá permita el galardón la admiración tardía, más allá de la euforia mimética o la complicidad fugaz. Ojalá las escuelas de periodismo muestren sus trabajos.

La Cordero aceptó ufana el reconocimiento. Tranquila y orgullosa. Sin falsa modestia. Su alforja está colmada. Es el momento de creer que ha sido más amada que temida.


Carmen Imbert Brugal
Hoy

miércoles, 1 de abril de 2015

Dama de Hierro gana Premio Nacional de Periodismo


Nada más justo
La Dama de Hierro, la periodista Margarita Cordero, directora del diario digital www.7dias.com.do, fue seleccionada como la ganadora del Premio Nacional de Periodismo 2015.

Íntegra, vertical, justa, dura, solidaria, proba, culta y descomunalmente preparada, paradigma del periodismo nacional.

Besos, abrazos y nuestro cariño eterno a tan distinguida y respetada periodista.

Tus admiradores:

Jeannelle Koss, Olga Dipp, Juan Santos, Luis Del Monte y Marihal / DLRD



El Presidente y las periodistas
Nuestro mandatario Danilo Medina no se pierde, aquí aparece con dos de las periodistas más queridas por el pueblo: Edith Febles y Patricia Solano.

Juan Santos / Desde La República Dominicana

viernes, 27 de marzo de 2015

Rabia e impotencia


El titiritero es conocido
Rabia e impotencia. Esos y no otros sentimientos invaden el alma de una parte considerable de la sociedad dominicana. La imagen de Félix Bautista los brazos en alto y los dedos índice y pulgar de ambas manos haciendo la señal de la victoria, es un insulto que prolonga el infligido por el juez Alejandro Moscoso Segarra  cuando lavó de culpas, gracias a su poder y complicidades, a un irredimible.

Rabia e impotencia, precisémoslo, que no son fruto perverso de la venganza frustrada contra el más vulnerable de los corruptos. Es más complejo y doloroso y sobrepasa a Félix Bautista: es constatar que la corrupción tiene en el país patente de corso porque nuestros tribunales han sido hasta hoy incapaces de juzgarla y condenarla.

Una sociedad donde la corrupción sea impune se abisma de manera irremediable. La democracia no puede funcionar donde el delito es mérito y el ciudadano nada puede esperar de la justicia. El equilibrio democrático se rompe; sin árbitros creíbles, la cohesión social se disuelve y campa el cinismo colectivo. Los sociólogos lo llaman anomia, el lenguaje popular, “sálvese quien pueda”.

Más aunque sobran motivos para la desesperanza paralizante, mayores seguirán siendo nuestras posibilidades de levantarnos como nación, como sociedad y como individuos del fangal que nos anega. Bien visto, el fallo de Moscoso Segarra no deja de ser una riesgosa apuesta del artífice del secuestro de las altas cortes. El titiritero que ha movido los hilos del títere, cuyo nombre y apellido son conocidos, ha caminado sobre el filo de la navaja cuando sus dotes de equilibristas apenas conservan brillo.

Compensa además saber que el juego no ha terminado aún. De creerle al procurador Francisco Domínguez Brito, Félix Bautista no tiene seguro el sueño plácido de los salvados de la justicia. Tampoco lo tiene Leonel Fernández. Excepto la predecible y delirante encuestadora que se le asocia, todos los sondeos de opinión independientes vinculan su pérdida de popularidad con la corrupción que ha quedado hoy nuevamente sin sanción. Ese es su karma. Escasísimos deben ser quienes no piensen que el fallo de Moscoso Segarra tiene su impronta política. Habrá salvado de ir a juicio de fondo a su hijo putativo, pero no podrá salvarse él mismo del juicio inapelable de la opinión pública.


Margarita Cordero
LA OPINIÓN DE LA DIRECTORA
7 Días

miércoles, 18 de febrero de 2015

Al país le gusta morderse la cola


Quirino sí, Quirino no
La reaparición a través de los medios de comunicación del convicto por narcotráfico Quirino Paulino Castillo ha encendido la mecha de la discusión pública. Siendo su blanco el expresidente Leonel Fernández, no podía esperarse una repercusión menor que la tenida hasta hoy.

Como ocurre siempre con individuos que despiertan pasiones, contra acusador y acusado se esgrimen torrentes de argumentos ad hominem: desacreditado el acusador (o el acusado) se desacredita la acusación (o la defensa). Falacia pura.

