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lunes, 13 de febrero de 2017

Danilo Medina debe renunciar

     Los reyes del mambo.

¡Basta!
Hay dos tendencias que han estremecido a América Latina en los últimos años.

La primera es la extensión sin paralelos históricos, de la corrupción pública, en particular de esa modalidad de la corrupción que da cuenta de la relación espuria entre un sector privado arrogante, que ha acumulado cantidades astronómicas de capitales, y estados debilitados, ocupados por trúhanes políticos que hacen desde el área pública lo mismo que el sector privado desde sus negocios truculentos: acumular y ser más ricos.  No hay límites ideológicos: izquierdas y derechas se han rendido ante las ofertas mercuriales, sepultando con ello, en cuanto a izquierdas se refiere, también las esperanzas de un mundo mejor que, evidentemente, no se puede construir con ladrones.

Hasta países que eran destacados por sus buenos performances en cuanto a moralidad pública, comienzan a desfallecer. Chile ha vivido experiencias particularmente traumáticas de enrolamientos del gran capital en financiamiento de los políticos y en las compras de votos parlamentarios, principalmente de la derecha pinochetista, pero también de la izquierda. Cuba, en otro lado de la historia, reporta cada vez más casos de corrupción pública, en lo que resulta un proceso de conversión burguesa de la elite política postrevolucionaria. En ocasiones con los aplausos, unas veces estúpidos y otros interesados, de sectores de la izquierda continental.

La otra tendencia interesante es el vigor que ha mostrado el poder judicial. En buena parte de estos países han sido los fiscales quienes, motivaciones políticas a un lado, han sacado a la luz pública estos hechos y han procedido con una increíble independencia. Perú, Chile y Brasil son tres casos que hay que resaltar.

Nuestro país ha sido también víctima de esta fiebre corrupta, y sobre funcionarios y políticos se han vertido generosamente 92 millones de dólares de las arcas de Odebrecht.  Ha sido un festín depravado, el pináculo de la gestión del PLD. No porque el PLD haya sido el único partido corrupto de nuestra historia reciente. No hay criaturas políticas más venales que los reformistas, quienes venden todo lo que pueden. Y los perredeístas no se han quedado atrás. Pero comparados con los ladrones del PLD han sido simples rateros, carteristas de buses en horas pico. Porque si algo ha aportado el PLD a la historia nacional ha sido la corrupción orgánica, donde los grandes capitales y los políticos se dan sus baños de lodo y sangre en la más absoluta impunidad. Es el estado como corporación económica que modeló y diseñó Leonel Fernández y que hoy parece reventarle en la cara a Danilo Medina.

Lo que diferencia a nuestro país es que la segunda tendencia no ocurre. Acá no hay un poder judicial independiente, dispuesto encausar a los funcionarios corruptos y eventualmente perseguir y enjuiciar a los expresidentes involucrados. No hay fiscales que salven la honrilla del estado. Lo que hay es un procurador sin personalidad, zigzagueante, cómplice del estado de cosas existente, y una serie de fiscales y jueces que parecen ser partes del problema y no de la solución.

Danilo Medina y su cohorte siguen siendo al único equipo ejecutivo en este continente que no se ha pronunciado en torno a Odebrecht a pesar de lo cerca que le caen las salpicaduras. Lo único que ha hecho es nombrar una comisión ilegítima, llena de funcionarios y adeptos del gobierno y presidida por un cura maquiavélico que fue, hasta hace muy poco, directivo de una de las compañías involucradas. Y de ahí espera un dictamen objetivo desde donde encaminar sus políticas. La comisión que preside Agripino Núñez es una bofetada a la inteligencia y a la moral de nuestra sociedad.

Danilo Medina debe renunciar, y junto con él toda la crápula peledeísta que enloda cada día la dignidad nacional. Leonel Fernández, Félix Bautista y sus acólitos deben ser encausados. Ojalá que sucesos como la marcha contra la impunidad se repita, y se mantenga como opción. Esa es nuestra única oportunidad ante el abismo ético en que nos encontramos. Decir ¡basta!


Haroldo Dilla Alfonso
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lunes, 22 de agosto de 2016

Canciller: un verdadero pillo de la política que nada sabe de política exterior


Se subasta una cancillería
Creo que el paso del Licenciado Andrés Navarro por la cancillería está condenado a la intrascendencia. Digamos que -si descontamos las expectativas que levantaron sus discursos de fin de año anunciando que nadie-más-cobrará-sin-trabajar- pudo hacer muy poco. Algo hizo. Por ejemplo, sacó a la lacra reformista que no se convirtió al peledeísmo, y creo que eliminó algunos empleos supernumerarios. Pero nada más.

El país sigue sin política exterior -hemos sido incapaces siquiera de entendernos con Haití- y debido a la corrupción, la xenofobia, la pobreza, la homofobia, etc, somos un estado no fallido, pero sí impresentable. Se nos percibe simplemente como un lugar donde hay buenas playas y mucha permisividad. Es la herencia del PLD: mucha pasarela y nada de política exterior coherente. Y por eso hemos tenido una cancillería tan desastrada -no hay mejor calificativo- que llegó al fondo con Morales Troncoso y su gavilla reformista.

Seguramente Navarro hubiera querido cambiar todo eso, pues es un técnico inteligente y laborioso, que sabe distinguir el bien y el mal. Pero no pudo hacer otra cosa que amagos.

Seguimos teniendo nuestras embajadas repletas de funcionarios, la mayoría parásitos sin calificación, lo que causa la risa de todo el espectro internacional. Son, decía la prensa, 1400 funcionarios en 45 embajadas, es decir a unos 30 por legación. En la ONU, por ejemplo, tenemos 28, el doble que Brasil. Y en Chile, donde la embajada es una casa muy lujosa en un barrio muy caro que solo negocia pasaportes, se reportan 20 funcionarios. En total el país gasta 5 mil millones de pesos anuales en gastos de estas legaciones -salarios y gastos de representación incluidos- en un país, repito, sin política exterior y con niños pobres muriendo en hospitales depauperados.

Los salarios y gastos de representación de estos diplomáticos son apabullantes respecto a nuestra realidad social y a las tareas que realizan, pues nuestras embajadas son instituciones apagadas. El embajador en Rusia percibe 13 mil dólares mensuales, según los datos de la cancillería, y el embajador en la OEA -un licenciado en filología que alguna vez escribió una novela exitosa- ganaba 12 mil dólares mensuales hasta que fue nombrado ministro de cultura. El embajador en Haití -una legación que tiene muchas más cicatrices que muescas en el revólver- gana la bicoca de 10 mil dólares, el de Chile algo mas de 8 mil, y el de Jamaica 7 mil. Y como los embajadores dominicanos son criaturas que están en los cargos por años y lustros, hay que suponer que consiguen eso que Marx llamaba “acumulación originaria”.

Y la cancillería sigue siendo el antro de inhabilidades que siempre ha sido. Tenemos funcionarios que han pasado por todos los gobiernos, mostrando en cada uno una persistente incapacidad para hacer lo que deben hacer, pero siguen en funciones. Hay viceministros(as) que han hecho de la molicie un atributo funcionarial, y solo sirven para provocar risas cuando rinden cuentas de sus logros anuales. Y, obviamente, siguen en sus cargos.

Pero al menos, bajo el mando del Lic.Navarro, existía la noción del cambio. Ahora, le han entregado la cancillería a Miguel Vargas Maldonado, como un premio a su excelente servicio a la causa continuista del PLD desde 2012. No porque tenga particulares habilidades para ser canciller. Se trata de un negociante, un verdadero pillo de la política que nada sabe de política exterior, no le conozco una sola expresión inteligente y no se le entiende cuando habla. Pero la cancillería es una pieza codiciada por todas las razones antes apuntadas: empleos, glamour y mucho dinero. Y la política exterior no es un tema para Danilo Medina, una suerte de Balaguer que ni siquiera tiene las apetencias por las lentejuelas que tenía su antecesor Leonel Fernández.

Que esté al frente del negocio un técnico inteligente como Andrés Navarro o un bribón como Vargas Maldonado, no es un asunto relevante. Lo que es relevante es negociar apoyos para su proyecto de poder.

Y por eso, ha subastado la cancillería.



Haroldo Dilla Alonso
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jueves, 17 de marzo de 2016

La vergüenza de Haroldo es nuestra también

    Wally y Bob con Joe Biden. Archivo

El caso Brewster y mi vergüenza
Varios centenares de dominicanos y dominicanas han suscrito una petición al presidente Obama para que retire a su embajador en nuestro país, James Brewster.

Yo no estoy entre ellos.

No porque me gusten los embajadores gringos. Todos ellos, sin excepción han representado a una nación con una historia espeluznante de abusos e injerencias que en nuestro país han significado ocupaciones militares, apoyo a gobiernos represivos y asesinatos de personas.

Pero reconozcamos que entre todos los procónsules que hemos sufrido, este Brewster es un tipo más suave y progresista. Seguramente porque pertenece a un grupo social que sufre discriminaciones en el mundo por sus orientaciones sexuales, y porque representa a un gobierno liberal que ha entendido de alguna manera que ya no puede repartir garrotazos por el mundo sin pagar un alto precio.

   Hans Hertell en foto de archivo junto al presidente del PLD, Leonel Fernández.

Por eso Brewster es diferente a la mayoría de sus antecesores. ¿Recuerdan a aquel hampón buschista -Hans Hertell-  que convirtió la embajada en una candonga de negocios y recibió tantos agasajos como ningún otro predecesor?. Nadie pidió su salida del país. Sencillamente encajaba en el contexto.

Yo no siento ninguna vergüenza por Bewster, y por eso no firmo la carta. Tengo, eso sí, otras vergüenzas mayores.

    Joséf Wesolowski  y el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez. Archivo

Siento vergüenza, por ejemplo, de que tengamos a un Cardenal que niega los valores cristianos, grosero, misógino, homofóbico y racista. Y que apañó al representante pedófilo del Vaticano, facilitando su salida del país y calificando sus atropellos sexuales a niños pobres como una “travesura”.

                   Alias Vincho. Marino Vinicio Castillo Rodríguez.

Siento vergüenza de que exista en mi país una figura pública como Vincho Castillo, un difamador profesional que se ha enrolado en cuanta causa fraudulenta y ominosa le ha pasado por el lado. Y que recibe premios, distinciones y homenajes públicos, como acaba de suceder con la Academia de la Lengua, ese nido de mediocridad provinciana que me da mucha, pero mucha vergüenza.

La vergüenza me carcome cuando recuerdo que en mi Estado los corruptos asumen cargos públicos para seguir robando y que la facción de ellos atrincherados en el PLD puede volver a ser elegida para desfalcar por otros cuatro años.

La vergüenza no cabe en mi cuando recuerdo que en 2013 el gobierno-PLD procedió a la expropiación masiva de derechos contra la población dominicana de origen haitiano. Lo cual ha tenido un alto costo  en términos de sufrimientos humanos, frustraciones y deterioro de la autoestima de cientos de miles de personas.

No soporto la vergüenza de ver a una clase política que ha perdido toda la capacidad de distinguir entre el bien y el mal, cambia de partidos por conveniencias personales y se bate a pistoletazos para decidir posiciones. Tal y como acaba de suceder con el asesinato de un ex rector universitario presumiblemente a manos de un capo de horca y cuchillo del mundo del transporte carretero, quien tenía la potestad de cerrar la frontera con Haití siempre que viera sus intereses perjudicados.

No puedo con la vergüenza cuando observo como funcionarios ineptos -diría que seriamente ineptos- ocupan ministerios por décadas, destruyendo la gestión pública y ocupando las páginas de los periódicos con tonterías que en cualquier otro lugar les obligaría a pedir disculpas.

Me causa mucha vergüenza conocer que Julio Hazim -un compendio patético de oportunismo, grosería y falta de elegancia- puede convertir un programa televisivo en un mostrador de colmadón, y arremeter contra el embajador y su esposo con toda la virulencia que encierra su propia incertidumbre identitaria.

    Fidel Lorenzo Merán, presidente del Consejo Dominicano de Unidad Evangélica (CODUE).

Y finalmente me avergüenza compartir mundo con Fidel Lorenzo Merán, un chantajista político propio de las cavernas medievales, quien saca fuerza pública de la ignorancia y frustración de los pobres dominicanos y sostén ampuloso de los diezmos que están obligados a pagar.

Esto, y otras muchas cosas, me producen vergüenza y rabia. No que el embajador apoye una cámara de comercio LGTB, ni que asista a una actividad pública con su esposo. Eso lo veo bien, muy bien. Sobre todo si ayuda a destruir los mecanismos opresivos y discriminatorios que pesan contra la comunidad LGTB en el país. Si finalmente ayuda a que los niños entiendan el valor de la tolerancia frente a la diferencia.

Para que sean mejores que Julio Hazim, el Cardenal, Merán y Vincho Castillo. Para que no tengamos motivos para sentir tanta vergüenza.


Haroldo Dilla Alfonso
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martes, 22 de diciembre de 2015

Vividores del tesoro público

La bancarrota del PRM
La reciente alianza del PRM con el PRSC corona una tendencia del primero a reproducir a su interior todos los vicios de la política dominicana. Primero fue sacando del baúl de los recuerdos a una serie de personajes propios de lo peor del perredeísmo tradicional. Luego recogiendo cuanto tránsfuga llegó a sus orillas, entre ellos una serie de personas que habían militado por lustros en el PLD y que descubrieron que el partido era un estercolero el mismo día en que perdieron una competencia interna. Y Finalmente esto: una alianza firme con el PRSC a cambio de una cantidad de puestos electivos con los que el partido de Balaguer nunca habría soñado.

Con estas maniobras se cancela la posibilidad de forjar desde el PRM un proyecto progresista de nación que tanta falta nos hace. Diría que desesperadamente, si queremos sobrevivir como sociedad. Es imposible hacerlo de la mano de una institución que ha sido formada en un permanente baño de lodo y sangre -diría Marx- y que a su pasado represivo y criminal –del que nunca ha renegado- agrega una venalidad absoluta, siempre a la venta, probando suerte aquí y allá, y robando cuanto ha sido posible.

Pero también se cancela la posibilidad -menos gloriosa pero no por ello menos apremiante- de romper la malsana continuidad peledeísta con sus sagas de corrupción y conservadurismo derechista.

Y es así porque el PRM no puede aspirar a derrotar al PLD usando los métodos tradicionales de recurrencias clientelistas. En ese campo el PLD arrasa, pues tiene todo el dinero para comprar, sin grandes apremios, votos, lealtades y activismos. El PRM no puede hacerlo, y el PRSC no contribuirá gran cosa.

La única opción que tenía el PRM para ganar estribaba en presentar a la opinión pública otro proyecto de país –progresista y creíble- y actuar en consonancia con el. Y desde ahí movilizar un voto para el cambio, que no se deje anonadar por la abusiva propaganda electoral pagada con dinero público, ni con las inauguraciones exprés de obras a medio hacer, o por la papeleta de 500 pesos que dan por un voto. Y eso no se consigue con el PRSC de aliado, sino con una voluntad manifiesta y con una forma nueva de hacer la política.

Cualquiera que sea el resultado, el PRSC va a obtener algunos puestos electivos que nunca hubiera ganado por sí mismo. Gastará algún dinero, pero si algo saben los reformistas es como reponerlo. Y finalmente recibirán muchos votos que les permitirán retener una buena posición en la boleta y los fondos de la JCE.

Decididamente los pupilos de Joaquín Balaguer garantizaron seguir haciendo lo único que saben hacer: vivir del tesoro público.  



Haroldo Dilla Alfonso
Solo una idea
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lunes, 14 de septiembre de 2015

La decisión irresponsable del ministro de Educación

    Carlos Amarante Baret.

La irresponsabilidad del ministro y los libros de textos de historia
Raymundo González es un intelectual destacado. No es sólo un historiador, sino un pensador. Sus trabajos sobre Hostos y Bonó son clásicos de nuestro acervo cultural. Y es una persona decente, lo cual pude comprobar cuando hace algunos años tuve que lidiar con una de las usuales situaciones desagradables que se producen en el Archivo General de la Nación, de la que solo saqué como ventaja haberme sentado algunas horas a compartir y discutir con Raymundo. No somos amigos, solo hemos compartido esos encuentros, pero suficientes para respetarle.

Y ahora más que nunca, cuando pude leer su respuesta afilada –con ese filo admirable que da el talento- pero comedida, con el comedimiento que da la seguridad profesional. Raymundo ha desmontado uno a uno los argumentos de una gavilla de racistas/xenófobos contra los libros de historia del MINERD. No me detengo en la respuesta del profesor González, porque está online en varios lugares y vale la pena leerla directamente. Es brillante.

En resumen: lo peor de todo esto no es el exabrupto, grosero e infundado, de Manuel Núñez sino la decisión irresponsable del ministro.

En la acera opuesta está lo opuesto: Manuel Núñez, quien a fuerza de intentarlo puede parecer un historiador, pero que en realidad nunca rebasa la autoría de libelos. En 1990 dio a conocer "El ocaso de la nación dominicana", un libro de ensayos insoportablemente voluminoso donde carga contra todo lo que vale en el país, con absoluta incoherencia y aun peor redacción. Desde entonces ese ha sido su sino: una pluma al servicio de las peores causas políticas, la derecha y la xenofobia. Hay que reconocerle una laboriosidad que nunca ha podido compensar su falta crónica de talento. Pero ni siquiera eso le ayuda. Lo que Manuel Núñez ofrece al campo político de la derecha racista y xenófoba es una imagen invaluable.

Cuando lo veo, recuerdo una figura del teatro bufo cubano: el negrito buscavida, astuto pero bueno. Porque en realidad Manuel Núñez es el “negrito bueno” de ese teatro bufo que es la política dominicana. Es un alabardero intelectual, pero nadie puede arrojarle en cara que sea un travesti ideológico como esos intelectuales que han prestado pluma y cerebro a la causa del peledeísmo a cambio de cargos y salarios. El es auténtico, siempre fue orgánico a esa causa que valida con el color de su piel, aunque finalmente sea una causa que tiende a omitir los valores afrodominicanos. Y es que el “negrito bueno” del teatro bufo cubano no era representado por un actor negro, sino por un blanco pintado de negro. Lo mismo que sucede con nuestro “negrito bueno”.