Veamos algunos “argumentos” recurrentes en estos días.

Quirino no es creíble porque fue (o es) narcotraficante. Narcotraficante no es sinónimo de mentiroso. Se puede pensar, con sobrada razón, que alguien dedicado a este delito esté huérfano de atributos éticos, pero la ética es una cosa y no mentir sobre determinadas cuestiones, otra. Seguro que no mintió cuando negoció con los gringos, y por eso obtuvo una condena reducida.

Quirino dice la verdad y Leonel Fernández se benefició conscientemente del narcotráfico. En un cable de los filtrados por WikiLeaks, del 5 de noviembre de 2005, se atribuye a Fernández decir a su interlocutor diplomático que el caso del capo tomó al país por sorpresa. “Fernández comentó que a menudo resulta imposible saber cómo es realmente una persona. Durante su campaña, el Presidente personalmente escuchó comentarios muy positivos sobre Paulino”. ¿Quién o quiénes hicieron esos comentarios? Gente de su entorno, muy probablemente, pero ¿sabía Fernández quién era en verdad Quirino? Afirmarlo categóricamente es pasarse tres pueblos.

Quirino está hablando por boca de ganso: Hipólito Mejía. Revela el periodista Julio Martínez Pozo, estrechamente vinculado al PLD, que Quirino intentó decir las mismas cosas, o parecidas, en diciembre de 2012. Para entonces, las protestas contra Leonel Fernández por el déficit fiscal y la corrupción heredados estaban en su clímax, mientras Hipólito Mejía se peleaba a muerte con Miguel Vargas y tan ajeno al país que no es memorable una sola declaración suya de apoyo a las protestas. ¿La hubo?

Quirino está hablando por boca de ganso: los reeleccionistas. Difícil demostrarlo por dos razones. 1) Danilo Medina no ha decidido que reformará la Constitución para intentar reelegirse; 2) Si finalmente la reforma y disputa la candidatura del PLD, barre a Leonel Fernández como escobita nueva. No tiene nada, absolutamente nada que temerle. Lo dicen las encuestas de financiamiento conocido.

Quirino está sirviendo de instrumento a los Estados Unidos, que le tienen el agua puesta a Leonel Fernández.  Si Washington tuviera alguna certeza que justificara incriminar al expresidente, no necesitaría los servicios de El Don.  Lo incriminan y punto. Las elucubraciones sobran. No olvidemos nunca la suficiencia, y eficiencia, de la política imperial.

La gran popularidad de Leonel Fernández es la razón de la “campaña sucia”. Según la última Gallup, si Leonel Fernández encabeza la boleta morada, irá a segunda vuelta y dada su alta tasa de opinión desfavorable, 62.5%, cualquier cosa puede pasar. Está puntero, pero no es imbatible.

Las declaraciones de Quirino obedecen a que Leonel Fernández combatió denodadamente el narcotráfico. Leer los informes anuales de la Estrategia Internacional sobre Control de Narcóticos, elaborados por el Departamento de Estado, comprueba que no hay diferencias significativas en el combate contra las drogas de los gobiernos dominicanos desde 1999 a 2014. El argumento carece de robustez.

Es también una campaña contra el PLD. La suerte del PLD no parece estar asociada a la de Leonel Fernández. Volviendo a la Gallup: el 63.9 % de la población cree que Danilo Medina debe ser el candidato peledeísta. Si hay reelección, el 12.9 % cree que debe serlo Fernández, si no la hay, el 31.4 %. Tampoco compiten en el partido. El 67.2 % de los peledeístas se inclina por Medina y el 17.8 %, por Fernández.

Respondió demoledor/no respondió nada. Relea con calma los tres cortos párrafos de la respuesta y, después, sea usted el jurado… si puede.

Argumentos de terceros aparte,  le recomendamos leer a Lucas 9:60. Pero no lo haga literalmente. La Biblia es pura metáfora. Cuando haya entendido el mensaje de Jesús, pregúntense entonces a quién estaba dirigida la cita que cierra la declaración de Leonel Fernández. Quizá encuentre la clave de algunas cosas.

Si llegado a ese punto se dice ¿y entonces?, tendrá por lo menos una certeza: al país le gusta morderse la cola.


Margarita Cordero
LA OPINIÓN DE LA DIRECTORA
7 Días

miércoles, 11 de febrero de 2015

Las encuestas hunden Fernández!


Leonel Fernández en apuros
¿Quién tiene alguna duda sobre lo que Leonel Fernández significa políticamente? ¿Quién que no quiera pasar por ingenuo se pregunta hoy en día sobre la calidad del bagaje político del expresidente de la República?

Habrá ociosos que privilegien el silencio, la callada por respuesta, para continuar disfrutando el –quizá— erótico cocimiento en su propia salsa. Pero no constituyen mayoría.  Allá ellos y su  autismo social. Si lo prefieren, que se regodeen en la particular incapacidad de entender que, como en la canción del inmortal Luis Días, el Liborio de nuestra conciencia colectiva ya hoy en día  “no come pendejá”. Ni sacia el hambre cuando la come, aunque sea poquito y simbólico.

A nadie, o a muy pocos, ensorden las fanfarrias pagadas a buen precio para que su eco se oiga en el país. La gente supone, a falta de saberlo con certeza, cuánto cuesta cada título, cuanta conferencia magistral en tribunas “prestigiosas”,  aunque en ese círculo participe gente de tan dudosa estirpe como Ted Turner o Alberto de Mónaco.

Leonel Fernández, lo dicen las encuestas, está “feo para la foto”. En su Partido de la Liberación Dominica y fuera.

La gente no lo quiere. La gente lo rechaza, y él lo sabe.

Otra cosa es la encrucijada creada por la falta de una oposición política que lo encare con posibilidad de éxito. No la hay, imposible tapar el sol con un dedo.

Si alguna brecha tiene el expresidente –contando conque Danilo Medina no decida forzar la reelección— es la incapacidad opositora de levar anclas y navegar a mejor puerto.

La imposibilidad  para aprovechar creativamente la coyuntura y dar paso a una nueva política. Nueva de verdad, no retórica. Con sus desgastadas propuestas, con su aridez imaginativa, la “oposición” al PLD –a Leonel Fernández— tiene pocas opciones. Desoladora paradoja en momento de florecimiento del rechazo.

En este tiempo gris dominicano, Fernández “nataguea”, acezante, a la meta de una segunda vuelta. De nada le han valido lo oropeles para evitar el trauma. Ni siquiera la incapacidad --¿inscrita en el ADN político?—de una oposición que cree ilusamente comer con su dama  porque al otro le va mal.

Las encuestas hunden Fernández.

En ausencia de Danilo Medina, Fernández es la opción pero ¿a qué precio?


Margarita Cordero 
LA OPINIÓN DE LA DIRECTORA

miércoles, 7 de enero de 2015

Amara vs Pedro


Pedro Martínez y Amara la Negra
¿Qué somos? ¿Pedro Martínez o Amara la Negra? El primero, habitante desde este martes del olímpico  Salón de la Fama de Coopertorstown y, la segunda, protagonista de un “remix” de “Coco”, interpretada originalmente por el  rapero O.T. Genasis, a la que Amara cambia la letra “ce”, tercera del alfabeto, por la letra “te”, vigesimoprimera de esas grafías que hacen inteligible el lenguaje, incluso el más vulgar.

Orgullo por Pedro Martínez, el pelotero que no solo ha sido insuperable en el terreno de juego, sino también en la vida personal. De discreción que una supondría aristocrática sino supiera que este dominicano inmenso no renuncia a ser quien siempre ha sido: un humilde muchacho nacido en el hoy  Santo Domingo Oeste que llegó lejos porque nunca despegó sus pies de la tierra.

Pero entrar al Salón de la Fama no será nunca jamás igual, ni remotamente parecido, a grabar junto a El Chevo la ¿canción? que ahora recorre las redes sociales.

Lástima, en contraposición de sentimientos, por la cantante urbana Amara la Negra, bella entre las bellas, con su afro y cuerpo desafiantes de todos los modelos impuestos por la cultura occidental. Contorsión pélvica que ha dejado sin aliento a más de uno. Chapó. Epítome de la sensualidad afrodescendiente. Reivindicación sin apelaciones posibles de ese “negro detrás de la oreja” que solo la alienación neonacionalista es capaz de abominar.