La fuerza de gente como Manuel Núñez no reside en talento alguno, o en un carisma particular. Reside en sus relaciones orgánicas con los poderes fácticos retardatarios, como son los casos de la Fuerza Nacional Progresista de la desastrada familia Castillo y de la alta jerarquía católica con nuestro impresentable cardenal al frente. Y obviamente, reside en la proclividad de la clase política para plegarse a esas demandas, sea porque es también su ideología o porque es capaz de negociar principios para lucir mejor ante los poderes fácticos retardatarios. O ambas cosas, como lo ha venido demostrando día a día desde aquella sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional.

La decisión del ministro Amarante Baret de cambiar los textos es un ejemplo de incapacidad, conservadurismo y autoritarismo. En lugar de escuchar opiniones diversas y proceder a un mejoramiento paulatino de ese, como de otros textos, el ministro cede súbitamente a la presión de la FNP y sus alabarderos intelectuales. Otro gasto para el tan luchado 4% que se nos va en casetas lujosas en las ferias del libro, botellas, salarios galácticos, siembras de cemento y varilla y dádivas otorgadas en los paseos dominicales del presidente. Otra razón para buscar otras alternativas a esta lacra política que se atrinchera en el Partido de la Liberación Dominicana.

En resumen: lo peor de todo esto no es el exabrupto, grosero e infundado, de Manuel Núñez sino la decisión irresponsable del ministro.


Haroldo Dilla Alfonso
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lunes, 24 de agosto de 2015

Hay que derrotar este fraude histórico llamado PLD


¿Podrá perder el PLD las elecciones?
Si el sistema político dominicano fuera genuinamente democrático y transparente, esta pregunta estaría fuera del lugar: el PLD no podría ganar las elecciones.

El PLD es una vergüenza política: corrupto hasta la médula, oscuro, mafioso, tramposo e insensible socialmente. Uno sólo de sus escándalos lo hubiera invalidado para ser opción de poder si en República Dominicana existiera un mínimo de cultura democrática.  Basa su quehacer en la vulneración permanente de una institucionalidad que su máximo dirigente –Leonel Fernández- ha mostrado como su obra de ingeniería política mientras pasea por el mundo  con recursos que evidentemente no estaban a su alcance cuando solo era un mediocre profesor de la universidad estatal. Y apoya su menguada popularidad en la compra de conciencias y existencias mediante la entrega de canonjías a intelectuales y activistas, y de centavos amortiguadores de la miseria  a esa vasta población nacional que no está nunca segura si podrá comer al día siguiente.

El PLD medra y prospera sobre esa miseria humana  y política. Y por eso el PLD tiene todas las posibilidades de ganar las elecciones de 2016. Tiene a su favor una gestión de muy poquísimos logros sociales, pero de extensión de las prebendas –desde las tarjeticas para comer hasta los cargos millonarios- y de una estabilidad económica que para nada implica desarrollo, pero sí un peso que no se devalúa para disfrute consumista de la clase media, a cargo de un endeudamiento brutal que habrá que pagar en algún momento.

El gobierno de Danilo Medina nació de la corrupción y la mediocridad política. Solo pudo imponerse a Hipólito Mejía mediante una abrumadora campaña electoral que luego pagamos, centavo a centavo, todos los dominicanos y dominicanas. Y nunca ha podido dar un paso más allá de ese origen.

Por eso es muy posible que el PLD vuelva a ganar en 2016. Lo va a hacer mediante el fraude, la compra de votos, el uso de recursos públicos y las donaciones multimillonarias de todos los mafiosos que temen a la justicia. Y va a contar con el apoyo de toda la lacra política, tales como el PRSC, el PRD, la FNP, y otros aliados o potenciales aliados de la derecha más cavernícola. Pero además, lo va a conseguir porque todo ese espectro que llamamos oposición no logra entender que no conseguirá ganar si se propone hacer más de lo mismo y discutir al PLD el apoyo de los poderes fácticos. La lacra militar, la alta jerarquía eclesiástica, los círculos empresariales más poderosos atrincherados en el CONEP son aliados por definición del PLD y de todo lo que representa. Ni siquiera sería viable querer competir movilizando clientelas con las viejas caras que solo nos recuerdan lo mal que está nuestra política.

Si el PRM/Convergencia quiere ganar, y con ello hacer ganar a toda la sociedad, tiene que moverse decididamente en la dirección del programa social y político de centro izquierda que acaba de proclamar, explicarlo, mostrarlo en cada comunidad y en cada casa. Y desde él producir alianzas con organizaciones y redes de la sociedad civil. Tiene que discutir cada voto al PLD, pero también cada voto a la abstención.

La sociedad dominicana tiene que ganar el derecho a construir su futuro. Y para ello, un primer paso inevitable, hay que derrotar este inmenso fraude histórico que se llama Partido de la Liberación Dominicana.


Haroldo Dilla Alfonso
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miércoles, 3 de junio de 2015

Nuestra sociedad es abofeteada diariamente por su élite


Las dos bofetadas del peledeísmo
Nuestra sociedad es abofeteada diariamente por su élite.

Lo hace haciéndonos más pobres, dejando morir a nuestros niños en los hospitales, asesinando jóvenes en los barrios populares y robando a manos llenas, sea desde el mismo tesoro público (como hacen los salteadores políticos) o evadiendo deberes fiscales, como hacen los mismos empresarios que luego entregan premios a la probidad y claman por transparencia. Pero a veces las bofetadas son particularmente sonoras, expuestas al público, terriblemente degradantes.

Ese es el tipo de bofetada que nos dieron los dos políticos más relevantes de esa epidemia nacional que llamamos peledeísmo: Danilo Medina y Leonel Fernández. Resulta que con el objetivo de garantizar sus proyectos personales y faccionales de poder –no es otra cosa  lo que estos dos sujetos están negociando- han llegado a un acuerdo para volver a tratar la Constitución como papel mojado, garantizar las posiciones de los legisladores que hace mucho tiempo dejaron de ser representantes de algo más que de sus propios intereses y abrir un espacio indiscutido a Leonel Fernández en 2020, cuando Medina haya agotado su segundo mandato.

El asunto tiene una utilidad: develar la degradación ética y política a la que ha llegado el peledeísmo en el poder. Tanto Danilo Medina como Leonel Fernández se muestran en sus verdaderas mezquindades y negocian algo tan trascendental como un cambio constitucional con la misma soltura como los Gambino y los Colombo se repartían los puntos de drogas del sur del Bronx.

Luego, un video nos trajo la procaz aparición pública de un vástago predilecto del peledeísmo: el sobrino del impresentable Monchy Fadul. El mismísimo ministro de Interior y Policía que apoyó públicamente la “hipótesis” de que el joven haitiano acuchillado y colgado atado de manos y pies en un parque de Santiago se había suicidado. El mismo que ha enarbolado el discurso racista y xenófobo que habla de salvar la patria de sus enemigos haitianos, como si acaso tuviera la patria un peor enemigo que él mismo, su partido y sus aliados.

Y en este caso el sobrino del ministro aparece agrediendo a unos policías pasmosamente dóciles, a quienes advierte de su poder y amenaza, sin que nada le pase, ni entonces ni después. Un caso que a un joven pobre de Guachupita le hubiera costado, al menos, un disparo en la rótula. Y sabemos que el sobrino del ministro es un cónsul en Nueva York, con más de 900 dólares de salario mensual por no hacer nada, incrustado en esas nóminas corruptas de la cancillería.

Dos bofetadas sonoras en una semana. Como si la degeneración política peledeísta nos quisiera recordar que con ella solo podremos seguirnos hundiendo en el fondo pútrido en que hoy nos encontramos.  Y que necesitamos cambiar para que podamos mirar al futuro con más optimismo.

Haroldo Dilla Alfonso
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lunes, 30 de marzo de 2015

Sonriente y haciendo la V de la victoria


Félix Bautista y la V de la vergüenza
La negativa del juez Moscoso Segarra a abrir un proceso legal contra el senador Félix Bautista constituye otro paso en la bancarrota moral de nuestra sociedad y su sistema político. Se han dado otros muchos, pero hay que reconocer que este ha sido particularmente doloroso para cuanta persona decente medianamente informada existe en nuestro país. Ha sido una muestra del deterioro de la República a que nos han llevado el Partido de la Liberación Dominicana, sus aliados y los que –por prebendas y temores- callan ante la debacle que nos viene encima.

La argumentación de Moscoso Segarra no es otra cosa que un fútil leguleyismo al que se ató para validar su militancia peledeísta y su conocida vinculación política con Leonel Fernández y su bolsillo derecho, Félix Bautista. Los pataleos del procurador Domínguez Brito, aunque justificados por el desaire, no se compadecen de su defensa a ultranza de Leonel Fernández cuando Guillermo Moreno intentó encausarle alegando lo que todo el mundo sospecha: corrupción.

Y es que Domínguez Brito, repito, que aún cuando concite nuestra simpatía, no está procediendo por motivaciones éticas, sino políticas. Y las querellas contra los depredadores (y sus absoluciones) siguen una clara motivación intrapartidista. No es la constitución, ni la jurisprudencia, ni la pulcritud ética, las que guían las actuaciones en este estercolero moral, sino las situaciones de poder al interior del PLD. Y solo con el tiempo sabremos qué fue lo que se negoció en esta coyuntura dominada por los reeleccionistas capitaneados por Danilo Medina y la gavilla que encabeza Leonel Fernández.