Pero entrar al Salón de la Fama no será nunca jamás igual, ni remotamente parecido, a grabar junto a El Chevo la ¿canción? que ahora recorre las redes sociales, levantando críticas pero sobre todo aplausos.  No es, juramos sobre la Biblia, un problema ético, sino estético. Con su banderita dominicana en la mano, Pedro Martínez nos parece glorioso. Es glorioso. Y a una le da ganas de llorar de tanto orgullo patrio presionando los lagrimales. Anunciando el premio de la loto que ha tocado al suertudo de la canción, Amara se ridiculiza a sí misma. Payasa de su propio drama, lo extiende a todas las mujeres.  Patética, cree tener entre las piernas la lotería de cualquier hombre, tan patético como la mujer que “identifica” la canción. Uno enaltece, la otra, denigra.

Pedro Martínez nos hace creer que la gozosa dominicanidad es posible, nos llena de esperanza.  Amara la Negra nos devuelve a la realidad. ¿Cuándo tendremos el valor cívico de decidir?

Margarita Cordero
LA OPINIÓN DE LA DIRECTORA
7 Días

Audio
ADVERTENCIA: El tema de Amara la Negra con El Chevo, presentado a continuación, es altamente vulgar. Si usted se ofende fácilmente le recomendamos no escucharlo. 


martes, 16 de diciembre de 2014

El Poder Legislativo no ha cedido a las presiones


Hoy es un gran día
La aprobación por los diputados de las observaciones presidenciales al Código Penal marca un punto de inflexión en la cultura política y social dominicana.

El camino ha sido arduo y todavía no termina, pero el recorrido está lleno de lecciones de una trascendencia inestimable. Destaca una entre todas: el Poder Legislativo, quizá por primera vez de manera manifiesta, no ha cedido a las presiones, cuando no abierto chantaje, de grupos sociales ávidos de control de nuestra vida ciudadana y personal.

Las malintencionadas distorsiones del propósito del presidente Danilo Medina al observar la ley, son prueba de hasta dónde estos grupos adolecen de déficit democrático. Sus discursos, por lo general malamente camuflados en dogmas de fe religiosa, hablan el lenguaje del autoritarismo más cerril. No aman la vida –esa que se expresa en la plena realización de las capacidades humanas, y no solo en el estar biológico—: quieren constreñirla, hasta ahogarla, al inventario de sus obsesiones. Invocarla como valor es un medio para sus fines.

En esta perdida batalla, sus criterios y opiniones omitieron sin reparo a  la persona de carne y hueso, en este caso las mujeres, cuya humanidad redujeron a mero depósito de simiente. Huérfanos de argumentos que lograran convencer, o por lo menos hacer dudar, echaron mano de recursos extremos. La amenaza con desfavorecer electoralmente a los diputados y diputadas que respaldaran las observaciones fue uno de ellos, pero no el más patético. Quizá sí el más inútil. Tampoco pudieron acallar las voces, cada vez más numerosas, de quienes rechazan continuar como convidados de piedra de la historia.

Nuestra vida republicana no abunda en experiencias de contestación social, y eso hace más lento el andar colectivo hacia una convivencia no regida por prácticas deshumanizantes en cualquier orden. Pero no hay que desesperar, aunque en ocasiones no podamos evitarlo: los procesos sociales de cambio duradero son siempre de cuenta larga.

Hoy es un gran día para las mujeres, pero también para el conjunto de la sociedad. Hay que celebrarlo con alborozo.

Margarita Cordero
LA OPINIÓN DE LA DIRECTORA
www.7dias.com.do
http://www.7dias.com.do/editorial/2014/12/16/i178692_hoy-gran-dia.html#.VJDPYtKG_Hg

lunes, 15 de diciembre de 2014

Apoyemos a Medina… aunque no lo necesite


Una carta rastrera de Manuel Ruiz
Está harto comprobado: Manuel Ruiz no destaca por su inteligencia. Chantajear sabe, pero para lo que él hace no se requiere de un cerebro medianamente provisto. Con uno como el de él, basta y sobra. A chantajear pudo aprender en el seminario o, en su defecto, en la práctica. Cual que sea el lugar que lo instruyera, queda mal parado como "experto" y deja en ridículo a sus instructores.

Cabeza de la Pastoral Vida y Familia, Ruiz  ha intentado desde siempre imponer a capa y espada la particular visión católica de la moral social.  Hasta prueba en contrario, de la vida sabe apenas lo aprendido en la Iglesia, una suerte de ajenidad condicionante  (Juan 15:19); de la familia, absolutamente nada. Obediente del celibato, no procrea – otra vez hasta prueba en contrario— ni sufre pulsiones sexuales, aunque el prontuario de Wesoslowski, su defendido, desmienta la castidad sacerdotal.  La idea de la familia que sostiene Ruiz es teórico-religiosa, no práctica. La de la sexualidad, es nula. Nunca ha lidiado (otra vez se supone) con los conflictos éticos y morales de pertenecer a esa complicada comunidad que es la familia y, mucho menos, con el traicionero e incitante cuerpo.

Su carta al presidente Danilo Medina “renunciando” a ser enlace entre la Iglesia católica y la Presidencia tiene el olor de lo escatológico, y no en la acepción filosófica, sino en el de la excrementicia. Es una carta cloacal.

Con una penosa escasez neuronal, Ruiz pretende convertir la valiente observación del presidente Medina al Código Penal en presunta lucha por el poder entre éste y el expresidente Leonel Fernández, a quien el rumor público atribuye deseos de volver a Palacio en 2016. ¿Quiere decir Ruiz que Fernández está en desacuerdo con las observaciones al Código Penal? ¿Se lo dijo quién, el propio Fernández o la vicepresidenta Margarita Cedeño, quienes hasta ahora no han dicho esta boca es mía?

Ruiz presume, además, de experto constitucionalista. Reclama que la prohibición absoluta de la interrupción del embarazo es constitucional. Reinaldo Pared, presidente de la Asamblea Constituyente de 2010, afirma que es falso, y remite como prueba al  artículo 42 de la Constitución, que deja una brecha al aborto. Así que, incluso por ahí, hace aguas el “alegato” de Ruiz.

Pero si algo reprochable hay en la carta de Ruiz a Medina, es su manipulación de la pública religiosidad de la primera dama Cándida Montilla. Su presunción de que el "sufrimiento" de ella (¿quién le dijo que sufre?) por las observaciones presidenciales al Código Penal solo Dios lo sabe, es un indignante mensaje subliminal: Medina está en dificultades de pareja. Por respeto a una mujer que ha sabido conservar distancias, debemos rechazar la afirmación de Ruiz de que“Jesucristo será su cirineo para ayudarle a cargar esta cruz tan pesada”, queriendo significar que ella no comparte las posiciones del Gobierno.

No hablemos del intento de este cura tan peculiar de hacer valer sus amenazas de castigar electoralmente a Medina y a quienes, habiendo apoyado las observaciones presidenciales al Código Penal, opten por cargos electorales. Por suerte, ya lo dijo Bienvenido Álvarez Vega: en la República Dominicana no existe el voto religioso. Lo demostró con creces esa mujer y diputada  inigualable  Josefa Castillo, que obliga a quitarse el sombrero.

Pero hasta aquí. Salvo que alguien necesite un vomitivo, no vale la pena continuar glosando la carta de Ruiz. Como vivimos en una sociedad democrática,  quien quiera leerla completa, que lo haga:  descubrirá hasta dónde la Iglesia católica está ideológicamente en retirada.

Apoyemos a Medina… aunque no lo necesite.

Margarita Cordero
LA OPINIÓN DE LA DIRECTORA
www.7dias.com
http://www.7dias.com.do/editorial/2014/12/14/i178527_una-carta-rastrera-manuel-ruiz.html#.VI7QidKG_Hg

jueves, 11 de diciembre de 2014

Desde el arzobispo Portes e Infante hasta López Rodríguez

El arzobispo Tomás Portes e Infante recibe a Juan Pablo Duarte a su llegada del exilio a Santo Domingo en 1844, logo de la Arquidiócesis de Santo Domingo y una extraña y rara imagen filtrada a los medios del cardenal López Rodríguez. DLRD

¿Acaso no responde la Iglesia católica dominicana a un poder extranjero?
Uno de los “argumentos” más socorridos de los sectores conservadores dominicanos para impugnar ideas y posiciones de sus contrarios, es acusarlos de responder a intereses extranjeros y de ser parte de una maquiavélica conspiración contra un inagotable inventario de “valores” nacionales. El recurso tiene una clara intención descalificadora, no solo en el plano ético o moral, sino también intelectual. Atribuyéndoles una acrítica y bovina dependencia, se les niega la capacidad de pensar, aunque sea erróneamente, con cabeza propia. La derecha es inteligente; los otros, tontos.