Y todo contra la República, sus instituciones y su gente. Otra inmensa bofetada, como la imagen de mafioso impune que nos ofreció Félix Bautista minutos después de que su camarada de fechorías políticas lo absolvió en nombre de la ley.

Aparece sonriente y haciendo la V de la victoria. O del vicio, la vulgaridad y la villanía.

La V de la vergüenza.

Haroldo Dilla Alfonso
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lunes, 23 de marzo de 2015

Vincho Castillo y sus hijos conforman un hampa temible


Vincho Castillo y el lado sucio de la nación
Primero fue Vinicito –una criatura particularmente desagradable que ha escalado a una posición de legislador sin que nadie lo haya elegido- a quien el portavoz presidencial tuvo que exigir un poco de cordura y decencia en su trato al presidente Medina y su equipo más cercano. Y luego, las nuevas andanzas de Pelegrín, quien, en su condición de ministro de Minas, anda cabildeando junto a empresarios extranjeros la venta al cabildo capitalino de lámparas de alumbrado público o algo así.

Aunque el portavoz presidencial respondió con altura y energía a los desmanes verbales del diputado Castillo, es evidente que los mismos poderes constitucionales optan por evadir el tema de la familia Castillo en la política nacional. Y es que Vincho Castillo y sus hijos conforman un hampa temible en la República Dominicana, un genuino poder fáctico que brinca sobre las leyes y desconoce toda ética diferente a la que emana de la desfachatez política.

No quiero decir que sean el único poder fáctico en República Dominicana. Todo sistema político contiene poderes fácticos que logran imponer decisiones por encima de los cauces formales de la política. Y en nuestro país son muchos y muy relevantes a la hora de entender la política: familias burguesas prominentes, asociaciones empresariales, la jerarquía eclesiástica encabezada por el cardenal más afrentoso del continente, los militares, la embajada gringa, camioneros y concheros, etc. Pero si observamos el listado anterior, no es difícil advertir que cada una de las partes mencionadas posee algún atributo que garantiza su poder –dinero, autoridad “espiritual”, capacidad de movilización, etc- lo que no es el caso de la gavilla que comanda Vincho Castillo.

El clan Castillo no se distingue por su dinero, ni por su abolengo tradicional, ni por sus atributos geopolíticos. Como partido son un fracaso que nunca ha remontado el 1% de los votos. Pero en cambio poseen un don fundamental para mantenerse en el juego político de la media isla: una habilidad sorprendente para la difamación y la conspiración mañosa.

Todo el mundo sabe que caer en la lengua de Vincho Castillo y de sus descendientes es exponerse a ser cocinado públicamente en un caldo espeso de medias verdades, mentiras y chismes, con posibilidades muy limitadas de defensa. Y en consecuencia, los vástagos del arquitecto del madrugonazo de 1978 afirman su poder en la difamación y el escándalo público, tal y como siempre lo ha hecho el viejo Vincho desde que se estrenó como palero trujillista en el Cibao y cantó loas a la represión y asesinato de los expedicionarios del 14 de junio.

Ello explica, por ejemplo, que esa entelequia que se llama Fuerza Nacional Progresista, posea una presencia tan desproporcionada en el aparato del estado. Además de las inserciones particulares, controlan directamente un ministerio, una dirección nacional de la complejidad de migraciones, una diputación y un departamento en la cancillería. Y que en cada uno de estos lugares hayan hecho las cosas de la peor manera posible para la sociedad, sin que nada les pase.

En cualquier democracia medianamente consolidada que aprecie en algo a la probidad pública, ya Pelegrín Castillo hubiera sido destituido por su enrolamiento en actividades comerciales ajenas a su cargo y sospechoso de tráfico de influencias. Y ya se hubiera encausado a otros miembros de la familia por sus enrolamientos en actividades racistas que han clamado por la violencia contra terceras personas. O hubieran mandado para su casa el director de migración, un hombre que ha afrontado numerosas oportunidades de hacer las cosas mal, y las ha aprovechado todas. Pero nada de esto ha sucedido, sencillamente porque estamos presenciando el enfrentamiento entre un sistema débil y corrupto y una familia que ha trabajado seriamente para corromperlo.

Vincho Castillo y su gavilla de ineptos y difamadores atrincherados en la FNP han sido el caramelo venenoso que Leonel Fernández ha regalado a la sociedad dominicana, desde los lejanos tiempos en que el palero de todos los tiempos hacía campaña sucia contra Peña Gómez para facilitar la victoria electoral de quien entonces se presentaba como una esperanza de renovación nacional. Ha sido Leonel Fernández quien lo ha recolocado en la política nacional, entregándole los lados más sucios del sistema. Y ha sido Leonel Fernández quien, en un arrebato de sinceridad, se proclamó en cierta ocasión un “vinchista” convencido, colocando a este difamador profesional al mismo nivel de Juan Bosch, un hombre del que se podrá disentir en muchas cosas, pero nunca dejar de admirar su integridad ética.

No obstante mi conocida oposición a lo que el PLD representa, y mi muy discreto apego al tipo de gestión que hace Danilo Medina, cuando escuché al portavoz presidencial, no tuve otra opción que simpatizar con él. Creo que tuvo razón cuando exigió decencia y cordura a Vinicito Castillo. Le pidió lo que ni el diputado que nadie eligió ni su familia pueden asumir. Sencillamente porque basan su existencia en la indecencia y la insensatez.

Haroldo Dilla Alfonso
Solo una idea
7 Días

martes, 10 de marzo de 2015

Corrupción de alto nivel


La impunidad institucionalizada
Hace una década, Participación Ciudadana publicó un estudio (puede consultarse en internet) titulado “Veinte años de impunidad”, que analizaba  los casos más sonados de corrupción conocidos que involucraban al sector público entre 1983 y 2003.

Los autores recorren más de una veintena de casos que van desde el fraude de Baninter hasta el alegado desfalco del Banco Agrícola por su entonces director Adriano Sánchez Roa. El resultado fue desalentador:

“Hasta ahora –escribían- el resultado de la lucha contra la corrupción ha sido que entre los casos ya fallados, y aquellos en trámite judicial, hay involucrados 207 personas, de las cuales ninguna está presa y sólo una ha cumplido parcialmente condena. Vale decir, en República Dominicana se ha institucionalizado la impunidad”.

Si Participación Ciudadana decidiera actualizar este estudio solo tendría que agregar descripciones de situaciones a lo ya escrito. Por ejemplo, pudiera agregar que los criminales que empobrecieron a un millón de dominicanos cuando el Baninter y otros casos bancarios, siguen siendo tan ricos como antes. Que Ramón Báez solo cumplió cinco años en una celda de lujo, mejor que el hábitat de la mayoría de las familias dominicanas. Y que los Pellerano volvieron a reunirse en su peculiar sagrada familia tras una campaña de su periódico –Diario Libre- en que el desfalcador aparecía como un mártir incomprendido. O que Sánchez Roa es ahora uno de los legisladores más lamentablemente locuaz que tiene la república, donde, por cierto, comparte funciones con individuos de pésimo récord legal, como es el caso del diputado por La Vega Radhamés Ramos, un traficante de personas que aconsejó a las mujeres que quieran abortar que se lancen de nalgas por una escalera, y que en 2010 confesaba recibir mensualmente cerca de 400 mil pesos por salarios y otras prestaciones, además de varios millones al año por exoneraciones y donaciones a las ”ONG”.

Un sistema,  recuerdo el informe, de impunidad institucionalizada.

Quizás lo que ha cambiado es la relación cantidad/calidad de la corrupción. El PRD siempre fue corrupto, pero practicante de una corrupción extendida, amplia pero de poca monta. Destructiva y execrable, pero más afín al raterismo político que al gran negocio. El Plan Renove, por ejemplo, fue un asunto de raqueteros respecto a lo que vino después con el PLD.

Por supuesto que en la gestión del PLD han existido las mismas mañas de baja estofa que han caracterizado a los perredeístas corruptos. Un ejemplo de ello pudiera ser el muy tratado Radhamés Segura, llevado a las cámaras por la prensa, o el caso, aún más grosero, de Euclides Gutiérrez gastando tanto dinero oficial en almuerzos y cenas como el que muchos hospitales no tienen para asegurar cuidados básicos a sus pacientes. Y probablemente existan decenas más que practican el nepotismo, se apropian de partidas monetarias indebidas o cobran comisiones por traficar influencias.  Entre otros pecados.

Son, repito, ladrones depravados y condenables. Pero si los comparamos con la gran corrupción que hoy parece simbolizar Félix Bautista (“hijo putativo” y bolsillo derecho de Leonel Fernández) hay que llegar a la conclusión que no son otra cosa que carteristas de buses llenos. Probablemente una investigación a fondo de lo que ha sucedido en los últimos 10 años nos indicaría una peculiar mezcla de negocios privados, malversación de fondos públicos, manejos políticos incluso internacionales y narcotráfico.

Probablemente nada quede en pie, ni siquiera aquellos gestos altruistas del gobierno dominicano hacia Haití cuando el terremoto. Pues la corrupción de alto nivel que practican estos altos dirigentes peledeístas no admiten altos principios.


Haroldo Dilla Alfonso
Solo una idea
7 Días

miércoles, 4 de marzo de 2015

Complicidad con los oscuros sótanos del narcotráfico?


Los costosos delirios de Leonel Fernández
La megalomanía narcisista es una enfermedad profesional usual en los políticos exitosos. Los aplausos motivan y las alabanzas de los lambones confunden. Pero mientras los delirios se mantienen en un marco controlable, sin retar al rudo mundo real, es un mal pasable. Producen, eso sí, ridiculeces y desplantes, que hemos convenido en considerar gajes del oficio.

El asunto se complica cuando los afectados suben los tonos de los delirios y comienzan a actuar en función de ellos y en consonancia con la manera como ellos mismos se imaginan. Y un indicador irrebatible de esta eclosión delirante ocurre cuando las personas comienzan a parangonarse con los dioses y con las figuras de grandezas consagradas.

Fue el caso de Trujillo, un cuatrero tan astuto como poco ilustrado, que no vio mejor oportunidad de irse colocando al lado de Dios, primero detrás, luego delante, y luego por encima, solito. Y es el lamentable caso de Leonel Fernández.

Leonel Fernández arrastra consigo el trauma de una producción intelectual, para decirlo de alguna manera, poco atractiva. Su obra publicada –desde sus primeros estudios antimperialistas hasta los actuales panegíricos globalifílicos- es parca en ideas propias, si alguna. Por eso necesita urgentemente cabildear títulos de doctorados honoris causas (no tiene ningún doctorado real, salvo la licenciatura en derecho con esa denominación) y buscarse contactos académicos. Y también por eso  ha requerido FUNGLODE, un lugar donde regularmente reúne públicos cautivos y poco entendidos a los que aturde con discursos sobre la crisis del pensamiento y la advertencia admonitoria de que es necesario superar a Keynes, a Marx y a cuanto le ha antecedido.

Todo eso ha costado mucho dinero y sospecho que no solo a Quirino, sino al Estado, lo cual merece una investigación que no comienza. Como también han costado todos sus desvaríos megalomaníacos, sea  tratando de resolver el conflicto árabe-israelí, metiendo el hocico en el conflicto colombiano sin que nadie lo invitara y dando charlas insulsas en cuanto foro se le ofrece, en la Habana y en Viena.

Pero puede costar mucho más en el futuro, porque creo sinceramente que el expresidente Fernández no solamente padece de una arrogancia hiriente –aun lo recuerdo cuando llamaba premodernos a todos los que defendíamos la meta del 4% para la educación, y a sus críticos como seres sin capacidad para conceptualizar- sino que está pasando a una fase delirante muy peligrosa.

Hace tres años, se comparó a si mismo con Aníbal, el mítico general cartaginés que sembró el espanto de los romanos en la II Guerra Púnica. Y ahora nos sale escribiendo un relato en evidente respuesta a los alegatos de Quirino, y en el que ocurre una transfiguración simbiótica entre Leonel y nada más y nada menos que Buda.

Lo imagino sentado en su oficina, imaginándose a sí mismo como describía a Buda: “ …venerado, honrado y reverenciado. Por dondequiera que iba, era recibido con gran distinción, y se cuenta que grandes multitudes se agolpaban a su paso y sembraban su camino de flores”.  Y luego recreándose en su resurgimiento, tal y como hizo Buda, venciendo difamaciones y sicarios.

Y si se tratara simplemente de su salud mental, no creo que haya problemas. El problema está en que las sociedades pagan muy caro a los megalómanos delirantes y narcisistas. Más aún cuando sobre ellos pesan acusaciones –hasta el momento ni rebatidas, ni investigadas- sobre muchas cosas, incluyendo la complicidad con los oscuros sótanos del narcotráfico.

Haroldo Dilla Alfonso
Solo una idea
7 Días

lunes, 15 de diciembre de 2014

MIREX: pantano de corrupción y mediocridad


La putrefacción de la Cancillería
Las revelaciones del periódico digital Acento sobre las plantillas de empleados de la cancillería agregan nuevas luces sobre el indignante uso de los recursos públicos para enriquecimiento de la pandilla de gamberros que ha secuestrado el estado dominicano. Si esto lo contrastamos con la situación de un país en que los niños mueren en grupos en hospitales desvencijados, en que los maestros ganan miserias por ejercer el oficio más importante del mundo, en que el salario medio no pasa de los 500 dólares mensuales y en que la pobreza sofoca a más de la mitad de la población, entonces la situación que describen los documentos es francamente indignante.

Los documentos develados validan aquello de que las realidades sobrepasan las imaginaciones. Siempre ha sido conocido que nuestras legaciones en el exterior eran ergástulas de vividores donde muy pocos trabajaban y muchos ganaban salarios. Recuerdo una estancia que hice en Lisboa, coincidente con una revelación en la prensa sobre una embajada dominicana más poblada que sus homologas española y americana; y que me costó varias tandas de bromas, asombros y preguntas. Recuerdo a un académico  argentino radicado en la ciudad que me confesaba que siempre había creído que la corrupción argentina era el límite. Y recuerdo la frase exacta con que resumió su angustia: “ya veo que ustedes van mucho más allá”.

Ahora aparece un listado de personas nombradas en cargos diplomáticos que nunca han ocupado sus plazas –aunque han seguido cobrando- o que, aún cuando se hayan negado a ocuparlas (el digno y excepcional caso de  la nieta de Juan Bosch en Chile) hay fuertes indicios de que alguien estuvo cobrando en su lugar. Estas personas ganaban sueldos astronómicos para la realidad nacional y algunos para cualquier realidad. El caso más anonadante es el del impopular embajador en España –ahora en Panamá- cuyas habilidades más conocidas son las del chanchullo político y que ganó por años la friolera de 40 mil dólares mensuales (solo como salario), sin siquiera haber tomado seriamente posesión de su oficina en Madrid.  ¿Se hubiera salvado la vida de los niños del Robert Reid con una simple mesada de César Medina?

En total esto implica 5 mil millones de pesos al año para pagar botellas, clientes y parásitos que nada hacen. Pues no existe una legación dominicana en el exterior que pueda ser merecedora de  una calificación  aceptable por su gestión. Ofrecen servicios consulares mediocres, muy caros si atendemos a su calidad, y proyecciones políticas nulas o eventuales, tan nulas como lo ha sido históricamente nuestra política exterior. Y sobre muchas de ellas corren rumores de corrupción y ventas de visas: la de La Habana, por ejemplo, es conocida como la candonga, en alusión a los mercados angolanos que los cubanos conocieron en los años 80.

La situación en la sede de la cancillería no es menos lamentable. Los empleados de la vieja estancia Ramfis son en su mayoría redundantes. Algunos, con muchos años de servicios, gastan su tiempo en trabajos rutinarios sin sentido, y ello abarca desde funcionarios menores hasta una colección de viceministros y viceministras irresolutos que de tanto no trabajar han entregado sus intelectos a la molicie definitiva. Otros, solo acuden a la cancillería alguna que otra vez para otear el horizonte y saludar allegados. Pero todos cobran. Y aquí reside un reto principal del nuevo canciller, un profesional respetable que tendrá que remar muy fuerte para llegar a algún lugar en este pantano de corrupción  y mediocridad.

Por supuesto, que no todos los empleados de la cancillería –servicio interior y exterior- son parásitos. Existe una minoría que trabaja con honor en medio de muchas dificultades, la primera de las cuales es la propia endeblez institucional y la marcada mediocridad de sus jefes. Yo he conocido a muchos personalmente y guardo de ellos un grato recuerdo. Ellos y ellas son una reserva sana con la que, en algún momento, podremos contar para un servicio exterior de calidad y en función de una política exterior definida. Justo como dice el nuevo ministro que debe ser y justo como nunca ha sido.

Haroldo Dilla Alfonso
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martes, 4 de noviembre de 2014

El ataque al bolsillo derecho de Leonel Fernández

                            Félix Bautista, senador por San Juan de la Maguana.

El caso Félix Bautista y la corrupción que nos azota
No se si República Dominicana es más o menos corrupta que otros países de la región. Es difícil saberlo. Creo que es tremendamente corrupta y que pocas sociedades como la nuestra se han acostumbrado a convivir felizmente con este drama.

No es que seamos felices porque la corrupción existe, sino que podemos serlo a pesar de ella, es decir, a pesar de que pagamos con nuestros impuestos y nuestro trabajo a toda una gavilla de ladrones desenfrenados que pasan de ser empleados de colmados provincianos a grandes empresarios. Un mal endémico que el PLD en el gobierno –nueva y vieja guardia- ha llevado a su extremo.

Es el caso que discutimos ahora: Félix Bautista. Yo no tengo argumentos para decir cómo ha robado este señor, entre otros motivos porque nunca ha habido una investigación seria sobre las obesas fortunas de un hombre que hasta hace menos de dos décadas era un pobretón de San Juan de la Maguana. Pero opino, como la inmensa mayoría de los dominicanos, que es imposible para un funcionario público hacer tanto dinero si no lo hace robando. Y que nadie puede robar de esa manera si no es con la venia del presidente de turno, en este caso Leonel Fernández (otro millonario fabricado desde el Estado)  de quien se dice que Bautista es el bolsillo derecho. Pues realmente Félix Bautista rebasó el plano del ratero cotidiano.