La discusión pública sobre la observación presidencial al nuevo Código Penal echa mano generosa al recurso. Católicos y evangélicos han puesto en línea el discurso y repiten, a diestra y siniestra, que el reclamo de despenalizar el aborto en las tres excepciones mencionadas por el presidente Danilo Medina es una imposición foránea que tiene a las ONG como instrumento.

Ciertamente, en el mundo de estos días los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres son reconocidos por una gran mayoría de países occidentales y los organismos internacionales los promueven. Son parte de la cultura democrática del siglo XXI. También lo son todos los demás derechos sociales, económicos, políticos y culturales, y los de las minorías. Lo es también la democracia, hija, en su versión moderna, de la Revolución Francesa de 1789.

Mas al imputar sumisión a los “otros”, católicos y evangélicos exhiben sus partes pudendas porque  las Iglesias son pioneras en la “importación” de ideas y creencias. No olviden los católicos ni su jerarquía que la evangelización fue parte de la empresa colonial y que, como esta, se impuso a sangre y fuego a la población indígena, animista y politeísta. La cruz precedió a las armas aquel 12 de octubre de 1492, y las acompañó después con envidiable eficacia.

Escribe el sacerdote, teólogo e historiador Antonio Lluberes en su libro Breve historia de la Iglesia dominicana. 1493-1997, que fue orden del papa Alejandro VI a los Reyes Católicos, mediante las bulas Eximiae devotionis e Inter cetera, del 3 de mayo de 1493, que “se preocupasen de la evangelización de los indígenas, sus nuevos súbditos”. En el ADN del catolicismo dominicano actual están esas bulas, dictadas a miles de kilómetros de la recién descubierta isla. Importadas. Intrusas. Impuestas.

Respecto al protestantismo, hay quienes datan su aparición en la isla alrededor del siglo XVII. Habría llegado con piratas y corsarios, con quienes los locales contrabandeaban no solo cueros, sino también Biblias luteranas. Según Lluberes, la práctica “no era solamente un fraude: se consideraba como una traición política y religiosa, ya que esos comerciantes eran súbditos de países enemigos de España y además protestantes”. En el siglo XIX, el nuevo auge de la industria azucarera traería al país, desde las posesiones inglesas en el Caribe, un considerable número de trabajadores protestantes que organizaron sus iglesias alrededor de los ingenios. No los parió la isla. Importaron sus creencias.

No sé si es práctica habitual, pero en 2010 el mismo CODUE que habla de sujeciones a centros de poder ajenos, llamó a su grey a celebrar el 493 aniversario de la reforma protestante, protagonizada por Martín Lutero en Alemania. ¿No es esto adscripción a épicas extrañas?

La historia de la Iglesia católica dominicana es pródiga en datos sobre cómo ha servido a intereses extranjeros en detrimento de los  mejores de la patria, llegando incluso a lesionar a uno de sus más caros símbolos: Juan Pablo Duarte. Prueba al canto:

Tan temprano como el 24 de julio de 1844, documenta el historiador Orlando Inoa, la Iglesia católica, a cuya cabeza estaba el arzobispo Portes e Infante, publicó una carta pastoral de apoyo a Santana y en contra de Duarte y los trinitarios: “(…) ese grandísimo Dios (…) se dará por ofendido si no obedecéis los mandatos y las órdenes, tanto del General de División, y Jefe Supremo Santana, como de la Junta Gubernativa, para lo cual os conminamos con excomunión mayor, a cualquiera clase de persona que se mezclase en trastornar las disposiciones de nuestro sabio gobierno…”.

La historia de la Iglesia católica en nuestra época republicana es conocida y sobra recrearla. Desde Portes a López Rodríguez. Así que, para concluir, hagamos unas preguntas tontas: ¿No responde la Iglesia Católica al Estado Vaticano, es decir, a un Estado extranjero? ¿No son los dogmas de fe de este Estado extranjero los que quieren anular la soberanía de los legisladores dominicanos? ¿Habrá algún proyecto de sumisión a dictados foráneos más absoluto y bien pagado que el católico?

Margarita Cordero
LA OPINIÓN DE LA DIRECTORA
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