Estoy seguro que Bautista resulta una figura repugnante para la mayoría de los dominicanos, como también lo resulta Leonel Fernández, según todas las encuestas que se hacen. Pero muy pocos de mis compatriotas estarían dispuestos a movilizarse para terminar con este flagelo en el sector público. En unos casos, porque hemos asumido que robar es parte del quehacer funcionarial, y que a los funcionarios se les mide por lo que hacen de ahí en adelante. En otros casos, porque imaginan que nada va a pasar en un estado en que efectivamente no delinquir es una excepción. Y es por eso que todos los políticos consideran que este es un tema para la agitación, pero no para la acción.

Ahora el procurador general ha puesto sobre la mesa el tema con el caso de Félix Bautista. No me detengo a especular sobre sus motivaciones. Imagino que cuando se lanzó al cuello del bolsillo derecho de Leonel Fernández, debió tener la venia del presidente Medina. Pero no sé hasta dónde quiere llegar. Y es posible que no llegue muy lejos, atacado por los poderes fácticos (la coalición de abogados de crónicas rojas es impresionante) y entrampado en las maniobras de un poder judicial que Fernández modeló como Dios al Hombre: a su imagen y semejanza.

Pero si no llegara, y Domínguez Brito terminara doblegado al sistema que lo aúpa, al menos se habrá conseguido otra decepción. Y de decepción en decepción, terminaríamos convenciéndonos de que requerimos un cambio que no se consigue repartiendo moneditas en giras dominicales. Y ojalá que no lleguemos a ese extremo que decía Perón que sucede cuando las masas pierden toda esperanza: dejan de marchar con sus dirigentes en la cabeza para comenzar a hacerlo con la cabeza de sus dirigentes.

Haroldo Dilla Alfonso
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martes, 26 de agosto de 2014

Una clase política cínica


La retinitis política peledeísta
La retinitis es una enfermedad que provoca un estrechamiento concénmtrico del campo visual. Saca una parte del mundo inmediato de nuestras percepciones visuales y centra nuestra atención solo en un un ángulo estrecho.

Pero a lo que me refiero en este artículo no es a la enfermedad visual, sino a la retinitis ética que padecen nuestros políticos cuando sacan de sus miras todo un campo  que les concierne y centran su atención en lo que se mueve en su reducido campo visual. Y que en particular parece ser una enfermedad política muy acusada en los políticos peledeístas.

Un caso, que toca los lindes de lo macabro, han sido las declaraciones de Leonel Fernández en algunas de sus deslucidas andanzas como pensador, en las que reclamó la necesidad de un nuevo modelo de desarrollo incluyente para República Dominicana. Es decir, que este señor ha estado 12 años en el poder, ocho de ellos consecutivos.  Durante ellos concentró las riquezas a un ritmo impresionante, él mismo y sus acólitos se hicieron millonarios, con migajas sueltas y algunos cargos públicos compró las almas transables de intelectuales y políticos, dictó una constitución reaccionaria y derechista, empobreció todos los servicios sociales y convirtió al Estado en una parcela para sus correligionarios  y amigos corruptos. Y ahora, tras dos años fuera de la silla de alfileres, se da cuenta de que hace falta un nuevo modelo y nuestra prensa cipaya –es decir, casi toda la prensa dominicana- recoge el asunto como si fuera una revelación divina.

En realidad lo que dijo el expresidente Fernández todo el mundo lo sabe, y en particular la mitad de la población dominicana que sucumbe a la pobreza y falta de expectativas. Leonel Fernández, no importa cuántos doctorados honoris causas se haya comprado con nuestro dinero, no es un revelador de ideas nuevas, sino un diletante repetidor de “frases cohetes”, un encantador de serpientes sosas. Y esto es relevante, porque es absolutamente probable que una figura de este talante vuelva a repetir como presidente, para continuar la orgía de corrupción, derechismo e insensibilidad social que ha caracterizado su gestión y que coloca a nuestro país en la peor parte del mundo.

Y luego, el presidente Danilo Medina hablando de la inexistencia de corrupción en su gobierno. Es decir, que en el gobierno de Medina se han mantenido las plantillas repletas de botellas, clientelismo y nepotismo, típicas de un estado ineficiente y cuyos costos pagamos con nuestros impuestos. El caso del INDRHI, dirigido por su leal camarada Olgo Fernández, y de la Cancillería y el servicio exterior, una turba de ineptos supernumerarios que cobran salarios por no hacer nada, son ejemplos entro otros muchos casos.  Pero el presidente, afectado de retinitis  política y moral, no ve nada, y se declara impoluto.

La retinitis óptica es una enfermedad lamentable, que afortunadamente retrocede ante los avances de la ciencia. La retinitis política de Leonel Fernández y Danilo Medina sigue en pie, y amenazándonos. Para curarla se necesita voluntad política, decisión de cambio y la capacidad para no seguir cediendo al chantaje de una clase política que ha hecho del cinismo la condición de su propio discurso.

Haroldo Dilla Alfonso
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lunes, 28 de julio de 2014

La saga PLD debe ser interrumpida


Vincho Castillo nos decepcionó
Vincho Castillo y sus contertulios de la Fuerza Nacional Progresista han defraudado a casi todo el país con su decisión de no retirarse del gobierno tras la promulgación del reglamento de migración. Habían dicho que se iban y realmente hubiera sido  razonable que lo hicieran pues consideraron públicamente que el reglamento era inconstitucional, “jurídicamente insostenible” y el “principio (de) la destrucción de la identidad nacional”. Uno de los hijos de Vincho anunció que sus huestes “saldrán de los cargos a combatir el proyecto de reglamento (…) hasta que eso caiga”.

Pero a pesar de las acusaciones, decidieron quedarse, todos, en los muchos cargos que ocupan a pesar de lo magro de sus aportes electorales. Es decir, decidieron convivir con la “inconstitucionalidad”, la “ilegalidad” y la “destrucción de la identidad nacional” en aras de conservar cargos y salarios.

No es asombroso, aunque si indicativo. La FNP es uno de esos juegos siniestros a que está atada la política nacional. No hay acción de ese partido o de la familia propietaria que no esté ligada a algún acto inmoral, políticamente detestable y antinacional. Como criaturas de la noche, los miembros de la familia se arrastran por los lodos de la ignominia pública, unos días defendiendo corruptos, otros atacando personas decentes, siempre alineados con las peores causas que hipotecan el futuro de la sociedad dominicana.

En contraste, no hay una sola posición pública que hayan ocupado a la que pueda achacársele algún logro positivo. Desde su comisión de ética, el octogenario páter familias tiene como principales funciones la difamación y la impertinencia política. Desde la Cámara de Diputados, su hijo –sin lugar a dudas el menos fotogénico de los legisladores- blande consignas insensatas en cada oportunidad. Desde Migración, han sido artífices del peor fiasco político y ético de la República en mucho tiempo. Y desde otras posiciones –por ejemplo el Consejo Nacional de Fronteras- sencillamente no hacen nada: cobran y listo. Son un desastre malintencionado, que solo puede mostrar una virtud: sus capacidades para armar consensos amplios… en su contra.

Si a pesar de todo esto siguen siendo una fuerza política sobrerrepresentada, tal y como lo pactó Leonel Fernández, es porque ellos constituyen un sello de garantía para las fuerzas más retrógradas de la sociedad dominicana. Y para el gobierno una carta que muestra su apego a los poderes fácticos que dominan el país –cúpula empresarial, militares y jerarquía católica- y a la derecha nacional que baila en torno a ellos.

El presidente Medina tuvo otra oportunidad de sacarse de arriba ese lastre político y ético, pero no lo hizo, sencillamente porque es parte del juego. En eso no me hago ilusiones: aún reconociendo algunos momentos encomiables –el discurso y quehacer del ministro Montalvo es un ejemplo de ello- la saga PLD debe ser interrumpida.

Sencillamente porque el PLD es la parte más consistente de esa derecha de la que la FNP es su versión más depravada. Y lo que necesitamos como nación no va por ese camino.

Haroldo Dilla Alfonso
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miércoles, 18 de junio de 2014

Un gamberro de la política de barrio


Vinicio el diputado y el muro en la cabeza
Uno de los signos de continuidad entre Leonel Fernández y Danilo Medina es el apego a la Fuerza Nacional Progresista /FNP). Un apego que define el tono conservador y derechista de ambos y del partido que comandan.

La FNP no es una fuerza electoral consistente –no aporta más de un 0.73 % de votos- pero agrega recursos de todo tipo, incluyendo políticos. Pero es el tipo de partidos que no prospera si no es en épocas de crisis de los sistemas políticos, como sucedió con los fascistas en Europa en los 30s o actualmente con los xenófobos franceses de Le Pen. Por eso, y porque se trata de una familia propietaria que no pierde la oportunidad de enrolarse en cuanto acto político negativo ocurre en el territorio nacional, la FNP de los Castillos no debe crecer.

La inserción de la FNP en cualquier gobierno crea más problemas que ventajas, un ejemplo de lo cual es el atolladero que generaron con el asunto de las desnacionalizaciones. Pero tiene un valor en la política nacional, pues la FNP y la familia de Vincho Castillo no son en realidad un partido, sino un poder fáctico. Son la quintaesencia de lo peor de la política nacional. Son una garantía para la oligarquía local –incluidos el cardenal y la alta jerarquía católica- de que todo marcha bien. Y por eso Leonel Fernández se proclamó a sí y a su partido como vinchista en lo que creo ha sido uno de sus pocos actos de sinceridad política.

Danilo Medina no sólo conservó las posiciones de la FNP en el gobierno –en particular  la imprudente decisión de mantener la Dirección de Migración en sus manos- sino que la ha ampliado nombrando a Pelegrín Castillo como ministro de Minería en momentos en que el país se reconvierte como productor de minerales y se debe negociar el asunto de Loma de Miranda.

Y el resultado ha sido la sustitución de Pelegrín Castillo en la cámara por su hermano Vinicio. Un cambio terrible, pues ambos son igualmente chovinistas, derechistas y fascistoides, pero Pelegrín tiene un mínimo de cordura política, que el hermano no tiene.

Vinicio Castillo Semán tiene una actuación pública incompatible con la estatura moral y la sabiduría política que debe tener un legislador. Es un gamberro de la política de barrio, y lo demostró cuando arengaba a las turbas que pedían la muerte para los traidores –es decir, las personas decentes del país- en el Parque Independencia. O cuando en sus comparecencias públicas difama, agrede y condena a quienes piensan diferente. El Congreso nunca debió admitir en sus filas a un impresentable de esta naturaleza, y pudo haber optado por otros integrantes de la terna.

Y ya estamos pagando el precio.  El diputado “Vinicito” –revalidando la prosapia de paleros trujillistas, defensores de banqueros corruptos y armadores de fraudes públicos- se le ha ocurrido nada más y nada menos que construir un muro en la frontera.

Quien conoce nuestra frontera –e imagino que un militante nazionalista como el diputado debe conocerla- puede fácilmente imaginarse la futilidad de un muro. Quien conoce la política, -e imagino que quien vive de ella debe conocerla- sabe las inconveniencias de este tipo de aventuras, sobre todo tras ese inmenso descalabro moral que ha significado para nuestro país el proceso de desnacionalización. Y creo que si “Vinicito” se ha lanzado en esta aventura legislativa, es por dos razones.

La primera, porque levantar la idea del muro tiene un valor simbólico en momentos en que las fuerzas racistas y xenófobas han sido obligadas a replegarse en el penoso tema de las desnacionalizaciones. Más que una iniciativa legislativa, se trata de una arenga que el cardenal, el CONEP y toda la derecha política agradecen.

La segunda, porque finalmente Vinicito solo imagina el mundo desde un muro. Un muro que separa y discrimina. Su propia cabeza no es otra cosa que un muro.

Haroldo Dilla Alfonso
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lunes, 17 de febrero de 2014

Cancillería y servicio exterior dominicano: Corrupción, clientelismo político, nepotismo...


El desastre de la diplomacia dominicana
Lo sucedido con el embajador dominicano en el Vaticano es inaudito. Se trata de un embajador de un primer país que se queja al jefe de estado del país en que radica sobre un embajador de un tercer país en el suyo. Y que lo hace con el miserable argumento de que ese embajador es homosexual, y todo para apoyar a una de las figuras más impresentable de nuestra contemporaneidad: el cardenal López Rodríguez. Toda una trama para una telenovela venezolana que ha despertado la risa sarcástica de todos, yo incluido, a pesar de que de mis impuestos sale el salario de semejante patán. Y de que el embajador del que está chismeando –no cabe otro nombre-  representa al principal socio comercial de RD, y el lugar donde vive un millón de nuestros emigrados, del que, a su vez, viven varios millones de dominicanos.

Es decir, que no hay manera de explicar esto de ver a un embajador dominicano luciéndose como chismoso de aposento si no tenemos en cuenta la situación calamitosa en que se encuentra nuestro servicio exterior y todo el aparato de la cancillería, costoso e ineficiente. Y que nos expone como nación, con demasiada frecuencia, a ser el hazmerreir del hemisferio occidental.

La República Dominicana ha sido históricamente una nación sin política exterior. Pero mientras sobrevivíamos en un mundo compartimentado, nos bastaba con una embajada en Washington. Fue lo que hizo Balaguer, quien en su visión de intelectual provinciano siempre creyó que la política exterior era votar con EEUU en la ONU  y levantarles monumentos a nuestros colonizadores.  Leonel Fernandez entendió que hacía falta algo más, pero también confundió política exterior con su proyección internacional. Y en sus largos años de mandato se dedicó a recorrer el mundo en costosas caravanas, agenciarse premios internacionales y meter el hocico en conflictos donde nadie lo llamaba. Hizo una diplomacia pueblerina de burlesque.

Por eso entregó la cancillería a sus ineptos aliados del PRSC, a los que escoltó con algunos peledeístas no menos ineptos, y les dio la tarea de llevar las operaciones rutinarias. El servicio exterior fue abultado hasta el ridículo  de manera que somos famosos por tener las embajadas y consulados  más nutridos e ineficientes del mundo. Y al frente de ellos fueron designados una serie de personajes propios de novelas picarescas, como ha sido el caso, bien conocido y documentado, del actual embajador en España, caso en que se llegó incluso a intentar una sucesión dinástica que los españoles, monárquicos y todo, rechazaron por impropia.

Por supuesto, no quiero decir que todos los diplomáticos dominicanos son escorias profesionales. Conozco algunos que son personas dignas, calificadas, que se esfuerzan por hacer un trabajo a la altura de sus funciones, y que merecen todo respeto. Pero me temo que son una minoría que, como las golondrinas aisladas, no hacen primavera. Lo que caracteriza al servicio exterior y a la cancillería dominicana es la corrupción, el clientelismo, el nepotismo, la baja calificación, las plantillas hipertrofiadas, y, al final, la falta de una estrategia de política exterior.

Me temo que la bajísima calificación de la cancillería (sólo 4% de su personal está adscripto a la carrera diplomática) es una de las razones de algunos errores mayores del presidente Medina, como es la manera indecorosa como se ha enredado en el procaz asunto de los desnacionalizados. El último ejemplo de lo cual fue la bravata en La Habana, en la que dijo varias falsedades mayores en un tono más propio de un matón de patio de escuela que de un jefe de Estado. Y con eso sufre toda la nación. Si el presidente Medina hubiera contado con un servicio exterior medianamente capaz, hubiera sido advertido de los costos que tenía la aventura xenófoba que implica quitar la ciudadanía a miles de personas dominicanas de ascendencia haitiana. Y posiblemente hubiera atajado el asunto antes de la crisis que hoy vivimos.

No quiero decir que la cancillería no hace nada. Claro que algo hace y un ejemplo de ello es como ha optado por esconder a la opinión pública los efectos reales de la pésima decisión estatal. Es decir, ha optado por esconder el propio estropicio que han generado junto a otros socios estatales. Y un ejemplo de ello fue expuesto por este periódico: hicieron un informe a la opinión pública sobre los resultados del examen sobre derechos humanos en Ginebra en que ocultan lo fundamental que allí sucedió. Pues en realidad, lo que sucedió fue una avalancha de críticas, sugerencias, aprensiones, etc, acerca de la desnacionalización de personas al peor estilo fascista. Y lo que la cancillería mostró fue un rosario de comentarios suaves, y alguna que otra felicitación.

No se si esto de engañar a la opinión pública es punible o no, pero si estoy seguro que es inmoral. Como inmoral es mantener ese aparato clientelista cargado de petimetres y patanes y pagarlo con un dinero público que la sociedad necesita. El presidente Medina, durante su costosa campaña electoral, prometió una drástica corrección que aún no ha realizado. Pero tengo fe en que, incentivado por el dislate de Grimaldi, el presidente pasará por la cancillería uno de estos domingos de jiras, y limpiará este establo de Augías. Aunque para ello tenga que desviar al mismísimo río Amazonas con todos sus afluentes.

Haroldo Dilla Alfonso
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Caricatura: Emson

martes, 4 de febrero de 2014

Presidente Danilo Medina mintió


Las mentiras del presidente Medina
Cuando uno ve por televisión al presidente Danilo Medina repartiendo pedacitos de presupuesto en las comunidades pobres –tal y como hacía Balaguer en sus años interminables- uno se conmueve por lo kitsch, agradece a la vida habernos librado de la petulancia arrogante de su predecesor, y en pago olvida algunas cosas. Por ejemplo, uno olvida que Medina fue elegido sobre la base de un pacto que garantizaba la impunidad a la costra corrupta del anterior gobierno –y que sigue incrustada en el actual- a cambio de un gasto monumental en su campaña que aun pagamos, y por la que los dominicanos somos hoy más pobres que entonces. Y también olvida que el dinero que reparte es nuestro, y que es dinero que le quita al desarrollo del país, porque ese picoteo del presupuesto conduce a cualquier lugar menos al desarrollo.

Pero la imagen de tío bueno que ofrece el Presidente en sus paseos dominicales se desvanece cuando se encarga de recordarnos que él es parte de la misma banda derechista y xenófoba que domina al PLD. Y que se hace acompañar –como testimonios de verosimilitud- de tumores políticos como son la Fuerza Nacional Progresista (cuyo racista Comité de Solidaridad con Haití es financiado por el gobierno) y el anticristiano cardenal Lopez Rodríguez. Y lo hace mintiendo, ocultando la realidad sobre una de las tropelías políticas más vergonzosas que ha padecido esta sociedad: la expropiación de miles de jóvenes dominicanos de ascendencia haitiana de sus derechos ciudadanos. Tal y como hicieron los nazis con los judíos en tiempos que todos creímos idos para siempre.

El presidente Medina ha sido pródigo mintiendo en La Habana ante los micrófonos. Según un despacho de prensa, el presidente afirmó que el  gobierno dominicano “no viola los derechos humanos de nadie, y que el concepto de "apátrida" no se aplica a los afectados por la sentencia del Tribunal Constitucional sobre la nacionalidad, sino que se busca darles el estatus legal que no tienen”.

Es decir, que el presidente es capaz de afirmar que se les va a dar a estos jóvenes desnacionalizados algo de que carecen, cuando hasta el momento en que el estado que presidía Fernández, y ahora él preside, comenzó a despojarles sádicamente de derechos, todos poseían nacionalidad dominicana, con documentación en regla y todos los atributos inherentes. Y en la actualidad, despojados de derechos y documentos son excluidos condenados a la condición de apátridas. Si de jugar con las palabras se trata –triste oficio para un presidente- habría que decir que Medina tiene una pizca de razón, pues a estos jóvenes les van a dar algo (que no sabemos que es) pero después de que les robaron la ciudadanía.

Luego el presidente se refirió a los migrantes. Un tema que la derecha xenófoba a la que el presidente pertenece confunde aviesamente con la de los jóvenes desnacionalizados, aunque son dos cosas absolutamente diferentes. Y se refirió a ello para continuar mintiendo. Cito al despacho de prensa circulado y no desmentido: “…República Dominicana es el país más solidario con Haití, y que en territorio dominicano hay casi un millón de nacionales haitianos sin ningún tipo de documento, disfrutando de servicios de educación y salud sin pagar por ellos, lo que cuesta al Estado más de 5.000 millones de pesos”.

Es decir, que somos solidarios con Haití porque tenemos en nuestro país a medio millón de trabajadores haitianos (no a un millón como afirma Medina) que sostienen pilares básicos de la economía nacional. Y que debido a la decrepitud de nuestro sistema inmigratorio no tributan al seguro social (que, de paso, es un desastre) y sus beneficios se privatizan y fluyen hacia los bolsillos de los grandes empresarios del país, muchos de los cuales son apoyos visibles del PLD y sus gobiernos corruptos. Medio millón de trabajadores que no están desprovistos de documentos –una alta proporción de ellos los tienen- solo que nuestra ideologizada Dirección General de Migración no ha tenido la capacidad, a pesar de todas sus algarabías, para proceder a la carnetización de esas personas.

Hay gestos solidarios dominicanos con Haití que hay que enaltecer. Pero decir que nuestra relación con Haití es esencialmente solidaria es otra mentira ciclópea. Les vendemos a los haitianos más de mil millones de dólares de bienes, y algo similar de servicios, y solo les compramos par de centenares. Y empleamos su mejor fuerza de trabajo, de cuya plusvalía nos beneficiamos. Se trata de una relación abrumadoramente redituable para nosotros. Sin esa relación a República Dominicana, a pesar de los bramidos de mal gusto de los xenófobos del patio, le iría mucho peor.

No es cierto que RD es el país más solidario con Haití que existe en el mundo. Confieso que hubo un momento en que lo parecimos, cuando ocurrió el terremoto y el gobierno encabezó la ayuda solidaria. Pero solo lo parecimos por un tiempo, pues de inmediato la corporación peledeista, encabezada por Leonel Fernandez, convirtió aquel acto altruista en otra orgía mercurial sobre la que penden muchas denuncias y muy pocas aclaraciones.

En otro lugar citan a Medina diciendo que nadie puede socavar la soberanía de República Dominicana. Bueno, en realidad casi nadie, porque cuando del Fondo Monetario Internacional o del Banco Mundial se trata…

Haroldo Dilla Alfonso
dilla@claro.net.do
@haroldodilla
www.7dias.com.do
http://www.7dias.com.do/opiniones/2014/02/03/i156936_las-mentiras-del-presidente-medina.html#.UvEfez2SxZA

sábado, 19 de octubre de 2013

Se requiere un cambio de cuenta


La retinosis patriótica de Pared Pérez
El presidente del Senado, Reinaldo Pared Pérez, es un hombre que frecuenta los ditirambos insultantes. Estoy tentado a decir que impropios de una persona de tal investidura, si no fuera porque nada indica que para dirigir el Senado haya que ser una persona elegante o con buenos modales. Se les piden otras condiciones, pero no hacer galas de una educación formal aceptable.

Aunque, repito, lo hace con frecuencia, hay un tema que siempre le saca lo peor de sus exabruptos: la situación de los migrantes haitianos. Y en particular cuando se habla de alguna acción internacional que trata de inducir un mejor trato a estas personas y la colocación de la República Dominicana al mismo nivel de los tratados internacionales que ha suscrito. O al nivel del trato que reciben los dominicanos emigrados en aquellos lugares a donde han ido, con o sin documentos, a sobrevivir y a aportar su trabajo a las sociedades receptoras.

Y ahora, posiblemente conociendo de antemano la nefasta resolución del Tribunal Constitucional, el Sr. Pared Pérez ha vuelto a cargar contra los representantes del sistema de Naciones Unidas en el país, cuando solicitaron cortésmente al presidente de la República que prestara atención al estropicio jurídico y político que se ha creado en torno a la expropiación de derechos contra jóvenes dominicanos de origen haitiano. Un verdadero crimen humanitario, y aun peor, una tremenda estupidez política.  Ante lo cual al presidente del Senado solo se le ocurrió vociferar desde Twitter “No a la presión internacional de querer imponernos criterios sobre quién es nacional o no… la soberanía es nuestra, y de más nadie”.

Obviamente, hay una pizca positiva en lo que plantea el presidente del Senado desde este nuevo desplante xenófobo. Defender el espacio nacional de injerencias externas puede ser, efectivamente, un acto patriótico. Y ello es bueno cuando la patria somos todos. Pero me temo que el presidente del Senado se regodea en esa percepción oligárquica de la patria –él mismo es un asistente de esa oligarquía- con que  nos han estado anestesiando por siglos. De manera que aunque la patria, se dice, es de todos, son pocos los que deciden por ella, y pocos también los que la disfrutan. La mayoría de nosotros –el bulto de pobres y de casi pobres- solo podemos mirar por la verja el festín a que esos patriotas invitan. Y es esa justamente la visión de la patria-de-todos que Pared Pérez nos quiere endilgar.

Y me temo que en el tema de la situación de los miles de dominicanos de origen haitiano expropiados de sus derechos y privados de todo tipo de movilidad en lo que realmente es su patria –no importa lo que diga el Tribunal Constitucional- todos y todas tenemos derecho a decidir. Pues la soberanía no es propiedad del puñado de funcionarios xenófobos que están haciendo todo lo posible por llevar la situación de estas personas a la mayor ignominia, y al mismo tiempo estimulando la ocurrencia de demostraciones públicas chovinistas que pudieran generar situaciones violentas y criminales. Un juego político improductivo y peligroso dirigido a estimular los fantasmas autoritarios y represivos que siempre aletean sobre la media isla.

Pero el presidente del Senado no solo confunde la propiedad de la soberanía, sino también padece de retinosis nacionalista, y habla de ejercerla sin piedad en unos casos, y a excusarse en otros.

Y si alguien tiene dudas, solo hay que ver que sucedió hace muy poco cuando se trataba de aprobar “al vapor” el presupuesto del 2012, previamente pactado con el Fondo Monetario Internacional. Cuando algunos legisladores pidieron tiempo para analizar mejor la pieza, “Pared Pérez –cito a la prensa no desmentida- dijo que poco o nada podía hacer el organismo legislativo, ya que ese Presupuesto está bajo el control del acuerdo firmado con el FMI”.

Es decir que en ese caso los aprestos nacionalistas del secretario del PLD se rindieron ante una “presión internacional” que finalmente nos impuso “criterios” sobre cuánto dinero de todos y todas se debe gastar, y cómo hacerlo. Un caso de retinosis política que no puede remitirse a que tengamos un acuerdo de austeridad económica con el FMI, pues también tenemos varios con la comunidad internacional sobre derechos humanos que algunos funcionarios pisotean día a día.

Y este es solo un ejemplo entre varios  -¿recuerdan la manera como el Senado trató el acuerdo con la Barrick en 2009?- que nos hacen creer que efectivamente el presidente del Senado (y junto con el una buena parte de nuestros políticos rentistas) padece de retinosis política cuando de temas patrióticos se trata.

Sólo que para esto no se requiere un oftalmólogo, sino un cambio que de cuenta de una situación política de autoritarismo, xenofobia, corrupción, inequidad, depauperación social y cinismo político que condena al país a una larga noche medieval. Y nos sustrae de todos los vientos de renovación que vive nuestro continente para asomarse con nuevas propuestas al siglo XXI.

Haroldo Dilla Alonso